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Opinión | Crítica / Música

La magia de Trpčeski

El pianista macedonio aúna técnica, expresividad y sintonía con el público en un recital sobresaliente

Jornadas de Piano "Luis G. Iberni"

Intérpretes: Simon Trpčeski (piano).

Programa: obras de Beethoven, Grieg, Ravel y Chaikovski.

Auditorio Príncipe Felipe, domingo, 8 de febrero; 19:00 horas.

A lo largo de los más de treinta años que las Jornadas de Piano "Luis G. Iberni" llevan a sus espaldas, han visto desfilar, por el Campoamor y el Auditorio, figuras de primer orden que han contribuido a erigir el ciclo ovetense como una referencia ineludible en el norte de España. Sin embargo, hay pocos artistas que, a su notable y pulida técnica, sumen un carisma y una complicidad con el público extraordinarias, convirtiendo cada interpretación en una experiencia inigualable. Se puede decir de Grigory Sokolov, por ejemplo, cuyas participaciones en la capital del Principado siempre están rodeadas de expectación y cariño. Sin duda, desde el domingo podemos añadir al macedonio Simon Trpčeski a esa selecta nómina de personalidades cuya comunión con los melómanos ovetenses trasciende el apartado puramente musical.

Su entrada, dirigiendo tímidos aplausos al propio público y oteando –con una mezcla de curiosidad y reconocimiento– el Auditorio, auguraba una velada, cuanto menos interesante y poco ortodoxa, presagio confirmado mediante la interpretación de las "Doce variaciones sobre la danza rusa del ballet Das Waldmädchen" de Ludwig van Beethoven, una obra escrita en lenguaje clásico donde Trpčeski exhibió una pulsación nítida y unas manos perfectamente equilibradas extrayendo un gran lirismo de la docena de piezas.

Los gestos y ademanes que el artista realizaba esporádicamente, siguiendo el discurso musical y recreándose en la sonoridad del piano, despertaron el interés del público, un hecho confirmado cuando, en la interpretación de la "Suite Holberg" (de Edvuard Grieg) Trpčeski dirigió la mirada hacia el patio de butacas donde un par de toses dificultaban la audición, manteniendo en vilo a los asistentes con la sombra de la interrupción de la pieza planeando sobre el Auditorio. Sin embargo, el macedonio siguió concentrado en engarzar los fraseos y las melodías de las cinco danzas barrocas que conforman esta obra con exquisito mimo, dejando una "Sarabande" excelente y una "Gavotte" ágil y bien contrastada.

Los "Valses nobles et sentimentales" (Maurice Ravel) dejaron instantes sutiles, bien abordados por Trpčeski, con un minucioso tratamiento del sonido y la capacidad necesaria para solventar las enriquecidas armonías de la obra del compositor francés que parecen evocar la ironía e irreverencia del París de la Belle Époque. El pianista extrajo un brillo muy particular de las melodías y se mostró muy preciso en los ataques y limpio en las retiradas del sonido, con un acertado uso del pedal.

Para culminar el programa, la "suite" de "El cascanueces", uno de los ballets más icónicos de la historia en una adaptación del propio Piotr Ilich Chaikovski que, sin la lucidez inherente a la original partitura orquestal, encierra una notable expresividad. El reto que supone enfrentarse a una obra tan emblemática fue recogido por Trpčeski con valentía, compaginando momentos de un lirismo subyugante con otros pasajes donde el virtuosismo cobraba mayor protagonismo, densificando las texturas e incrementando considerablemente la velocidad. El artista macedonio no rehuyó el envite y, haciendo gala de una musicalidad extraordinaria, dejó compases de gran efectismo, como en la "Danza rusa" o en el atractivo "Vals de las flores".

Ahora bien, restaba el lado más humano y personal del artista, que después de agradecer al público su asistencia, se extendió en hasta cuatro propinas – "Valsa da Dor" (Villa Lobos), el tercer movimiento de la "sonata para piano número 7" (Prokófiev), "Hommage à Édith Piaf" (Poulenc) y una pieza tradicional macedonia–, dedicando el "Valsa da Dor" ("Vals del dolor") a las víctimas de los accidentes ferroviarios y a sus familias, en un gesto que tocó la fibra de los asistentes y selló definitivamente una participación sobresaliente del pianista balcánico.

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