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Opinión | Al final de la semana

Oviedo respira deporte

El resurgir de la competición al calor de las nuevas instalaciones

Una gimnasta durante sus ejercicios en el Nacional Base que se celebra en el Palacio de los Deportes.

Una gimnasta durante sus ejercicios en el Nacional Base que se celebra en el Palacio de los Deportes. / RFEG

No es cuestión de convertir la nostalgia en dogma de fe porque eso de que antes todo era mejor va mucho con la edad, las propias sensaciones y la generalidad de que ese «antes» te lleva a una juventud en la que, claro, faltaría más, todo era mejor. Pero sí es tangible y comprobable que hubo una época en que Oviedo estaba volcada con el deporte y que, de vez en cuando, algunas de las estrellas del momento se exhibían en la ciudad. A cualquiera con un mínimo de memoria (y años) se le vienen a la cabeza algunos de los grandes acontecimientos que pasaron por aquí. Después de una larga temporada de letargo y con la condición de Ciudad Europea del Deporte, la capital asturiana trata de recuperar el tiempo perdido. Los pasos son cortos y el terreno yermo por años de olvido, pero la primera siembra ya muestra brotes verdes, como aquellos de José Luis Rodríguez Zapatero en nuestra última gran crisis.

Por las calles del centro se ven estos días grupos de chavales en chándal de diferentes ciudades. Son gimnastas del Nacional de Base que se celebra estos días en el Palacio de los Deportes y aún faltan dos citas de ámbito estatal. Coincide en las fechas la gala de la Federación Española de Atletismo, nunca antes fuera de Madrid, y un espaldarazo a la construcción de la pista cubierta que ya crece en Ciudad Naranco. La marchadora María Pérez tuvo encuentros en colegios en ese papel evangelizador que, pacientemente adoptan felices los deportistas de especialidades minoritarias.

La edad de oro del deporte en Oviedo queda aún lejos y difícil de igualar. Al calor del estreno del Palacio de los Deportes llegó el Mundial de hockey sobre patines en 1976, que tuvo réplica más reciente en el Europeo de 2008. Aquel pabellón recién inaugurado y su pista cubierta sirvieron para reuniones de atletismo de primer nivel en los años 80, con intentos de récord del mundo como el de José Luis González en 1.500 metros en 1986 y meetings internacionales con figuras como Carl Lewis.

En esa misma década la ciudad vivió otro de sus grandes momentos con el Mundial de baloncesto de 1986, con la disputa de la fase semifinal y la presencia de algunas de las mayores estrellas del momento. Más adelante llegarían citas de menor recorrido, pero aún relevantes, como la Copa Davis de 2012, ya en el ocaso del Palacio y última gran competición de alcance internacional celebrada en una instalación que ya pedía una reforma a gritos.

Si la inauguración del Palacio fue la percha en la que colgar grandes citas en tiempos ya remotos, su reestreno después de la profunda rehabilitación se presenta como una gran oportunidad. Al tren se ha subido el Oviedo Baloncesto, que ya multiplica la asistencia de público y también el potencial del club.

El apoyo federativo a la futura pista del Naranco es una buena señal. La obra está en sus primeros compases, a la espera de que la instalación sea tan modélica como nos han contado. Lejos de allí, también para atletismo y al aire libre está San Lázaro, que bien podría ser el siguiente reto deportivo para la ciudad, pues las pistas se han quedado ancladas en el tiempo.

Después de mucho tiempo, Oviedo tiene mimbres para apoyar y apoyarse en el deporte. Ahora que hay y habrá instalaciones, será clave darles buen contenido. Será en beneficio de la ciudad.

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