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Paso a paso

Domenico Codispoti (piano) y la Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo brindan un concierto notable en la séptima entrega del año de la institución ovetense

La Sociedad Filarmónica de Oviedo acogió el pasado miércoles la séptima cita del año 2026: un ambicioso monográfico dedicado a Ludwig van Beethoven que permitió apreciar distintas facetas de su lenguaje, desde la introspección pianística hasta la energía sinfónica. El programa, interpretado por Domenico Codispoti -un habitual en el Teatro Filarmónica- junto a la Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo bajo la dirección de Pedro Ordieres, ofreció una lectura cuidada y en líneas generales convincente, con momentos de especial brillantez.

La velada se abrió con la «Sonata para piano nº 21 en Do mayor, op. 53 (Waldstein)», donde Codispoti mostró desde el inicio un enfoque intenso y emotivo. Su interpretación del «Allegro con brio» inicial destacó por el equilibrio entre ambas manos, un volumen cuidadosamente controlado y una precisa utilización del pedal. El discurso fluyó con claridad estructural, subrayando la arquitectura de la obra sin renunciar a una expresividad elegante que podría haber rozado la perfección si el instrumento gozase de una sonoridad más aterciopelada. Con todo, la ejecución fue lo suficientemente sólida como para suscitar incluso aplausos al término de este primer movimiento, algo poco habitual en el contexto de una sonata.

El segundo movimiento, «Introduzione. Adagio molto», fue abordado con una notable profundidad expresiva, evitando cualquier tentación de recreación excesiva en la sonoridad. Codispoti optó por un tempi conservador que favoreció la claridad de los balances internos, destacando especialmente el registro agudo del piano, tratado con delicadeza y refinamiento. La inclusión de sutiles rubatos aportó un interés añadido, enriqueciendo el carácter introspectivo de este número que conduciría a un «Rondó allegretto moderato» final de trabajo minucioso en los contrastes dinámicos.

La «Obertura Coriolano» corrió a cargo de la Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo, quien ya había inaugurado la temporada el pasado mes de octubre. A pesar de las limitaciones espaciales -con una disposición ajustada para albergar a todos los músicos sobre el escenario-, la formación ofreció una interpretación notable. La cuerda destacó por su homogeneidad: rotunda en los graves, gracias al peso de chelos y contrabajos, y brillante en la sección de violines. El conjunto se mostró ensamblado y muy flexible a las indicaciones de Pedro Ordieres desde el pódium, aplicando unos silencios abruptos que contribuyeron a intensificar la expresividad de la obra.

El cierre del programa llegó, en la segunda parte, mediante el «Concierto para piano nº 4 en Sol mayor, op. 58», donde Codispoti desplegó una paleta expresiva amplia, explorando todo el registro del instrumento con un lirismo refinado. Su pulsación, limpia y controlada, permitió articular con naturalidad tanto los momentos más cantables como aquellos de mayor densidad, culminando el primer movimiento en una cadenza repleta de musicalidad y carácter.

En el «Andante con moto», Codispoti logró una atmósfera de gran calidez y cierta nostalgia, sostenida por una orquesta contenida, arropando al solista con un acompañamiento medido, cuidadoso en el equilibrio dinámico y flexible en la concertación sin descuidar la afinación en ningún momento. El «Rondó vivace» final aportó un cierre luminoso y enérgico, con un diálogo ágil entre solista y orquesta, donde los planos y texturas se mantuvieron bien definidos. Las maderas brillaron especialmente en sus intervenciones, contribuyendo a una sonoridad equilibrada y dinámica, evidenciando la progresión de la orquesta -que continúa mejorando paso a paso- y el nivel de Codispoti, quien se ha convertido en una garantía de éxito en sus recitales en la capital del Principado.

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