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Francisco Tomás y Valiente

El origen de un movimiento que desató el principio del fin de ETA

Escribí varias veces aquí sobre los asesinatos que por los terroristas etarras sufrieron amigos de partido (Enrique Casas, Fernando Múgica...) u otros conocidos rondando el corazón (los valientes temerarios Enrique Nieto, Gregorio Ordoñez...) y secuestrados como mi dentista bilbaíno el Dr. Allende y, a otro nivel, el diplomático Rupérez, una vez privado de libertad por ETA y otra por Tejero, pero creo no haber referido la muerte alevosa de (Paco) Tomás y Valiente que mucho también me afectó hasta perder un avión de regreso a casa para participar como anónimo ciudadano entre un millón en la gran manifestación que en Valencia seguimos a la vanguardia estudiantil madrileña que, bajo la maravillosa movilización del expresivo nombre de «Manos Blancas», marcó el principio del fin etarra.

Ahora la Universidad Autónoma de Madrid reflexiona sobre el trigésimo aniversario del asesinato acaecido en sus dependencias. No sabría decir la exacta razón por la que días antes del terrible crimen, Paco dictó magistral lección en Oviedo sobre Derechos Humanos. No pude asistir a aquel acto pero sí a la cena posterior a que nos invitaron, en restorán de la plaza de América, Martín González del Valle y Nicanor Fernández. No éramos muchos los discretos asistentes, seis o siete, pero quedé muy sorprendido, y se lo dije, que el expresidente del Constitucional llegase y se fuese sin acompañamiento de escolta ya que parecía no temer lo que fatalmente sucedería. Lo mismo ocurrió con Enrique Casas, ¡oh Ricardo, artista total, y Bárbara Duhrkop, sus admirables hijo y viuda!, y Fernando Múgica, tan cercano en la abogacía comprometida y la vecindad marbellí.

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