Opinión
La OSPA, "in crescendo"
La sinfónica asturiana y el violinista Javier Comesaña rubrican un excelente concierto
"Pájaro de fuego"
Intérpretes: Javier Comesaña (violín) y OSPA / Director: Otto Tausk
Programa: obras de D. Shostakóvich, M. Ravel e Í. Stravinski.
Auditorio Príncipe Felipe
Viernes, 20:00 horas
La OSPA ofreció el pasado viernes una nueva entrega de su temporada de abono que parece haber recobrado el interés del público, como demuestra la asistencia en los últimos conciertos. La estabilidad que se ha instaurado en la Sinfónica asturiana ha contribuido a espolear el nivel musical de los recitales y, todo ello, deja unas citas repletas de interés.
Abría la velada el "concierto para violín número 1 en La menor" de Dmitri Shostakóvich, una obra mucho más seria y formal -por la represión del gobierno soviético- del estilo irónico e incluso divertido que caracteriza buena parte de la producción del compositor ruso y alejada -durante muchos compases- de la espectacularidad habitual que rodea a este género musical, con unas melodías profundamente melancólicas y sosegadas donde Comesaña dejó una buena emisión y un sonido especialmente atractivo gracias a su violín, datado en las primeras décadas del siglo XVIII. Los graves de la orquesta ahondaron durante el "Nocturne" inicial en el tono reservado e introspectivo que impera en este movimiento, con un final, en pianísimo, simplemente exquisito. El "scherzo" exigió todo el virtuosismo posible de Comeseña, con unos pasajes de gran velocidad y extremada exigencia técnica donde el violinista sevillano explotó la carnosidad de su violín y la brillantez del registro agudo, secundado por una orquesta rotunda y equilibrada.
La "Passacaglia" osciló entre la solemnidad que propiciaron los vientos y el lirismo del solista. El dominio técnico de Comesaña generó momentos de gran complicidad con los músicos de la OSPA y favoreció una precisa concertación, acaparando todas las miradas en una cadenza impecable donde iría ganando, poco a poco, en volumen y velocidad, explorando las múltiples posibilidades idiomáticas del violín -como también sucedería en el último movimiento de la "sonata para violín solo número 2" de Ysaÿe que interpretó a modo de propina- en unas páginas de extraordinaria complejidad. Misma tónica seguiría la "Burlesca" final, con todos los músicos concentrados y bien ensamblados ante las indicaciones de Otto Tausk, experimentado director holandés que supo cuidar el volumen en una plantilla amplia y de sonido compacto.
La "Pavana para una infanta difunta" es un ejemplo de la maestría compositiva de Maurice Ravel y de su dominio de la tímbrica orquestal. La OSPA ejecutó algunas dinámicas que aportaron relieve a la interpretación y se recrearon en el lirismo exacerbado de la pieza -fundamentalmente de mano de las maderas y el arpa- bien mecidos por una cuerda tersa y homogénea. Lástima las entradas de las trompas, desajustadas y con un volumen superior al que requería la obra, enturbiando el buen hacer de la formación sinfónica.
La cita, la séptima de abono en lo que va de temporada, finalizaba mediante la "suite" de "El pájaro de fuego" de Ígor Stravinsky en su revisión de 1945, una adaptación del ballet inicial que conserva buena parte del poder expresivo del original, con momentos de gran expresividad. Las maderas -flauta, oboe y fagot- aportaron una dulzura muy especial perfilando con mimo cada una de las melodías ante una cuerda que constituyó uno de los grandes éxitos de la noche. Las trompas sí estuvieron acertadas en esta ocasión y Tausk, con una dirección sobria pero efectiva, logró mover a la orquesta -muy flexible y maleable a sus indicaciones- con mucha habilidad, dejando instantes de cierto efectismo, como en la "danza infernal del rey Kachéi", con una percusión tan potente como precisa. No obstante, la agrupación sinfónica también fue capaz de afrontar, con la misma determinación y una notable delicadeza, los pasajes más íntimos y sutiles de esta pieza, como en el número posterior, "Berceuse", extrayendo una tímbrica muy adecuada de cada una de las secciones. En definitiva, una temporada que continúa con paso firme y una OSPA que va "in crescendo".
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