Opinión
Ramón sobrino
Un Barberillo sin complejos
El título de Barbieri trajo voces jóvenes y brillantes, con Artaza como gran triunfadora, y el protagonismo del maestro Óliver Díaz al frente de la OFIL
Brillante inauguración del XXXIII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, con "El barberillo de Lavapiés" (1874), que para muchos –entre los que me incluyo– es la mejor zarzuela de Barbieri.

Un Barberillo sin complejos
Interpretada en un teatro completamente abarrotado, esta zarzuela es una síntesis perfecta de dos mundos complementarios, el teatro musical europeo decimonónico y la tradición lírica nacional. El lenguaje europeo de Rossini a Verdi o Gounod emerge en romanzas, concertantes y coros, con ritmos de danzas habituales en la ópera y ópera cómica, como mazurkas, polkas o marchas. Y dicho lenguaje se imbrica con los elementos dramatúrgicos y musicales españoles, para los cuales el Barbieri musicólogo recoge boleros, seguidillas, zapateados o tiranas, propios de la tonadilla escénica y de la música popular de la época de Carlos III, periodo en que se sitúa la acción de la obra. Así, nos encontramos con números breves, como el "Aire de zapateado" (número 2), donde la acción se detiene para presentar a Paloma, junto a complejos números seccionales que convocan a todos los personajes además del coro de estudiantes, los majos y los guardias walonas. La obra presenta dos planos sociales, los nobles y los majos, personajes populares no exentos de cierto carácter picaresco en el caso de Lamparilla, que son los verdaderos protagonistas de la historia. En general, los personajes nobles recurren a un lenguaje de sonoridad operística, mientras que los populares emplean como medio de expresión sonora música que evoca la tradición popular española.
La producción presentada, firmada por el director de escena Christof Loy, con la colaboración de la italiana Silvia Aurea, se estrenaba en España tras haber tenido su première en 2025 en el teatro de Basilea (Suiza). Loy es un relevante director alemán, curtido en exitosos montajes operísticos en los grandes teatros europeos, que en recientes declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA confesaba que ha descubierto su "pasión por la zarzuela en el momento perfecto", con el deseo de "exportar la zarzuela" al mundo, y con "la misión de explicar a los españoles que no tienen que avergonzarse del género, porque sienten una cierta vergüenza". Para él, la zarzuela es un género subversivo, que habla de libertad y utopía social. Loy hace zarzuela porque quiere, sin condicionantes previos, sin prejuicios ni complejos, y la considera una disciplina total, con texto declamado, números operísticos, fragmentos de carácter popular, y baile. Junto al director español José Miguel Pérez Sierra, ha fundado la compañía de zarzuela "Los Paladines", que ha sido merecedora del premio "Oper! Awards" al Mejor emprendedor. El galardón, entregado a Loy esta misma semana en Regensburg (Alemania), los premia por "reivindicar y proyectar el género de la zarzuela en el ámbito internacional, liberándola de clichés y ampliando su presencia en los grandes escenarios europeos".
En esta producción, la acción de la zarzuela, ubicada en la España de Carlos III –exactamente, en 1770, como indica el libreto–, se "desubica", desarrollándose en una España aparentemente contemporánea, más del siglo XX que del XXI. La escenografía de líneas limpias y abiertas de Manuel La Casta, eficazmente iluminada por Valerio Tiberi, resulta esquemática, sobre todo en el acto inicial, aunque respetuosa con las acotaciones escénicas. La propuesta se aleja del casticismo goyesco –excepto en el caso de los Guardias Walonas–, en favor de un vestuario firmado por Robby Duiveman, de corte "almodovariano", con toques de elegancia para el cuarteto protagonista, que abandona los atuendos dieciochescos de majas y majos, que nos describen las caleseras del acto III.
El texto declamado original ha sido recortado, sin que por ello la obra se haya visto perjudicada, más bien al contrario: el que se ha mantenido –sobre todo en boca de Lamparilla y Paloma–, ayuda a comprender la acción teatral y recoge los momentos más brillantes del libreto de Larra, evidenciando su calidad, y su carácter fresco y subversivo.
Una de las novedades de esta producción es la presencia de un guitarrista en escena –como si de otro personaje más se tratara–, que proporciona un continuum musical de fondo en las escenas declamadas. Marcelino Echevarría, excelente intérprete encargado de esta labor en Oviedo, glosa fragmentos de la propia zarzuela, seguidillas de Fernando Sor de principios del siglo XIX, y otras obras bien conocidas de finales de ese mismo siglo, como "Asturias" de Albéniz o "Recuerdos de la Alhambra" de Tárrega. Además, escuchamos breves citas de "Il barbiere di Siviglia" (1816), de Rossini –que también cita Barbieri en su partitura–, cantadas por Lamparilla como elemento de autopresentación o evocando a Lindoro en su barbería, y por Don Juan –quien, en el segundo acto, evoca el Aria de "La Calumnia", fragmento que llevó a su intérprete, A. Baliñas, a conseguir uno de los premios del Concurso Internacional de Canto Neue Stimmen 2024–.
El reparto vocal es equilibrado, con jóvenes y brillantes intérpretes capaces de hablar, cantar y hasta bailar con fluidez y naturalidad. David Oller, al que ya habíamos escuchado en la temporada pasada en "La Regenta", es un Barberillo elegante y pícaro, que encarna perfectamente el papel, revelándose capaz de declamar a toda velocidad tanto hablando como cantando. Carmen Artaza, la gran triunfadora de la noche, presenta una Paloma de altos vuelos, elegante y segura, que desde su excelente presentación –"Como nací en la calle de la Paloma…"–, brilla en todo momento, destacando su dúo con Lamparilla del segundo acto, cuya segunda parte, a ritmo de tirana, tuvo que ser repetida.
También desarrollaron un buen trabajo desde el dúo del acto primero Cristina Toledo como la Marquesita, y Santiago Sánchez como Don Luis. Hermosa voz nos dejó adivinar el ya citado Alejandro Baliñas como Don Juan de Peralta. Correctos también en sus papeles Joselu López como Don Pedro de Monforte, y los miembros del coro Adrián Begega, Carlos Prado y Eugenia Ugarte en sus breves intervenciones. El coro Capilla Polifónica "Ciudad de Oviedo" cumplió con su papel.
El gran protagonista de la noche ha sido el maestro Óliver Díaz. Profundo conocedor del género y exquisito concertador, ha acompañado a los solistas y al coro, adaptándose a las demandas de un montaje tan exigente, optando por tempi moderados para las intervenciones corales –precioso el coro femenino del inicio del acto III–, dejando también a los solistas lucir sus facultades vocales. La orquesta Oviedo Filarmonía, titular del Festival de Teatro Lírico ha estado especialmente bien bajo la dirección del maestro Óliver Díaz, continuando la excelente impresión que nos había ofrecido en la reciente "Carmen" dirigida por el también asturiano Rubén Díez.
Al unirse los actos II y III, se ha hecho necesario incluir un intermedio musical durante el cambio de decorado, ofreciéndose en versión instrumental un fragmento del número 8, "En el templo de Marte…", en el que el trompetista Antonio Soriano tocó al cornetín unas difíciles variaciones sobre el tema de Lamparilla.
El público que abarrotaba el teatro, entre el que se encontraba la maestra Lucero Tena, aplaudió numerosas veces, celebró la actualidad del texto y correspondió con un largo y caluroso aplauso final hasta la definitiva bajada del telón.
Ahora mismo, no hay entradas para la segunda función de El Barberillo. Para La verbena de la Paloma del 16 de mayo aparecen sólo 3 entradas en la taquilla virtual. Si el teatro está lleno, ¿para cuándo la tercera función? n
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