Opinión

Redactor de Economía.
Los horrores y los errores
El caso de los niños del chalé de Fitoria

Un coche de la Guardia Civil con los padres de los tres niños encerrados en el chalet de Fitoria entra en las dependencias del Palacio de Justicia, en Oviedo, el 30 de abril de 2025. / Juan Vega - Europa Press
El 29 de abril de 2025, al día siguiente de que toda España se quedara a oscuras, el comisario principal de la Policía Local de Oviedo, Francisco Javier Lozano, pronunciaba unas palabras que apuntaban a otro tipo de tinieblas. «Hemos desmantelado la casa de los horrores», dijo Lozano en referencia a un chalet de Fitoria donde unos padres se habían confinado junto a sus tres hijos durante cuatro años.
No fui yo el único, ni mucho menos, que al leer esa frase pensó en el más atroz de los escenarios. La expresión «la casa de los horrores» remitía a algunos de los episodios domésticos más truculentos de la historia reciente, como el de Josef Fritzl, aquel austriaco apodado «el monstruo de Amstetten» que abusó sexualmente de su propia hija, con la que tuvo varios hijos a los que encerró en un zulo durante más de dos décadas. Quizá lo sucedido en Oviedo no llegara a niveles tan extremos, pero hablar de «horrores» en el seno de un hogar hacía pensar en realidades muy sórdidas: pederastia, incesto, violencia, abandono, crueldad, abuso psicológico… Las facetas más tenebrosas de la condición humana.
No parece que ese haya sido el caso de la familia de Fitoria. Sin duda, todo apunta a que los padres desarrollaron un miedo patológico al covid que les llevó a cortar cualquier contacto con el mundo exterior. Decidieron educar a sus hijos en casa, impidiéndoles relacionarse con otros niños y, por tanto, dificultando su adecuado crecimiento intelectual y afectivo.
Todo esto es lo que han argumentado en el juicio los abogados de los padres. Admiten que la conducta de sus clientes fue «anómala o disfuncional, pero no criminal», y sostienen que el caso era un asunto propio de los servicios sociales, no de naturaleza penal. Los letrados también afirman que la expresión «la casa de los horrores» ha estigmatizado a la familia, haciendo pasar por monstruos a personas posiblemente extravagantes, incluso con «un trastorno mental leve», pero muy lejos de parecerse a alguien como Fritzl.
Desde que estalló hace un año, el caso ha traído a Oviedo a periodistas de toda España y ha alimentado la crónica negra nacional. Los espectadores y lectores, intrigados, han querido asomarse al interior de «la casa de los horrores» de Fitoria y saber si allí verdaderamente vivían unos depravados que hicieron pasar un infierno a sus hijos.
El juez será el que determine quién tiene razón. Pero, a la luz de los hechos que se van conociendo, parece que quizá el origen del enfoque de esta historia no esté en los presuntos horrores del chalet ovetense, sino en los errores de un comisario que pensó demasiado en los titulares del día siguiente.
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