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Opinión | Al final de la semana

Un "martillo" para lucir historia

A Oviedo le chirría su casco histórico porque nada más entrar, a unos pasos de la Catedral, aparece un solar olvidado, un boquete que de tantos años ahí ya pasa inadvertido. A un salto del Bellas Artes, del Arqueológico y de la Corrada del Obispo, en uno de los cuatro cantones según la fisonomía de la ciudad medieval perdida, a la capital se le ven las vergüenzas. Se da ahí una anomalía que define muy bien lo que a veces le pasa a Oviedo, que es incapaz de resolver sus propios problemas, los encapsula, los esconde bajo la alfombra y comienza entonces la cuenta de años perdidos.

No daría este espacio para enumerar todo lo que se ha pensado, tantas ideas y proyectos en un suelo tan sensible como simbólico, propiedad, por cierto, de la Iglesia. Ahora que la relación entre el clero y la municipalidad es fluida, como todos admiten, y que el Arzobispado ya tiene un proyecto, resta aclarar qué hacer con los restos arqueológicos que todos asumían que habrían de aparecer.

Levante usted una baldosa en el Antiguo, que algo saldrá. El arquitecto Daniel Cortizo sacará lápiz y goma para retocar ese edificio que prepara e integrar los vestigios de lo que un día fuimos. Ahora, después de tres décadas, unos meses arriba o abajo carecen de relevancia. Lo real, lo importante, es que aquello deje de ser un solar maldito y el nuevo edificio crezca como un tótem en la encrucijada de las calles Canóniga, Santa Ana, San Antonio y Mon.

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