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Zarzuela en las dos orillas

Gala lírica. XXXIII Festival de Teatro Lírico

Teatro Campoamor

Jueves 30 de abril

La Gala Lírica del XXXIII Festival de Teatro Lírico Español, con la primera parte dedicada a zarzuela española y la segunda, a zarzuela cubana, ha confirmado la rica diversidad del género en España e Hispanoamérica, con fragmentos de exigente vocalidad para la soprano Ruth Iniesta y el tenor Jorge de León, dos cantantes españoles de trayectoria internacional, excelentemente acompañados por la orquesta Oviedo Filarmonía, dirigida por el asturiano Óliver Díaz, uno de nuestros directores más reconocidos en Europa y América.

Zarzuela en las dos orillas

Ruth Iniesta, el jueves, durante la gala lírica del Campoamor. / Juan Plaza

Las zarzuelas españolas seleccionadas para la primera parte, compuestas entre 1901 y 1936, parte no eran títulos demasiado habituales. La sesión se inició con el Preludio de La torre del oro (1902), zarzuela en un acto de Giménez, que mezcla elementos wagnerianos e hispanos, con ritmos de fandango, malagueña y zapateado. La brillante versión de OFIL y Óliver Díaz mostró la riqueza tímbrica de la orquesta.

Siguieron tres números de La Dogaresa (1920), zarzuela en 2 actos de Rafael Millán ambientada en Venecia y apenas interpretada: las romanzas de Marietta y Paolo para las presentaciones de Iniesta y De León, y el dúo de ambos. Los tres números fueron muy aplaudidos, especialmente el dúo.

Como guiño asturiano, la orquesta interpretó el Intermedio de la zarzuela en 3 actos La pícara molinera (1928), de Pablo Luna, también muy aplaudido.

Vino después el pasaje bien conocido de la zarzuela en 2 actos La Dolorosa (1930), de Serrano, "La roca fría del calvario". Este exigente fragmento, desde su estreno en el repertorio de los tenores españoles, obtuvo una fuerte ovación. Siguió la conocida polaca de Elena "Me llaman la primorosa", de la zarzuela cómica de Nieto y Giménez El barbero de Sevilla (1901), primorosamente cantada por Ruth Iniesta, que cosechó también numerosos bravos en este exigente número que combina elementos españoles y belcantistas. La primera parte concluyó con el dúo de amor (número 4) de Marola y Leandro, de La tabernera del puerto (1936) de Sorozábal. Los bravos y aplausos ratificaron la excelente recepción del público.

La segunda parte presentó música de los tres compositores más relevantes de zarzuela cubana: Rodrigo Prats (1909-1980), Ernesto Lecuona (1895-1963) y Gonzalo Roig (1890-1970). El Lamento esclavo de Prats, que inició esta parte, impuso un cambio de sonoridad hacia los ritmos caribeños, especialmente el danzón cubano, con el uso típico de la pequeña percusión, y la hermosa sonoridad contrastante orquestal. Siguió la Romanza de Agustín, "Qué negra y qué triste", de Soledad (1932) también de Prats, y dos números del sainete lírico de Lecuona María la O (1930): la romanza de la protagonista, "Mulata infeliz", y el dúo de María la O con el Niño Fernando, "Me engañabas". Todos los números lograron aplausos y bravos.

El bloque final ofreció cuatro pasajes de Cecilia Valdés (1932), comedia lírica de Gonzalo Roig: la brillante Contradanza orquestal, más próxima al "tico-tico" que a la habanera; "Dulce quimera", hermoso bolero para tenor; "Sí, yo soy Cecilia Valdés", precioso número a modo de suite de danzas cubanas; y el Dúo de Leonardo y Cecilia, de carácter "neo-verista". Los fuertes aplausos y los bravos condujeron a la interpretación de dos "propinas": el Dúo-habanera "Cuando se quiere de veras", de El servicio militar obligatorio de Gonzalo Roig; y el popularísimo tango-congo "Ay, Mamá Inés", dúo de Niña Rita o La Habana en 1830, de Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona, cantado y bailado por el público, y repetido de nuevo con el maestro Óliver Díaz en escena.

Una noche muy grata, con tres solistas de primer nivel –Ruth Iniesta, Jorge de León y el maestro Óliver Díaz–, una orquesta brillante y efectiva, en la que debemos citar a la concertino Marina Gurdzhiya y la clarinetista Inés Allué, y un público satisfecho.

Lástima que coincidiera con el concierto de les Lletres de OSPA, pero en una ciudad musical como Oviedo hubo público para todo.

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