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Reabre Alvabusto, que más tarde fue Logos

El futuro de un inmueble que acogió dos negocios históricos

Parece que el matrimonio de dos excelentes profesionales de la hostelería, acreditados en otras latitudes, va a reabrir el espacio que fue Alvabusto y luego Logos. Lugar puesto, en su día, patas arriba por el gran Chus Quirós, grafía mural de Elías/Santamarina. Me alegra, aunque muy probablemente, dadas mis limitaciones físicas, no vaya a usarlo. Como ovetense viejo me correspondió, en cualquier caso, utilizar sus inmediatas ilustradas raíces.

Vivimos invadidos por la cultura del marquismo que exige royalties de lejanos mundos; pronto no habrá quien nada sepa qué fue aquí Almacenes Generales, Botas, La Perla, Pedro Álvarez Banco Oviedo, Al Pelayo, Summa, El Español, Rivoli, Los fugaces Lago de la Catedral y Pick-up de Vivancos; Rebotica Braga, Farmacia Gendín, Del Río, Montes, Marchica, Carral; Casa Lito, Tuto, Manolo, El Cabo, La Paloma, Cesáreo, la Sección X, Blanco y Negro, Paredes, Tassili, el parapeto del Cuito, El Escopetu y hasta Café Peñalba, Rebotica Braga o El Cañu, que penetraron la literatura.

Ignoro si los promotores optan por uno de los dos nombres de nuestra superpuesta nostalgia o por un tercero, El Paraguas, con el que migraron, que tiene también en nuestra Vetusta arraigo ilimitado, no en vano uno de los mejores poetas se decidió por el topónimo Lloviedo y Paraguas es denominación recogida por bar de copas junto a la plaza vetustense caracterizada por el artilugio debido a memorable ingeniero municipal Sánchez del Río para refugiar el mercado de desaparecidas lecheras.

Si escogieran Logos lo harían por una denominación universitaria que los hermanos propietarios de la antigua La Paloma requirieron a los profesores que tertulieaban en Alvabusto (Alarcos, del que habrá partido la feliz idea, Galmés, Aparici, el Sanedrín…). En la barra también paraba vespertinamente Segoma, que despachaba su columna, Paella, para «Región». Tengo para mí que el primer comensal de Logos debió ser Paco Ayala, traído por Alarcos y/o Juan Cueto y que casi perpendicular se colocaría J. L., a la que el sarcasmo local bautizó como J(odió a) L(ogos).

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