Opinión

Redactor de Economía.
Marzo
Ante la llegada del equinoccio primaveral
Ha llegado marzo. La noticia es importante. Esta serie de «Las ranas » empezó el pasado mes de octubre con un texto titulado así, «Octubre», cuando nos adentrábamos todos en el túnel invernal. Túnel del que empezamos ya a salir. Me gustan estos meses de transición, meses discretos que no tienen la fama del navideño diciembre o el soleado agosto. Son meses-bisagra, meses-puente. «La vida es lo que pasa mientras estás haciendo planes», cantaba John Lennon. El año es el que pasa mientras transcurren estos meses sin afán de protagonismo.
Marzo trae dos regalos: el equinoccio primaveral, el día 20, y el cambio de hora, el 29. ¡Qué bonita palabra es «equinoccio»! Procede del latín «aequinoctium», que se forma a partir de «aequus» (‘igual’) y nox o noctis (‘noche’), y que describe el momento en el que el día y la noche tienen una duración casi idéntica en todo el planeta por la posición del Sol. Todo esto tiene una explicación astronómica que les voy a ahorrar y que yo he tenido que consultar en Youtube, porque al final lo que nos interesa es el efecto en nuestra vida cotidiana, a pie de calle, y eso llegará cuando adelantemos los relojes una hora y perdamos sueño a cambio de luz.
¡Qué gran trueque! Se acabará por fin el invierno, estación en la que todos estamos medio agilipollados, y despertaremos a la claridad. A ello nos ayudará el florecimiento del cerezo, la magnolia, el almendro y la mimosa, entre otros. Cuando salgamos de la oficina a última hora de la tarde (la jornada laboral, como la energía, no se destruye, sólo se transforma), habrá aún un pequeño margen de vida disponible, una última rebañadura del plato. Podremos incluso montar una pachanga de once contra once en la nueva planicie de Longoria Carbajal.
En marzo suben las temperaturas y nos desprendemos de ropa. Un amigo solía decir que en esta época «empiezan a verse hombros». Mi amigo hoy no podría decir eso porque estaría cancelado por el 8-M, ese movimiento que ha reivindicado los derechos de la mitad de la población a costa de menoscabar los de la otra mitad.
Mi amigo tendría que saber que lo que ahora nos pone cachondos es la guerra. Volvamos a la etimología latina: «Marzo» procede de «Marte», el dios romano de la cosa. Este mes marcaba el comienzo del año en el calendario del Imperio, cuando el buen tiempo facilitaba las campañas militares. En Asturias también estamos en esas: cuatro años después del estallido del conflicto de Ucrania (dos millones de muertos), los que mandan han decidido que nos toca fabricar tanques a cascoporro. Para defendernos de la siguiente guerra, dicen, y no depender del Tío Sam, que anda cicatero.
De paso vamos a acumular un «know-how» que flipas en el arte del bombazo. Gran noticia para nosotros los asturianos, siempre quejicosos por no pintar nada en el mundo. Desde ahora estaremos bien marcados en todos los mapas.
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