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El camino correcto

Del fortín de Pumarín al impulso del Palacio, el Oviedo Baloncesto consolida una estructura que invita a mirar más arriba

Nunca antes el baloncesto de Oviedo había estado tan cerca de la gloria. Dos victorias y el salto inicial de la próxima temporada será contra alguno de los mejores. El concepto de semifinal por el ascenso a la máxima categoría ya lo conoce el equipo ovetense, pero en aquellas dos ocasiones había por medio una serie a cinco partidos. La cuestión es que el 6 de junio en La Coruña, un histórico, el Estudiantes, medirá al OCB sin red de seguridad. Sería de necios negar la dificultad del asunto y las considerables probabilidades de que la novela no reserve un final de cuento de hadas. Pero, sea como sea, la realidad del club da para pensar que a esta gente solo le pueden pasar cosas buenas.

No siempre fue todo tan bonito como este viernes, con 5.500 personas entregadas en un Palacio repleto, bufandas al aire, y el "Asturias, patria querida" a toda pastilla. En este club sabían que necesitaban jugar en el Palacio. Que era vital, no solo para cumplir con las normas de la competición (capacidad para más de 2.500 espectadores para LEB Oro) sino que era un imprescindible para crecer. Crecer en todos los sentidos, que al final eso lleva a ser más fuerte y ser más fuerte te hace llegar a situaciones tan envidiables como de la de ahora.

El OCB creció en Pumarín, allí se hizo querido y, de un modo romántico y con un punto heroico, construyó su fortín. Al tiempo que el club desbordaba su sede, las autoridades deportivas acelerban con su exigencia de la mejores instalaciones.

Las peticiones en voz alta se hicieron incómodas y llegó a planear la duda de si el OCB podría continuar en la ciudad o tendría que irse en busca de pabellón a Gijón o a Langreo. No habría tenido un pase. Era noviembre de 2020 y la incomodidad se palpaba en el ambiente.

Cinco años después de aquello, el Oviedo Baloncesto comenzó la temporada en el nuevo Palacio de Deportes de la ciudad, remodelado cuando cumplía los 50 años de su construcción. Y nada pudo salir mejor, porque el salto ha sido exponencial, sin rastro de las advertencias de algunos agoreros o estrechos de mente que temían perder el encanto del equipo por dejar Pumarín.

Los números de esta Liga hablan por sí mismos. Con 3.500 socios la media de asistencia ha estado en 4.500 espectadores. El club conocía los gastos de la categoría pero no podía imaginar que el Palacio les iba a dar esa gran oportunidad en la casilla de ingresos: más que nunca y más de lo que pensaban.

Con el Palacio a pleno rendimiento, el OCB entra en otra dimensión. Crece su peso en Oviedo y gracias a la nueva instalación y a una gestión cabal y equilibrada, atrae a la afición asturiana al baloncesto. Es un equipo metropolitano, como le gusta bromear a Fernando Villabella, su presidente.

La construcción de un proyecto realista da frutos también en una cantera con cuarenta equipos, entre los de club, los colegios y las escuelas municipales. Esta temporada, Jorge Arias, en la casa desde niño, tiene minutos importantes en el primer equipo.

El desenlace está por escribir. Lo que parece más difícil es pensar que un club que trabaja así no termine jugando algún día donde merece: en la ACB.

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