Opinión | Crítica / Danza
Prometeo trae el fuego al Campoamor
El Ballet Grand Avignon recreó el mito con escenas atmosféricas y estilo minimalista que el público premió
«Prometeo»
Ballet de la Ópera Grand Avignon.
Coreografía de Martin Harriague.
Festival de Danza de Oviedo.
Teatro Campoamor, 29 de mayo
Antes del auge del Ballet Romántico en los albores del siglo XIX, no hubo grandes músicos que se dedicaran a componer para ballet, pues es a partir de esa época cuando empieza el apogeo de este arte. Sería Beethov en uno de los primeros en hacerlo, en 1801, con su obra "Las criaturas de Prometeo" dedicada al mítico titán griego con una coreografía de Salvatore Viganò, maestro de baile de la Corte Imperial de Viena. El ballet original no se conserva pero sí la partitura del alemán.

Prometeo trae el fuego al Campoamor
El viernes, cerró el Festival de danza de Oviedo el Ballet de la Opera Grand Avignon con "Prometeo". La puesta en escena, el diseño de luces y la coreografía se deben a su director Martin Harriague, del cual ya se han visto por aquí algunos de sus trabajos. En esta versión, además de la música de Beethoven se añaden fragmentos en una dimensión contemporánea del compositor Fabien Cali.
Este relato mitológico ha inspirado a artistas, escritores, músicos, coreógrafos, pintores a lo largo de la historia. Una de las representaciones más conocidas de este personaje, que según la leyenda, en acto de rebeldía y generosidad, trajo el fuego a la humanidad, es la gigantesca estatua dorada que se encuentra en el Rockefeller-Center en una de las plazas más visitadas de Nueva York.
La obra épica cuenta que Prometeo roba el fuego a Zeus y se lo entrega a los humanos, que él mismo había creado del barro, para darles vida y llevárselos al Parnaso en donde varios dioses los instruirán en las artes y las ciencias. Zeus se enfurece y encadena a Prometeo en una roca en un monte en el Cáucaso en donde un águila venía cada día a devorar su hígado, que se regeneraba cada noche, hasta que fue liberado por Heracles.
La producción de los franceses que se estrenó en 2025, lejos de basarse en una línea argumental concreta, se ha dejado envolver por escenas atmosféricas en una exposición de actos cada uno dividido en segmentos cortos y siempre desde un estilo muy abstracto y minimalista, con una vestimenta sencilla y escasa, en color carne o blanca, compuesta de retazos de tela, torsos escasamente cubiertos y piernas desnudas.
Se desarrolla en un universo de espacios alegóricos y simbólicos. La escena se transforma alternativamente en un taller o paisajes míticos matizados por el juego de la luces y la sombras. Con la intensión de recalcar los hechos y los personajes relacionadas con la fabulosa leyenda se utiliza la exposición visual de siluetas en negro con poses estáticas como el águila, las cadenas y rayos. Aparecen antiguos guerreros con cascos, arcos y flechas, cuyos perfiles parecen extraídos de vasijas griegas, así como grupos tocando enormes tambores. La percusión también se produce por los fuertes golpes efectuados con las manos de los bailarines contra el suelo. Hubo dos pasajes en los que se refieren a una sala de museo que me parecieron irrelevantes, además de romper el tempo.
Todo sucede en un escenario limpio y blanco. Cuando se abre el telón, en medio de un gran silencio, se ven a dos figuras de arcilla, un hombre y una mujer, acostados sobre sendas camillas de ruedas. Ambas comienzan a desperezarse, aunque necesitan ayuda. Poco a poco se van transformando en humanos mientras exploran sus cuerpos y aprenden a moverse de forma sofisticada, y una vez traídos a la vida se expresan en un lenguaje enérgico brincando y bailando.
El coreógrafo aborda un estilo de danza desde un perspectiva contemporánea que abarca un amplísimo rango de actuaciones y movimientos y un extenso vocabulario de gestos y expresiones corporales, como grandes saltos, carreras y acrobacias ejecutadas con ímpetu por el conjunto, así como intrincadas participaciones de los solistas.
En la narración mitológica original se incluye a Pandora y su temida caja, pues ella seduce a Epimeteo, hermano del titán. Sin embargo en este ballet ella no comparece y el hermano solo lo hace tangencialmente ya que se opta por destacar prioritariamente la relación entre Prometeo (Kiryl Matantsau) y Zeus (Sylvain Bouvier). Al final, Prometeo parece terminar absorbido y se convierte en arcilla como sus criaturas. El público los premió con un largo y caluroso aplauso.
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