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Un parking antieuropeo y anticultural

Ante la protesta contra el estacionamiento del Campillín

Para desgracia e inquietud de muchos ovetenses y aún de muchos asturianos, persiste al día de hoy el disparatado e irracional proyecto municipal de construir un aparcamiento en los jardines del Campillín, una de las zonas verdes más hermosas y saludables de la capital del Principado.

Ese malestar ha provocado numerosas movilizaciones cívicas, cabalmente organizadas a través de la plataforma vecinal El Campillín no se toca, que tendrán una de sus expresiones más contundentes hoy sábado 11 de abril con una manifestación que partirá de la Plaza del Ayuntamiento de Oviedo a las 12.30 horas. Esta nueva protesta dejará rotunda y meridanamente expuesta, una vez más, la sólida y coherente oposición de los residentes y otras personas a ese insensato e innecesario proyecto, que atenta de manera evidente contra uno de los escasos pulmones verdes de la ciudad y, por ende, contra el bienestar de miles de ciudadanos.

Como ya se ha explicado por activa y por pasiva, el maldito aparcamiento –que nadie ha deseado ni solicitado–, no sólo supondría una agresión para la flora del Campillín, sino que incrementaría de manera estólida, discordante y contradictoria el tránsito rodado de vehículos particulares, justamente en una zona planificada de bajas emisiones. Resulta irrebatible desde cualquier perspectiva la calamitosa y dramática situación que se pretende imponer a la ciudadanía: densificación del tráfico privado; maltrato a la movilidad sostenible; aumento de las contaminaciones atmosférica y acústica; quebranto de la calidad del aire; generación de nocividad en pleno centro urbano; incremento del riesgo de incidentes y accidentes graves en una zona muy frecuentada por la población infantil y longeva y, en fin, una alteración funesta e irreparable de las condiciones ambientales y sociales de un espacio emblemático de la ciudad.

Pero lo que no se ha dicho aún por parte de ninguna instancia es que el proyecto de aparcamiento del Campillín resulta también manifiestamente antieuropeo en su ofuscada pretensión de incentivar la presencia de autos en el centro de la ciudad y notoriamente anticultural, pues se pretende llevar a cabo una bárbara e infame infraestructura destinada a vehículos privados a muy pocos metros de un bien de interés cultural (BIC). En efecto, la construcción del mentado aparcamiento se haría al lado mismo de la impresionante iglesia de Santo Domingo, declarada desde 1944 Monumento Histórico Artístico y al presente bajo la máxima protección que se deriva de un BIC. Ese monumento, uno de los más internacionales y fastuosos de la ciudad, quedaría afectado de manera lesiva e irreparable por el ominoso parking. Su solemne y bellísima fachada dieciochista, que oculta otra quinientista no menos interesante, no sólo nos evoca cada día el mundo clasicista escurialense, sino la propia Roma, convirtiendo todo su entorno en uno de los espacios más fascinantes y sugerentes de Oviedo y del resto de España.

Somos muchos los que nos tememos que esas licencias antieuropeas y anticulturales acaben arruinando seria y gravemente el proceso de selección de Oviedo como capital europea de la cultura. La sañuda persistencia del proyecto de aparcamiento, enfrentado a la razón común de tantos ovetenses y asturianos, no sólo lesiona de manera contundente el lema de la amabilidad (amabilidá) que preside la postulación de la ciudad como capital cultural de Europa, sino que hace añicos el objetivo principal del mentado proceso, que tiene a gala la defensa de la cultura como un factor de desarrollo urbanístico, social y colaborativo del concejo de Oviedo.

Lamentable, desafortunada y desdichadamente, no parecen estas buenas cartas de presentación para la Comisión de expertos que continuará realizando las valoraciones de investidura de la ciudad como posible Capital Europea de la Cultura. Por todo ello, el Ayuntamiento de Oviedo, principal interesado en despejar cualquier rémora respecto a la reputación que pudiera beneficiar a la ciudad, debería reflexionar acerca de las graves consecuencias que puede comportar la continuidad del disparate que se pretende y abandonar definitivamente una idea que nunca debería haber salido a la luz.

Mientras se espera ese deseable contexto de acuerdo, sensatez y compostura, lo que toca es continuar protegiendo los jardines del Campillín de cualquier ataque. Es por ello por lo que hacemos desde aquí una llamada a todas las personas interesadas en la capitalidad cultural de Oviedo; a los amantes de la ciudad; a los apasionados de los jardines; a los colectivos sensibilizados con el patrimonio natural y cultural; al asociacionismo cívico asturiano; a la Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno –vinculada a la iglesia de Santo Domingo–; a la comunidad educativa del Colegio Santo Domingo de Guzmán y, en fin, a todo el vecindario del Campillín y al resto de la ciudadanía de bien, resida en Asturias o fuera de ella, a que apoyen la manifestación convocada para hoy, 11 de abril, bajo el lema «El Campillín no se toca» y se opongan, por cualquier medio a su alcance, a la alteración de un precioso y salubre parque en un espantoso y abyecto parking. n

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