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Oviedo merece ser la Capital Europea de la Cultura 2031

La lista interminable de motivos para que la ciudad consiga el reconocimiento de la UE

Recibí con una gran satisfacción la noticia, si bien por las redes sociales supe que habíamos superado el primer paso. Sé que asistimos a un proceso similar a una carrera de relevos y la prueba de ello es el titular «Es el éxito conjunto de Asturias; estamos unidos y vamos a luchar» publicado por LA NUEVA ESPAÑA el 14 de marzo de 2026. Ahora toca dejar a un lado la discrepancia en materia política y remar al unísono para que podamos disfrutar de un galardón más que merecido, y en todo caso colaborar desde una opción constructiva para que los cimientos de este proyecto sean sólidos y no generen duda alguna en quienes recae la concesión de tal distinción.

¿Por qué Oviedo tiene que ser capital europea de la cultura? Los motivos podrían hacer interminable este artículo; sin embargo, estoy convencido que para algunos o para muchos según como se mire son desconocidos. Oviedo, nuestra ciudad tan bien novelada –Clarín, Pérez de Ayala, Dolores Medio...–, pintada -Fernández Cuevas, Vaquero Palacios, Uría y Uría...- retratada y filmada –Gonzalo Suárez, Garci, Menéndez Leite, Woody Allen...– es un auténtico sedimento histórico que aún no está cerrado y en un futuro las intervenciones que se hagan, ya sea en La Vega o en otros lugares del casco urbano, contribuirán a enriquecer el legado que a veces el paso del tiempo ha sepultado, pero la labor de los investigadores lo saca a la luz en lo que podríamos llamar una resurrección patrimonial en la que confiaron nuestros antepasados con la esperanza de que algún día nosotros lo podamos disfrutar y valorar en su justa medida.

Si tenemos que partir de un referente histórico que promocionó la movilidad de aquellas gentes allende los Pirineos, hoy del mundo entero, este es el Camino Primitivo y el eslogan Oviedo, origen del camino así lo certifica. Alfonso II nada más tener conocimiento del supuesto descubrimiento del sepulcro de Santiago se puso en camino y hoy cuando estamos a punto de celebrar el 1184 aniversario de su fallecimiento siguen vigentes las peregrinaciones. Oviedo con su señera Sancta Ovetensis y el resto de edificios prerrománicos dio origen a una vereda que tras el avance de la Reconquista se desplazó al sur, pero nunca perdió su identidad, de modo que el llamado Camino francés al llegar a León se desvió por el Camino del Salvador y el Camino Norte desde Villaviciosa también mantuvo la opción de llegar hasta la catedral ovetense. Está más que justificado que Oviedo forjó el trazado de la calle mayor de Europa, del primer itinerario cultural europeo y lo hizo en un contexto histórico, el reino asturiano, que por fin asentó su capital en esta ciudad. Hace seis años el cardenal Rouco Varela pronunció esta frase: «Sin Covadonga, el Camino de Santiago no habría nacido». Suscitó cierta polémica, pero creo que hay que entenderla en una interpretación histórica que da para un debate. Sea como quiera que sea Oviedo es el punto de partida para quienes van a Santiago y el de llegada para los que retornan. Este fenómeno histórico y religioso hizo que nuestra ciudad y su concejo contribuyeran a forjar lo que a mi me gusta llamar la dimensión europea de la cultura, por eso en mi opinión quienes tienen la responsabilidad de otorgar este título deberían reflexionar sobre esta cuestión.

El Prerrománico Asturiano representando en ocho edificaciones en este concejo, la catedral verdadero ejemplo de integración de las artes y de los estilos artísticos, ya que en ella conviven desde el Prerrománico hasta el Barroco, los vestigios de un acueducto de finales del siglo XVI, la presencia de conventos y monasterios que permiten hablar de una ciudad conventual, los palacios barrocos que evidencian la presencia de la nobleza en la ciudad que acogía a las principales instituciones de la época, la universidad fundada por el arzobispo don Fernando Valdés-Salas e inaugurada el 21 de septiembre de 1608, el antiguo hospicio, verdadero ejemplo del ideario del siglo de las luces, el archivo histórico provincial ubicado en la antigua cárcel modelo son algunos de los elementos que contribuyen a implementar el valor patrimonial de esta ciudad del que cada vez más quienes nos visitan pueden disfrutar; nada más hay que recorrer sus calles y plazas en las que guías turísticos llueva o haga sol van mostrando las peculiaridades de esta ciudad.

Los itinerarios culturales como La Regenta en la ciudad de Oviedo, Casas emblemáticas de Oviedo de las que dejó un buen trabajo el hermano marista Serafín Rodríguez, el Oviedo de 1934-1937 que ayuda a conocer la convulsa década de los años treinta del siglo XX, así como el Museo de Bellas Artes de Asturias y su asociación de amigos, el Museo Arqueológico, la catedral, el Real Instituto de Estudios Asturianos despliegan una amplia programación de actividades sin olvidar la importancia que ha concedido a la música la Sociedad Filarmónica y la Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera. La importancia de la música en Oviedo queda reflejada en la temporada de ópera año tras año y en la consiguiente de la zarzuela de las que participan un buen número de ovetenses y no ovetenses llenando nuestro coliseo musical, el teatro Campomar que abrió sus puertas en el año 1892. No solamente la música clásica tiene cabida en esta ciudad, también la música y el folklore de la tierra que los fines de semana logran captar la atención de vecinos y visitantes en el casco histórico.

Oviedo por su condición de capital de la comunidad autónoma es la sede de los principales organismos e instituciones, pero una de ellas, la Fundación Princesa de Asturias desde su constitución el 24 de septiembre de 1980 con sus nueve categorías contribuye a que Oviedo un viernes de la segunda quincena de cada mes de octubre sea la capital de la cultura mundial dada la relevancia de las personas u organismos premiados y de la singularidad de los pueblos que conforman la geografía asturiana, pues la cultura no entiende de localismos, ni de particularismos porque es universal.

Otro elemento enriquecedor del compromiso con lo cultural es la gastronomía enraizada en la tradición y la historia. Cada primavera cuando está a punto de finalizar el tiempo pascual Oviedo celebra su tradicional feria, la Ascensión, que no se puede entender sin degustar su menú típico, la menestra, la carne gobernada al estilo de Oviedo y la tarta de cerezas, pero sin duda en estos últimos años ha sido capaz de consolidar y otorgarle el rango que merece al menú del Desarme, garbanzos con bacalao, callos y arroz con leche, ligado a los avatares del siglo XIX al albur del surgimiento del carlismo. Junto a estos exquisitos platos la ciudad se define por cuatro dulces únicos, los carbayones de Camilo de Blas, los bombones de Peñalba, las moscovitas de Rialto y los bartolos de la confitería Asturias, que forjan otra de las señas de su identidad culinaria.

Finalmente, el Martes de Campo –martes de Pentecostés íntimamente ligado a la antigua cofradía de sastres, alfayates y a la sociedad protectora La Balesquida– y la recuperación de la Semana Santa de Oviedo desde hace más de cuarto de siglo cuyo inicio arranca del otero de San Pedro de los Arcos con la procesión de La Borriquilla y culmina con la procesión del Resucitado en la catedral son dos elementos más que avalan la concesión de este honor que aspiramos alcanzar no solo los ovetenses, sino también todos los asturianos. ¡Ojalá podamos celebrarlo en la plaza de la Constitución!

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