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El mercadillo que ya es motor de su barrio

La cita comercial de los sábados en La Corredoria

El mercadillo de La Corredoria se ha consolidado en apenas unos meses como una de las iniciativas más importantes impulsadas por el Ayuntamiento de Oviedo. Bajo el liderazgo de nuestro alcalde, Alfredo Canteli, este proyecto nació con un objetivo claro: revitalizar el barrio más poblado de la ciudad y apoyar tanto al comercio local como a la hostelería. Hoy, con más de 70 puestos y una oferta que abarca desde textil hasta productos agroalimentarios, los resultados son evidentes.

Desde su puesta en funcionamiento en septiembre, el mercadillo no solo ha funcionado como un espacio comercial, sino como un auténtico punto de encuentro social y cultural para familias, turistas y visitantes. Las actividades de dinamización han atraído a miles de personas, generando vida en las calles y oportunidades económicas para decenas de familias. Ahora, con la llegada de la primavera, nuestro objetivo es reforzar ese impulso con talleres infantiles y propuestas folclóricas que consoliden su atractivo.

Sin embargo, frente a esta realidad, el grupo municipal socialista ha optado por instalarse en la crítica fácil y el titular sensacionalista. Las acusaciones sobre una supuesta falta de licencias entre los vendedores no solo carecen de base sólida, sino que resultan especialmente graves por lo que implican. Cuestionar la legalidad de quienes trabajan en el mercadillo sin aportar pruebas no es una oposición constructiva: es alimentar la sospecha.

Y es aquí donde sus mentiras y afirmaciones adquieren un cariz aún más preocupante, porque este tipo de afirmaciones, lanzadas de manera indiscriminada, rozan peligrosamente discursos que pueden derivar en prejuicios de carácter racista o xenófobo. Los vendedores del mercadillo no solo desarrollan su actividad con total legalidad, sino que representan el esfuerzo diario de quienes contribuyen a la vida económica y social de Oviedo. Ponerlos en el punto de mira sin fundamento no es fiscalizar la gestión pública, es señalar injustamente a personas que están trabajando para ganarse la vida.

Mientras los fieles escuderos del sanchismo y el barbonismo atacan a nuestros autónomos y comerciantes, nosotros continuamos trabajando sin descanso para evaluar mejoras técnicas y administrativas que nos permitan reforzar y consolidar el funcionamiento del mercadillo. Esa es la diferencia entre gestionar y limitarse a criticar: unos trabajan para consolidar proyectos; otros parecen más interesados en erosionarlos.

Pero hay otro elemento que no puede pasarse por alto: el contraste en las prioridades. Resulta significativo que quienes dedican esfuerzos a generar polémicas infundadas sobre un mercadillo guarden un silencio llamativo ante cuestiones de mayor gravedad, como las posibles responsabilidades del gobierno de Adrián Barbón en el trágico accidente en la mina de Cerredo, que costó la vida a cinco mineros, o los escándalos de corrupción que salpican a Pedro Sánchez y al partido socialista.

Con esta bajeza política, el partido socialista vuelve a demostrar que está en contra de Oviedo. Sus ataques reiterados a este mercado o a cualquier iniciativa del gobierno local reflejan una forma de hacer política cuya única ambición es tratar de torpedear todo aquello que suponga un beneficio para los ovetenses.

Como concejala de Economía, suelo acudir con frecuencia a este mercadillo para escuchar a los vendedores y me hubiese encantado que el partido socialista, antes de verter bulos malintencionados, me hubiese llamado para que les aclarase toda la información.

En poco más de un año, todos los partidos políticos volveremos a enfrentarnos al veredicto de las urnas, y no tengo ninguna duda de que los ciudadanos sabrán poner a cada uno en su sitio. El partido socialista acabará pagando el precio de una estrategia basada en oponerse de forma sistemática a todo aquello que impulsa el futuro y el progreso de Oviedo, especialmente cuando esas iniciativas están orientadas a mejorar la calidad de vida de los ovetenses.

El mercadillo de La Corredoria no es una iniciativa perfecta, pero su evolución demuestra que responde a una demanda real que está generando resultados positivos. Lo que necesita ahora no es ruido ni desinformación, sino continuidad, mejora y un debate político a la altura de los ciudadanos a los que sirve. Porque cuando el partido socialista abandona el rigor y abraza el bulo se debilita la confianza en las instituciones y en la propia convivencia.

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