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Opinión

Un rugido de Pasión

"Crucifixus" fue la brillante apuesta de "El León de Oro" para su concierto coral de Semana Santa en una Catedral ovetense abarrotada de público

El concierto de Semana Santa de "El León de Oro" se ha convertido, por méritos propios, en una cita ineludible del calendario musical ovetense, respaldado cada año por el público que llena bancos y sillas de la Catedral metropolitana de Oviedo para disfrutar de una de las formaciones que mejor representa los valores corales: talento, trabajo y pasión por la música.

Todos estos ingredientes estuvieron presentes en "Crucifixus", el programa conformado por Marco Antonio García de Paz (fundador y director del coro gozoniego) que proponía un interesante diálogo entre la polifonía de los siglos XVI y XVII –donde los luanquinos son un referente internacional– con maestros del XX cuyas obras mantienen la identidad y estética de las piezas renacentistas y barrocas. Es decir, un repertorio perfecto: acorde al lugar y al tiempo de celebración, pero también a las características interpretativas del coro asturiano.

El tiempo parece pasar para todos menos para "El León de Oro", que mantiene unas cuerdas equilibradas y rejuvenecidas, como se apreció en el "Crucifixus" (a 8 voces) de Antonio Lotti que abría la velada y daba título al programa. El color sugerente que García de Paz extrae de sus pupilos y su escrupuloso tratamiento de la sonoridad convierten cada cita en un deleite sonoro, amplificado en esta ocasión por la imponente acústica de la Sancta Ovetensis. Las tres piezas de Tomás Luis de Victoria ("O vos omnes", "Tenebrae factae sunt" y "Caligaverunt oculi mei") fueron un dechado de virtudes gracias a su intensa ejecución, flexible y doliente, alcanzando cotas muy elevadas de expresividad en un repertorio especialmente complejo que requiere de una técnica y una agógica perfectamente interiorizadas por parte de los coristas. Los luanquinos ajustaron cada frase y se recrearon en los cromatismos y las disonancias, añadiendo mayor atractivo todavía a su interpretación.

Las tres piezas de Lorenzo Donati ("Davanti alle tenebre", "Dentro alle tenebre" y "Oltre le tenebre") evidenciaron la poderosa proyección del coro –pese a rondar los 40 componentes–, con unos graves profundos y seguros y unas sopranos de sonido perlado exquisito en los pianísimos del registro más agudo.

La última de las obras del programa era la "Messa di Requiem" de Ildebrando Pizzetti, una composición para la que el italiano recurrió a la música antigua, tal y como se percibe en el "Dies irae" y el "Libera me", con unas exposiciones que remiten directamente al gregoriano. No obstante, a pesar de ese sabor arcaico que dejan las citadas invocaciones, Pizzetti es capaz de revestir de una estilización notable los cinco números de la misa, como se puede observar en el "Requiem aeternam" inicial o en el luminoso "Amen" final del propio "Dies irae" que el coro supo ejecutar con un celo exquisito y una impecable afinación. Bien balanceados, los cantantes se ciñeron al carácter de cada uno de los números, con un "Agnus Dei" sutil y delicado –que invitaba al recogimiento y la introspección–, desplegando mayor volumen y potencia en el "Sanctus", para el que incluso modificaron algunas posiciones en aras de un mayor equilibrio sonoro en una obra muy trabajada como se evidenció en los planos sonoros y las dinámicas del "Libera me".

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