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Opinión

La apuesta de SACO por los compositores

Las vueltas de tuerca del festival ovetense

A lo largo de sus doce ediciones, el festival SACO le ha dado muchas vueltas al concepto de los cine-conciertos. Desde el clásico pianista dando vida a las viejas películas de cine mudo hasta el Niño de Elche con aquella propuesta bizarra y surrealista sonorizando «Un perro andaluz» de Luis Buñuel, que tan impactado dejó al público de Vetusta. Desde Oviedo Filarmonía haciendo bailar bajo la lluvia a Gene Kelly, hasta Lagartija Nick haciendo temblar la lámpara del Campoamor en su homenaje a la Generación del 27. Bajo el título «Orígenes por Consmupa», el festival le ha dado una nueva vuelta al concepto, integrando el VIII Concurso de Composición del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias dentro de su programación, en una colaboración encantadora y sin precedentes.

Con el anuncio de la participación de cinco estudiantes de composición, la velada comenzó con la versión contemporánea que Marlon Lombera compuso para en corto documental Angel’s Flight. Una pieza inquietante y cruda sobre la destrucción del barrio de Bunker Hill en Los Ángeles, que va cogiendo cuerpo a medida que avanza la historia mientras se apoya en el recitado de versos perdidos de las «Coplas a la muerte de su padre» de César Manrique. La segunda propuesta, a cargo de Gonzalo Smaniotto, se inspiraba en la genial obra maestra pionera del cine «Le voyage sur Jupiter», de Segundo de Chomón. Smaniotto presentó una partitura muy cinematográfica que llenaba de narrativa aventurera esta historia de príncipes, hadas, héroes, batallas, sueños y planetas.

A continuación, volviendo a un lenguaje más experimental, sobre una pieza de 1929 filmada por Ralph Steiner titulada «H2O», en la que estudia las texturas de los líquidos, José Ángel Miñor apostó por respetar la estructura visual y explicar de manera sonora la calma de un remanso de agua lo mismo que su potencia al cobrar vigor o su frugalidad cuando se nos escapa entre los dedos. Teo Montero, por su parte, apostó por una composición inspirada en la elegancia del cine clásico, con levísimos aires orientales, para sonorizar la pieza documental «Japanese Farmers». Un envite pleno de narrativa y de suspense, muy de película de Hitchcock, que parecía estar a punto de revelar quién era el muerto y quién el asesino mientras aquellos granjeros japoneses trajinaban en pantalla.

Las piezas a concurso llegaron a su final con «Earth Views», de Iván Gómez. Una composición compacta y envolvente, con permanente ganancia en intensidad, que nos acompañaba en un recorrido visual del planeta tierra en imágenes capturadas por la NASA. Una reducción de la importancia de la vida que nos convierte en piezas minúsculas dentro de un todo, pero no por ello carentes de emociones.

Mientras aguardábamos el fallo del certamen, que habría de comunicar por videoconferencia el director Sergio G. Sánchez, pudimos disfrutar, fuera de concurso, de una nueva composición del joven Rodrigo Bengoa titulada «Heavy boots». Un poema sinfónico lleno de sentido del humor que me recordó mucho al sonido de grandes genios ligados al cine como Henri Mancini o Quincy Jones. Al final, el premio fue para la compositora Marlon Lombera, que había abierto la velada. Pero eso quizá no sea lo más importante en una noche en la que asistimos al estreno mundial de seis piezas musicales contemporáneas, seis jóvenes talentos, con más de cuarenta músicos sobre el escenario, con lenguajes visuales y sonoros muy variados, y todo dentro del mismo SACO. n

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