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Entre el demonio y Oriente Medio

Sobre J. D. Vance y la peligrosa retórica del esoterismo de Estado

«Uno de los grandes engaños del diablo es convencer de que nunca existió», acaba de contarnos J.D. Vance, rematando su esoterismo con un más preocupante si cupiese compromiso: «Todavía me quedan tres años como vicepresidente USA. Llegaré al fondo de los expedientes del demonio pues confieso mi más íntima preocupada obsesión».

Con siete añinos aprecié que las monjas ursulinas del Naranco estaban en efecto obsesionadas por las apariciones demasiado frecuentes del demonio que, según ellas, invocaban «los masones a sus reuniones que desaparecía si alguno de los presentes llevaba un crucifijo en el bolsillo o, por simple inercia hacia un familiar que lo hubiese regalado tenía al cuello medalla dorada». No estoy seguro de que mi memoria tropiece pero tengo el recuerdo que el catecismo del Padre Astete también contribuía a la atmósfera del miedo demoniaco. Y no digamos una imaginería policroma que en San Tirso el Real exhibía a unos desgraciados quemándose en llamas luciferinas que debían implorarnos sacásemos del Purgatorio o el Infierno. Todo el pánico demoniaco ancestral se me borró en la última parte de ese mismo año en cuanto noté que, en el colegio de los dominicos al que me llevaron, el demonio si existía no era importante ni objeto de contradevocionario alguno. Y ahora nos viene todo un Vicepresidente USA justificando su absurda guerra con el demonio engañándonos...

Alejandro Casona, al menos, tomaba su diablo, con una pizca de comedia...Vance le hubiera condenado como a todos los artistas y grandes creadores.

De no estar engañados por él, que diría Vance, ¿quién sería el Demonio en Oriente Medio?

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