Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Por la calle de La Lila

La buena obra del domingo de dos chavales de Oviedo

Era domingo y José María y yo bajábamos en dirección a la calle General Elorza. Hacia la mitad de La Lila, un hombre se arrimaba de mala manera a la pared: nos alarmó y hasta pensamos que estaba ebrio. No obstante, nos acercamos a él y, viéndonos, masculló algo que apenas entendimos. Al momento observamos que no estaba borracho y logramos entenderle que tenía hambre y que no tenía dinero para comer. Entre mi amigo y yo lo sujetamos y, de mala manera, lo llevamos hasta un bar que estaba cerca.

En ese corto trayecto pensamos en pagarle al menos un bocadillo, porque tanto José María como yo, con 18 y 19 años, no éramos gente adinerada: el primero, estudiante en Gijón preparando el ingreso en la Escuela de Peritos Industriales, y yo, eventual empleado matinal en una agencia de viajes.

Y así alcanzamos el bar y logramos sentarlo en la primera mesa cercana a la puerta que estaba vacía. Después nos dirigimos a la barra y coincidió que nos topamos con el dueño del bar. Mejor o peor, le explicamos el problema y lo pretendíamos solucionar de momento. No solo nos entendió, sino que sirvió un buen bocadillo al hambriento, un vaso de leche y no permitió que le pagásemos la consumición. Más aún, nos dijo que podíamos marchar tranquilos, porque más tarde le daría algo más de comer y le ofrecería algo de trabajo si él quería. Antes de irnos, hablamos con el señor, ya un poco repuesto, que nos contó que era de una cuenca minera, que se había quedado sin trabajo y que había ido a Oviedo a ver si allí lo encontraba. Por eso llevaba dos días vagando, sin comer y durmiendo en la calle.

Le dimos, creo recordar, 10 pesetas, única cantidad que podíamos aportar, y le dejamos diciéndole que le dejábamos en buenas manos con el dueño del bar.

Y nos fuimos para casa: era nuestra hora de almorzar, José María para la calle Llano Ponte y yo para la calle Asturias: creo que, para ser domingo y tener nuestros años, habíamos hecho nuestra buena obra, que hoy recuerdo unos 60 años después, mi amigo viviendo en Granada y un servidor en un pueblo de la Comunidad de Madrid.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents