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De casa de comedias a biblioteca pública

Un emblemático edificio de la plaza de Daoíz y Velarde

En la preparación de este artículo dispuse de «La Casa de Comedias de Oviedo» de Celsa Carmen García-Valdés, y de «Ramón Pérez de Ayala, testigo de su tiempo» de Florencio Friera Suárez. Disfruté leyendo «Tigre Juan» de Ramón Pérez de Ayala.

En las celebraciones de Oviedo eran muy aclamadas las comedias al aire libre. A mediados del siglo XVII ya se planteaba construir "un lugar de comedias".

En 1665 se autoriza la construcción de la primera casa de comedias y, por orden del Consejo de su Majestad, se incorpora en el mismo solar un hospital para niños expósitos, que nunca llegó a cubrir sus objetivos.

Aspecto actual del edificio de la Biblioteca Ramón  Pérez de Ayala, en la plaza de Daoíz y Velarde. |

Un retrato de Ramón Pérez de Ayala de Ignacio Zuloaga. / .

Se inició con la traza del cántabro Ignacio Cajigal. El Patio de Comedias se inauguró con 14 representaciones para las fiestas de la patrona de la ciudad, Santa Eulalia de Mérida de 1671.

A lo largo de su existencia, sufrió varias reformas hasta que en 1887 se clausura para todo tipo de espectáculos.

En "La Regenta" se hace una alusión al estado decrépito del mismo: "Era un antiguo corral de comedias que amenazaba ruina y daba entrada gratis a todos los vientos de la rosa náutica". "Era un axioma vetustense que al teatro había que ir abrigado".

Fue derruido en 1900 y, tras diversos usos, se remodeló a su estado actual en 1986, donde tan solo se conserva la fachada principal de piedra labrada.

De casa de comedias a biblioteca pública

Aspecto actual del edificio de la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala, en la plaza de Daoíz y Velarde. / .

Nuestro edificio es hoy la biblioteca pública Ramón Pérez de Ayala en honor al escritor nacido en las inmediaciones en 1880. Su padre había establecido un comercio de telas en la calle Magdalena, junto a su hermano Ramón, quien posteriormente fue alcalde de la ciudad y tiene calle dedicada con el mismo nombre del escritor.

Se formó en colegios de la Compañía de Jesús y se licenció en Derecho en la Universidad de Oviedo. En 1902 se traslada a Madrid, donde se sumerge en los ambientes del Ateneo y comienza a escribir. Con 24 años viaja por primera vez a Londres, algo que repetirá y tendrá mucha trascendencia en su fascinante vida.

Del brazo de su amigo Sebastián Miranda, otro ovetense extraordinario, se presenta en 1910 ante el nuevo ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Julio Burell, a quien Miranda dice: "Hay que darle algo a Ramón", resultando nombrado "Auxiliar administrativo del Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos" de carácter interino. Al año siguiente se le concede una pensión para estudiar los Maestros de Estética e Historia del Arte en Italia y Alemania.

Poeta, ensayista y novelista, convierte su arte en un medio de vida publicando en distintos periódicos como en La Prensa de Buenos Aires, para el que fue corresponsal en Londres, París y el frente de Italia durante la Gran Guerra.

Con su obra Tigre Juan (1926) refleja el Oviedo de principios de siglo, donde la denomina Pilares. Se le concedió el Premio Nacional de Literatura en 1927 y en 1928 fue nombrado académico de la Lengua. Nominado en cuatro ocasiones para la concesión del Nobel de Literatura, de haberse consumado, hubiera sido trascendental para él y la ciudad.

Fundó con José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón en febrero de 1931 la Agrupación al Servicio de la República..

Embajador en Londres entre 1931 y 1936, en junio de este año se incorpora a la dirección del Museo del Prado y, nada más iniciarse la Guerra Civil, estuvo a punto de ser fusilado debido a su presencia en una lista de "facciosos" en esos momentos de locura colectiva, donde sí lo fueron dos ilustres asturianos, Melquiades Álvarez y el rector de la Universidad Leopoldo Alas, por bandos diferentes.

El 4 de septiembre de 1936 logra salir con su mujer en un departamento de tren reservado a personal de la embajada británica. En el puerto de Alicante le esperaba el destructor H.M.S. Douglas, donde fue recibido con honores propios de embajador, que había sido, con rumbo a Marsella.

El periodo de Guerra Civil lo vive en el sur de Francia con estancias en París y viajes frecuentes a Londres y reanuda sus colaboraciones con el diario bonaerense La Prensa.

Se traslada a Argentina en 1940; allí pasará toda la década en un país que rezumaba progreso económico y cultural y donde se reeditan sus libros. Regresó a España en 1954, donde colabora con el ABC y finalmente fallece en 1962.

En sus últimos días en Madrid, es visitado por sus amigos que disfrutan de oírle hablar como si leyera, sabedores de estar ante un hombre dotado de una gran inteligencia, de un espíritu superior, testigo de cuanto de importante se ha producido en su tiempo.

Hoy en día, la biblioteca con su nombre es un centro cultural de primer orden, donde ciudadanos de todas las edades leen, estudian y son atendidos por un personal encantador y atento a las peticiones del lector. Su salón de actos es centro de conferencias y actuaciones de cuentacuentos que hacen felices a los más pequeños. Contiene entre sus joyas el fondo bibliográfico y documental de Ramón Pérez de Ayala.

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