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Opinión | Crítica / Música

El descubrimiento de un clásico español

"El gitano por amor", la excepcionalidad de una ópera nacional de primer nivel recuperada en su primer estreno comercial

"El gitano por amor"

Ópera bufa en dos actos de Manuel García (1829).

Dirección musical: Carlos Aragón; Dirección de escena: Emilio Sagi. Oviedo Filarmonía. Coro Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo». Con Juan de Dios Mateos, Suzana Nadejde, Pablo Gálvez, María José Moreno, Begoña Gómez, José Ángel Florido, Enric Martínez-Castignani y Pablo López.

Teatro Campoamor, 19 de marzo

El XXXIII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo nos ha permitido disfrutar de la recuperación de El gitano por amor, una preciosa ópera en dos actos del cantante y compositor Manuel García (Sevilla, 1775; París, 1832), estrenada en versión de concierto por la Orquesta de la Universidad de Wake Forest (EE.UU.) en 2016; y por Ópera estudio de Málaga en 2024. Es una satisfacción que la primera representación de esta producción en un teatro "comercial" haya sido la del jueves en Oviedo, antes de presentarse en la Zarzuela el próximo abril. El Festival y su director, Cosme Marina, merecen una especial felicitación por esta labor de recuperación de repertorio español y de colaboración entre instituciones, que debería ser lo habitual en el marco de los festivales líricos españoles.

El descubrimiento de un clásico español

El descubrimiento de un clásico español / .

García, el gran tenor –o baritenor– de principios del siglo XIX, tras trabajar en Madrid desde 1798 y en París desde 1807, se traslada en 1811 a Nápoles para ampliar su formación con el tenor Anzani. En Nápoles entra en contacto con el empresario Barbaja, con Isabella Colbrand y con Giacomo Rossini, quien escribirá, para García, Norfolk en Elisabetta, Iago en Otello, o Almaviva en Il barbiere di Siviglia (1816). Convertido ya en la gran figura del bel canto europeo, seguirá trabajando en París, Londres, e incluso en Nueva York y México, para concluir en 1830 su carrera como cantante, fundando una escuela de canto en París.

García, padre de tres cantantes muy relevantes –María Malibran (1808-1836), Pauline Viardot (1821-1910), y Manuel García hijo (1805-1906), inventor del laringoscopio y difusor de la técnica de su padre–, fue un gran compositor, con sinfonías, tres de ellas editadas por mí, numerosas obras para voz y piano, entre las que destacan sus Caprichos líricos, y un gran corpus operístico.

En su primera etapa, en Madrid, compuso tonadillas y operetas en español, como "El criado fingido" –cuyo polo fue utilizado por Bizet en el Preludio al acto IV de "Carmen"– y "El poeta calculista", primera ópera española representada en París –cuyo polo "Yo que soy contrabandista" alcanzó fama mundial, siendo utilizado por Liszt en su "Rondeau fantastique"–. Entre sus éxitos destacan "Il Califfo di Bagdad" (Nápoles, 1813), y "La mort du Tasse", opéra en trois actes (París, 1821). Organizó la primera temporada de ópera italiana en Nueva York (1825-26), con títulos de Rossini, Zingarelli, el "Don Giovanni" de Mozart, y alguno propio; en México, tras estrenar nuevas óperas en italiano, compone algunas óperas en español.

"El gitano por amor", inspirada en "La gitanilla" de Cervantes, dramatiza la historia del joven noble Hernando, quien, enamorado de la gitana Rosita, se hace gitano "por amor", aunque al final, las cosas no sean lo que parecen.

La ópera debió ser escrita en México, para su estreno en el Teatro de los Gallos de la capital. Pero el 20 de diciembre de 1827 se promulga la primera Ley de expulsión de españoles (los "gachupines") de México, y posiblemente no llegara a estrenarse, como señala Radomski en su biografía sobre García. Posiblemente algunos de sus números se deterioraron cuando el sevillano fue asaltado por bandidos en su viaje de México a Veracruz, a finales de 1828, siendo reescrita en el viaje trasatlántico de Veracruz a Francia, lo que explicaría los dos tipos de papel y de grafía en el manuscrito conservado.

La partitura –en esta versión, con algunos pequeños cortes– presenta exigentes demandas vocales: sus protagonistas, Hernando y Rosita, habían sido escritos para él y su hija –María Malibrán–, y el resto del elenco –Baldaquín, criado de Hernando; Inés, prometida de Hernando, a quien no conoce; Laura, gitana amiga de Rosita; Manolo, gitano hermano de Rosita; el Marqués del Pino y el Corregidor– mantiene la complejidad vocal belcantista.

García recurre a una inteligente suma de elementos mozartianos –cuyo "Don Giovanni", muy presente en la obra, estrenó en América–, belcantistas rossinianos y españolizantes, con polos, boleros, seguidillas, fandangos o tiranas, que incorporan estilizados "ayeos" y cadencias andaluzas. Combina números musicales breves –los menos– con otros poliseccionales, de maestra complejidad, como los Finale, siguiendo la estructura de Mozart y Da Ponte, con quien coincidió en Nueva York. El Finale I tiene 766 compases, con coro, aria de Rosita, arietta y polo de Hernando, dúos, tercetos, cuartetos, etc; y el Finale II, de 1.029 compases, acumula también cuartetos, dúos, tercetos, septetos, y arias coreadas.

Especialmente brillante estuvo Susana Nadejde en el difícil papel de Rosita, pensado para la Malibrán; con hermoso timbre lírico dominó la compleja línea vocal llena de agilidades, destacando en los concertantes por su proyección, revelándose, además, como una graciosa gitana. Juan de Dios Mateos fue un Hernando solvente y elegante. Pablo Gálvez encarnó a un sólido Baldaquín, de voz flexible y talento bufo, triunfando en el imposible "terceto" cómico unipersonal del número 6, donde imita las voces de Rosita y Hernando. Solvente, como siempre, María José Moreno: un lujo en su breve y comprometido papel de Inés. Destacada también Begoña Gómez en su papel de Laura la gitana. Y correctos José Ángel Florido, Enric Martínez Castignani y Pablo López en sus breves intervenciones.

El Coro de la Capilla Polifónica –reducido a 17 voces– y la orquesta, dirigida por Carlos Aragón, bien.

Además de García y los intérpretes, el otro triunfador de la noche fue Emilio Sagi, quien en aquel lejano año de 1993, vivió el origen de este Festival Lírico con su "Revoltosa" y "Bateo". En su perpetua juventud, es capaz de abordar nuevas propuestas, diseñando para una "Ópera estudio" un montaje eficaz, trazado con maestría, capaz de triunfar en el circuito comercial. El propio Sagi hablaba en LA NUEVA ESPAÑA de una "escena muy despejada, sillas y un fondo donde dominan los tonos rojos" reservados para los gitanos, frente el blanco de los nobles. Como siempre, espectaculares la escenografía de Daniel Bianco, el exquisito vestuario de Jesús Ruiz, la iluminación de Eduardo Bravo, y el trabajo de Nuria Castejón, Javier Ulacia y Cristhian Sandoval.

Es incomprensible que en el siglo XXI no se representen apenas óperas españolas de primer nivel, desde "Celos aun del aire matan" (1660), de Calderón de la Barca –nada menos– y "Juan Hidalgo" (recuperada en el Real en 2000), hasta tantos títulos del XIX, como "Don Giovanni" de Ramón Carnicer (1822, recuperada en el Festival Mozart por Alberto Zedda en 2006), "Ildegonda" (1845, hecha en versión de concierto en el Real en 2004) o "La conquista di Granata" (1850, hecha en versión de concierto en el Real en 2006, y representada en 2014, no en España, sino en Giessen, Alemania), ambas de Arrieta, por citar algunos ejemplos. En los países de nuestro entorno europeo se presta especial cuidado a la puesta en valor de su patrimonio lírico. Por eso, el trabajo presentado en el Campoamor tiene un valor especial, el de la excepcionalidad. Todavía quedan algunas entradas en taquilla para la segunda función –hoy a las siete de la tarde–. No se la pierdan: merece la pena.

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