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Un concierto para seguir creyendo en la música

El proyecto "Next Gen" de la OSPA cosecha unos buenos resultados artísticos mediante la inclusión de alumnos de los conservatorios

Uno de los programas por los que la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias ha apostado con mayor firmeza en los últimos años ha sido el proyecto "Next Gen", donde el protagonismo recae sobre los jóvenes alumnos de conservatorios. En las ediciones que lleva desarrollándose este formato hemos sido testigos de diversas tentativas, desde piezas interpretadas exclusivamente por estudiantes, obras donde acompañan a alguno de los profesores de la OSPA –que ejerce como solista– y, el pasado viernes, una selección de alumnos que se sumó a los atriles de la formación sinfónica. Esta iniciativa permite, por tanto, demostrar el talento de la cantera asturiana y, al mismo tiempo –tal y como expresó el director Jaume Santonja al inicio de la velada–, "motivar a los estudiantes y darles una oportunidad muy necesaria para que continúen en el siempre exigente camino de la música".

El repertorio seleccionado para esta cita –fuera de abono aunque con precios populares que propiciaron una buena asistencia– resultaba muy interesante, si bien se echó en falta alguna explicación del mismo en el programa de mano. La "Obertura Egmont" de Beethoven es una página cargada de expresividad y dramatismo que la fusión de estudiantes y músicos profesionales sacó adelante con mucho acierto, aportando el carácter preciso gracias a una cuerda compacta y rotunda en cada una de sus intervenciones, permaneciendo bien ensambladas todas las secciones a lo largo de la pieza gracias, en buena medida, a la intuitiva dirección de Santonja, con una gestualidad clara y fácil de seguir.

Cerraba la primera parte una selección de las "suites número 1 y número 2" de "Romeo y Julieta" de Prokófiev. Las escenas elegidas fueron pertinentes y permitieron a la OSPA lucir todas las posibilidades tímbricas que ofrece su plantilla, al margen del reto que supone recrear las diferentes atmósferas contenidas en esta obra, basada en la homónima tragedia Shakespeariana. El icónico tema de "Montescos y Capuletos" resultó poderoso y pesante, con unos metales notables y unas maderas de cuidada sonoridad. Igualmente, la "Muerte de Teobaldo" fue otro de los pasajes de mayor efecto gracias a la percutiva cuerda y a la dulzura que aplicaron las trompas a la melodía, siempre bajo los acordes violentos que representan el enfrentamiento armado. No obstante, en los números de mayor lirismo los músicos estuvieron a buen nivel, como en "Romeo ante la tumba de Julieta", con temas pasionales donde brillaron especialmente los violines, muy homogéneos, manteniendo la majestuosidad del final de la pieza gracias a su textura sedosa y a unos fraseos adecuadamente ajustados.

La segunda mitad, ya exclusivamente con los músicos de la OSPA, estaba dedicada a la "Sinfonía número 2 en Re mayor" de Jean Sibelius, cuya ejecución, bastante buena en líneas generales, dejó alguna duda en sus dos primeros movimientos. Si algo caracteriza esta página sinfónica es la riqueza de sus planos que, balanceados oportunamente, potencian la idiosincrasia de los temas escritos por el maestro finés. Un claro ejemplo es el "Tempo andante, ma rubato", donde se evoluciona desde lo más sencillo –los pizzicati en violonchelos y contrabajos– hasta un efectista crescendo de toda la orquesta a través de una textura densificada y unas dinámicas naturales a partir de la adición progresiva de instrumentos que costó llegar a calibrar plenamente.

Mucho más acertado el "Vivacissimo" donde Santonja exigió a los músicos en un tempi trepidante que evidenció la profundidad de la OSPA en sus graves, contrastando acertadamente las líricas melodías de este número. El "Finale, allegro moderato" también obtuvo una notable versión desde los atriles de los músicos, bien comandados por un Santonja que acentuó el trabajo y los juegos de volúmenes en unos tutti llenos de intención con metales y percusión ceñidos a su batuta.

Aún restaría la "Obertura" de "Candide" (Bernstein), junto a la casi treintena de estudiantes participantes en el concierto como propina como incentivo para seguir creyendo y perseverando en la música.

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