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Opinión

El odio de la miseria

Un clásico de Blasco Ibáñez

Magüi Mira ha sabido ver la innegable actualidad de un clásico como la novela de Vicente Blasco Ibáñez, autor republicano y socialista envidiado y criticado por muchos. Los clásicos siempre nos interpelan y conmueven, porque hablan de nosotros, a pesar de que el contexto haya variado mucho.

Con un planteamiento profundamente coral, la excelente dirección de Magüi Mira pone el énfasis en el grupo, su animalidad y una ambientación telúrica, con un juego angular de espejos oxidados desde donde vemos el pasado y que nos refleja constantemente el suelo, esa tierra que tanta presencia tiene en la obra. Seres ligados al territorio, con un sentido de pertenencia que les atraviesa, a pesar de que no es suyo y viven asfixiados por unos alquileres imposibles de pagar.

Como es propio del naturalismo, en «La Barraca» la injusticia y las desgracias se exacerban hasta niveles que el espectador casi no puede soportar. Batiste Borrull, es el forastero que llega con su familia huyendo del hambre, para hacerse cargo de unas tierras de las que ha sido desahuciada una familia del pueblo, provocando el odio y la violencia de toda la comunidad contra ellos. La brillante adaptación de Marta Torres ha sabido sincretizar la novela en una trama clara y con un potente ritmo dramático, con dos líneas de acción que desafían el acontecer cronológico. La puesta en escena de Magüi Mira está marcada por las coreografías grupales y la composición espacial apoyada en una simbólica escenografía, donde la arena que se tiñe de sangre marca la tragedia que va inundando a estos personajes. La iluminación tenue y casi tenebrosa respalda este grito de denuncia de la mezquindad y el odio derivado de la miseria. La caracterización de los intérpretes como pordioseros harapientos, les permite cambiar de personaje con gran facilidad, sin apenas modificar su indumentaria.

Destaca Daniel Albaladejo, esa fiera escénica, que aquí brilla como Batiste, trabajador incansable y enfebrecido, que lucha contra el hambre y la injusticia con una rabia y contención que resultan escalofriantes, como el grito mudo con el que responde a los ataques de su abominable antagonista, magnífico también Antonio Hortelano, bebedor y maltratador de su mujer y de todo el pueblo. El resto del reparto, que funcionan como un solo organismo, es también destacable. Jorge Mayor dobla como el Tío Barret al que le aporta una terrible humanidad y como médico que visita al malogrado hijo de Batiste, Antonio Sansano encarna al cínico y pérfido don Salvador y al tío Tomba, un pastor ciego que representa al adivino que predice todos los males de esta «tierra maldita». Patricia Ross es la valiente y luchadora Teresa, esposa de Batiste. Y Claudia Taboada, Pepeta, la esposa estéril y vapuleada por Pimentó. Elena Alférez compagina dos papeles, el de la hija del tío Barret que acaba de prostituta y el de la dulce Roseta, hija de Batiste, que se enamora de Tonet, al que da vida con mucha ternura y un aire muy queer Jaime Riba. El público ovetense respaldó el trabajo con una gran ovación.

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