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Yago González

Yago González

Redactor de Economía.

Un centinela en la noche

Sobre la imagen que flota sobre Oviedo como si fuera una «bat-señal»

El Sagrado Corazón de Jesús, iluminado por la noche.

El Sagrado Corazón de Jesús, iluminado por la noche. / Irma Collín

Todas las noches sobrevuela Oviedo una «bat-señal» divina. Si las nubes lo permiten y se encuentra un horizonte despejado, basta alzar los ojos hacia el norte para advertir una pequeña figura que resplandece en el cielo negro. Cuando la oscuridad ya ha cubierto el monte Naranco, el Cristo, iluminado en su cima, parece flotar sobre la ciudad.

Javert, antagonista de «Los miserables», el clásico de Victor Hugo, es un severísimo policía que se muestra implacable con los que transgreden la ley. En la versión musical de la novela entona una canción en la que invoca a las estrellas del cielo como centinelas vigilantes que le ayudan a velar por el orden y atrapar a los criminales ocultos. El inspector, hombre profundamente religioso, ruega a Dios que le asista en su persecución de Jean Valjean, a quien considera un fugitivo sin posibilidad de redimirse. Si «Los miserables» transcurriesen en el Oviedo actual, Javert imploraría al Cristo del Naranco como a un guardián insomne que no deja ni la más pequeña falta sin castigo.

Javert imploraría al Cristo del Naranco como a un guardián insomne que no deja sin castigo ni la más pequeña falta

La palabra «centinela» proviene del italiano «sentinella», que a su vez deriva del verbo «sentire» (percibir con los sentidos) en latín. «Sentinella» es una palabra bonita que a mí me evoca una presencia de cuidado amoroso, no de vigilancia autoritaria. En la novela, Hugo explica las razones del comportamiento rígido y dogmático de Javert: nacido en una cárcel, hijo de un preso y una gitana, el policía rechaza identificarse con el mundo de los marginados y opta por imponer el orden social mediante una visión inamovible del bien y el mal. Es en el fondo un hombre que se odia a sí mismo, criado sin amor, y por lo tanto incapaz de concebir un Dios bueno que perdona y acoge a la oveja perdida. Porque nadie puede dar lo que no ha recibido.

La psicología contemporánea ha estudiado mucho el impacto de nuestras experiencias afectivas tempranas, los vínculos de apego con los padres y, en el caso de los creyentes, la manera en que estas dinámicas influyen en la imagen que se tiene de Dios. Escritores como Kafka, Dostoievski, Camus o Kierkegaard también exploraron la relación entre la paternidad humana y la sobrenatural. Por lo tanto, cabe pensar que una representación de la divinidad (como el Sagrado Corazón de Jesús en lo alto del Naranco) puede despertar sentimientos muy distintos. ¿Es una figura tierna o punitiva? ¿Inspira devoción o miedo? ¿O mera indiferencia?

De acuerdo, no es imprescindible descender a tales profundidades. Pero tampoco es una pérdida de tiempo elevar la mirada hacia el Naranco una noche cualquiera y observar durante unos segundos a ese diminuto centinela que hace guardia con los brazos abiertos sobre la ciudad que duerme. n

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