Opinión
El río que dio vida a la fábrica de Trubia
Los primeros pasos de la factoría trubieca
El río Trubia fue una pieza esencial en los primeros años de la fábrica de armas de la localidad. Analizar cómo se aprovechó realmente su energía permite entender mejor los retos técnicos a los que se enfrentaron los pioneros de la siderurgia moderna en España.
El primer horno alto de la fábrica de Trubia ha recibido numerosas interpretaciones a lo largo del tiempo. Su puesta en marcha a finales del siglo XVIII constituyó uno de los intentos más tempranos de introducir en España la siderurgia moderna basada en el uso del carbón mineral.
En un artículo publicado recientemente en LA NUEVA ESPAÑA sobre aquel pionero horno alto de la fábrica se sugiere que el fracaso inicial de aquella instalación se debió básicamente al escaso caudal del río durante el estiaje. La idea se apoya en una observación aparentemente sencilla: quien conozca el río Trubia en verano comprendería fácilmente esa limitación.
Sin embargo, esta interpretación merece algunas matizaciones desde el punto de vista histórico e hidráulico.
Un río hoy muy distinto del que existía en el siglo XVIII
El régimen actual del río Trubia no es comparable con el que existía cuando se construyó la fábrica a finales del siglo XVIII. Durante el último siglo, el sistema fluvial ha experimentado diversas modificaciones que han alterado su comportamiento natural.
Entre ellas, pueden mencionarse la regulación hidroeléctrica en la cabecera del valle, en particular el embalse de Valdemurio, inaugurado en 1968, que recoge aguas tanto del concejo de Quirós como de Teverga, estas últimas a través de un túnel de derivación. A ello se añaden diversas captaciones destinadas al abastecimiento urbano. Estas infraestructuras retienen agua en determinados momentos y la liberan en otros, creando un régimen irregular muy diferente del que tenía el río en estado natural.
Conviene recordar que en el siglo XVIII el río discurría sin este tipo de regulaciones hidráulicas, por lo que su régimen natural era necesariamente distinto del actual.
Quienes conocimos el Trubia antes de estas transformaciones recordamos un caudal más continuo, muy alejado del comportamiento actual del río, que hoy depende en buena medida de la gestión de embalses y turbinas.
El sistema hidráulico de la fábrica
Además, el funcionamiento de la fábrica no dependía exclusivamente del caudal instantáneo del río. Para aprovechar su energía se construyó un azud en la zona conocida como El Machón, desde el cual el agua se derivaba a través de un canal hacia las instalaciones industriales.
Este tipo de sistemas eran habituales en las antiguas instalaciones industriales. El azud elevaba el nivel del río y permitía asegurar un flujo constante hacia el canal, incluso en épocas de menor caudal.
Cabe señalar además que el aprovechamiento de la energía hidráulica formaba parte desde hacía siglos del conocimiento técnico tradicional asturiano. Molinos, ferrerías, fraguas y martinetes habían utilizado durante generaciones la fuerza de los ríos para accionar distintos mecanismos industriales.
La existencia de esta infraestructura demuestra que los ingenieros responsables del proyecto eran perfectamente conscientes de la importancia del aprovechamiento hídrico y diseñaron el sistema para asegurar el suministro de agua necesario.
Los múltiples factores técnicos de los primeros hornos altos
Por otra parte, el funcionamiento de los primeros hornos altos europeos dependía de numerosos factores técnicos. Entre los más importantes se encontraban la calidad del combustible empleado, las proporciones de la carga (mineral, combustible y fundentes), el diseño del propio horno y la experiencia metalúrgica de quienes lo operaban.
El sistema de soplado era, sin duda, un elemento esencial para mantener la combustión, pero rara vez constituía por sí solo la causa del éxito o del fracaso de una instalación siderúrgica.
La siderurgia del siglo XVIII fue un campo de experimentación en el que numerosos proyectos europeos encontraron dificultades similares al intentar implantar tecnologías nuevas.
Una cuestión que merece seguir estudiándose
El arranque de la factoría militar fue un proceso complejo en el que intervinieron factores técnicos, económicos y organizativos.
La historia industrial exige analizar conjuntamente la tecnología disponible, las condiciones naturales del entorno y el conocimiento técnico de la época. Solo desde esa perspectiva más amplia se entienden los aciertos y dificultades de aquellos primeros intentos de modernización industrial.
En definitiva, el río Trubia no solo dio vida a la fábrica: su aprovechamiento inteligente nos habla de los retos y del ingenio de unos pioneros que, con los medios del siglo XVIII, intentaron dar un salto industrial a España.
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