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Asturias por bandera

La OSPA y El León de Oro hacen patria estrenando obras de Jorge Muñiz y Guillermo Martínez bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz

OSPA Concierto extraordinario de les Lletres Asturianes

Intérpretes: El León de Oro y OSPA

Director: Marco A. García de Paz

Programa: obras de Julio Domínguez, Josu Elberdin, Jorge Muñiz y Guillermo Martínez.

Auditorio Príncipe Felipe, jueves, 20:00 horas

El tradicional Concierto de Les Lletres Asturianes reunió sobre el escenario a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y al coro El León de Oro: dos de las formaciones autóctonas de mayor prestigio para brindar una velada muy interesante donde figuraban dos estrenos de compositores de la tierrina. Una lástima que los programas de mano no incluyeran algunas breves explicaciones de las mismas.

La apertura del programa estuvo a cargo de "Trébole", de Julio Domínguez, una partitura concebida más como una suite de inspiración popular que como una obra unitaria. A través de melodías tradicionales como "Ay de mí que me oscurece" o "Sal a bailar buena moza", el compositor construye un entramado sonoro que permite al coro desplegar sus recursos técnicos y expresivos. La interpretación puso de manifiesto una afinación impecable, un equilibrio notable entre las distintas cuerdas y un color vocal joven, sugerente y bien proyectado.

En una línea estética similar se inscribe "Asturies, suite astur", de Josu Elberdin, una obra de carácter más rítmico y directo, que conecta con el público de manera inmediata.   El estreno de la "Misa Novus Orbis", de Jorge Muñiz, constituyó uno de los momentos centrales de la velada. Se trata de una partitura ambiciosa para coro y orquesta que explora una amplia gama de registros expresivos. El "Kyrie" se inicia con un carácter sombrío, sustentado en la gravedad de la orquesta, pero evoluciona hacia pasajes de mayor lirismo, especialmente en su sección central, donde la cuerda mostró una notable homogeneidad y un cuidado trabajo dinámico. El "Gloria", por su parte, se reviste de solemnidad mediante el uso de metales y percusión, sin renunciar a momentos más íntimos, subrayados por las maderas con un lenguaje de marcada teatralidad. El coro afronta aquí una escritura exigente, con frecuentes cambios de registro y textura, que evidencian tanto su versatilidad y su calidad para ajustarse a todo tipo de repertorios. El desenlace, construido a partir de silencios dramáticos, pizzicati y una fuga final, mantuvo la tensión hasta el último compás, con un equilibrio sonoro cuidadosamente gestionado bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, a quien no le pesó su debut al frente de la OSPA y desarrolló un trabajo sobresaliente durante la velada.

La "Sinfonía nº 1 Hathor, Madre del Universo", de Guillermo Martínez, es una obra que revela una notable madurez compositiva. El primer movimiento despliega una escritura brillante en la que se percibe cierto carácter épico articulado mediante una orquestación rica en matices. La OSPA respondió con una sonoridad poderosa y refinada, destacando la claridad de los planos y la calidad de los solos, con mención especial para el clarinete, delineando con cuidado las principales líneas melódicas. El segundo movimiento introduce al coro femenino, cuyas intervenciones aportan un carácter casi arcaico, con interjecciones que evocan lo primigenio y lo ritual y donde las melodías, con amplio recorrido, se integran orgánicamente en el tejido orquestal, generando una atmósfera sugestiva y evocadora que Marco Antonio García de Paz potenció a través de un discurso ágil y fluido.

En el tercer movimiento, nuevamente protagonizado por la orquesta, se apreciaron algunos de los momentos más logrados. El concertino asumió un papel destacado, con intervenciones de gran expresividad, en un contexto sonoro enriquecido gracias a la amplitud de la plantilla y al uso destacado de la percusión. El cuarto y último número retoma la dimensión vocal con un tratamiento elegante y estilizado, propio de un compositor que conoce bien las posibilidades del instrumento. El crescendo final, de gran efecto, llevó al límite a las sopranos que, no obstante, resolvieron con brillantez una escritura exigente, manteniendo un timbre cristalino y un volumen apropiado.

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