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Oviedo, pasarela de directores

Concentus Musicus Wien deja unos notables resultados artísticos con su interpretación de los "Conciertos de Brandeburgo" de Bach

Los "Conciertos del Auditorio" han sido capaces de situar a Oviedo, durante las últimas décadas, a la vanguardia de las programaciones de música clásica que recorren los diferentes teatros y salas de concierto de la geografía española. Pocas –por no decir ninguna– poseen un nivel tan uniforme y de tantos quilates –en relación con sus características demográficas– como la capital del Principado: una ciudad que respira música por los cuatro costados y donde, dicho sea de paso, no se mercadea con el precio de las localidades, entendiendo la cultura como una obligación para con la ciudadanía más que como una mera oportunidad de rédito económico.

A lo largo de la presente temporada han desfilado por el Auditorio algunos de los directores más emblemáticos y de mayor trascendencia de las últimas décadas, como Zubin Mehta o Pinchas Zukerman, constituyendo un contexto más que propicio para el recital de Concentus Musicus Wien del pasado domingo donde se rendía un más que merecido homenaje a la figura de otro de los maestros legendarios de la batuta como Nikolaus Harnoncourt. Para redondear la velada, los "Conciertos de Brandeburgo" figuraban en el programa como un guiño hacia el repertorio en el que tanto destacó el director nacido en Berlín.

La que fuera su formación, Concentus Musicus Wien, mantiene el gusto y la preocupación por ofrecer unas interpretaciones históricamente informadas que siempre resultan atractivas e interesantes y permiten detectar nuevos matices y colores gracias a una plantilla de una versatilidad admirable. Así se apreció en el "Concierto número 1 en Fa mayor" BWV 1046, donde las trompas naturales, de emisión directa, acapararon el protagonismo del primer movimiento. No obstante, los números lentos dejaron un lirismo arrebatador en los oboes, ante la serenidad del director de la agrupación (Stefan Gottfried) que optó por centrarse en el clave y dar libertad a sus pupilos.

El "Concierto número 3 en Sol mayor" BWV 1048, con una plantilla reducida de cuerda, dejaría un ensemble bien cohesionado, con unos graves poderosos que contribuyeron a potenciar una de profundidad muy adecuada y con una sensación de perpetuo movimiento tan característica del barroco que generó unos resultados ciertamente sugerentes y de gran vitalidad. El "Concierto número 5 en Re mayor" BWV 1050 que cerraba la primera parte iría in crescendo, con un "allegro" inicial donde la flauta se vio opacada por el volumen de sus compañeros pero que lograría rehacerse en los números posteriores evidenciando una técnica y digitación destacadas en unas intervenciones de mérito por su incómodo registro y velocidad. Todo ello se vio coronado por la cadencia de Gottfried al clave, plena de virtuosismo y musicalidad.

La segunda mitad entrañaba la ejecución de los conciertos "pares", comenzando por el número 4 en Sol mayor BWV 1049 donde las flautas cobraron protagonismo junto al violín solista de Theona Gubba-Chkeidze, con un empaste logrado y con algunos momentos de vibrante expresividad, como en el "Andante" central, donde las tres solistas dialogaron con la orquesta desde el hombro del Auditorio, estableciendo un juego tímbrico muy efectista. El "Concierto número 6 en Si bemol mayor" BWV 1051 habría agradecido mayor implicación de Gottfried en la dirección, con leves desajustes rápidamente sofocados. Culminó la velada el "Concierto número 2 en Fa mayor" BWV 1047, esta vez con unos vientos que, a pesar de la dificultad que encierra el manejo de unos instrumentos tan maleables, cumplieron su cometido contrastando de manera atractiva con la cuerda, sedosa y homogénea durante todo el recital. n

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