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Opinión

Ignacio García-Arango

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos

Avelino Acero Díaz

Vicepresidente del Foro Jovellanos

El papel lo aguanta todo, la realidad: no

El debate sobre la Ronda Norte cuestiona años de políticas de "nueva movilidad" en Asturias

Nos asombró la noticia que viene en LA NUEVA ESPAÑA del pasado día trece acerca de las declaraciones de don Alejandro Calvo, referentes a la Ronda Norte de Oviedo. Ello por dos cuestiones, una interna y otra global para el centro de Asturias.

La primera es que esa ronda no se necesita para conectar las redes de autopistas nacionales, pues la circunvalación desde la autovía autonómica AS-II hasta la estatal A-63 (Oviedo-La Espina) está resuelta; de modo peor entre la AS-II y la Y por haber abandonado el Principado el tramo de Lugones a Matalablima, iniciado durante la presidencia de don Sergio Marqués.

En cambio, ella es absolutamente necesaria para el tráfico interno de la ciudad.

La involucración del hoy MITMS en ella se derivó de una petición del alcalde de Oviedo, don Gabino de Lorenzo, al Ministerio de Fomento, que fue atendida por el señor ministro de aquella época. El alcalde intentaba resolver el problema que se derivó de la edificación de las urbanizaciones al pie del monte y que colmataron todo desde San Claudio hasta La Ciudad Naranco. De ello nacieron los problemas de movilidad interna en una zona antes poco edificada salvo en las áreas próximas a la mencionada Ciudad Naranco y a La Argañosa. Si se hubiera mantenido la sensatez urbanística no habría problemas ni para el conjunto de Oviedo ni para los habitantes del pie del Naranco.

Pero como los hay, hay que afrontarlos y, aunque es un problema de Oviedo, es lógico apoyar a la ciudad, pues el fin común es el bienestar de los españoles. El Principado está más implicado y por eso el señor consejero no debía «darse mus». Desde ahí todos, conjuntamente y desde la buena fe mutua, deberían buscar una solución razonable sobre la base de la comprensión, porque no se puede dejar a una importante zona de Oviedo incomunicada internamente y con solo cuatro salidas, desvertebradas por Prados de la Fuente, por el cruce entre Pepe Cosmen y la avenida de Santander, por la carretera de los Monumentos del Naranco y por San Claudio.

En nuestra opinión la ronda hace falta y, bien diseñada, no afecta demasiado al pie del Naranco. Lo que lo afectó fueron las urbanizaciones salvajes que hoy nadie recuerda.

El señor consejero exigió confusamente en la Junta, como alternativa, que el MITMS construya un tercer carril en parte de los tramos de las autovías A-66 y A-63 comprendidos entre Matalablima y Latores; después, en el periódico del día 15, se dibuja la propuesta de un, técnicamente ininteligible, carril entre la glorieta de Cerdeño y el cruce de la Ronda Sur para que el tráfico interno de Oviedo pueda ir por la autopista A-66, que se seguirá atascando, pues el tapón está fuera: en Cerdeño.

Al margen de no parecer realista, ello abre otra cuestión que afecta a toda el Área Central, pues ha dicho que el tramo citado tiene ya una IMD de 60.000 vehículos y que hay que ensancharlo, al igual que el Matalablima-Lugones. No entramos en analizar la obra, pero sí en que ha destapado una contradicción que destroza todo el relato oficial de los últimos años con respecto a la Y asturiana.

Lo decimos porque, si se reconoce que este tramo está saturado, más lo estará el peor de la Y, que es el que hay entre Lugones y Serín. Ello se previó hacia 2004. En consecuencia, se solicitó autorización para hacer un estudio para que después se desarrollase en varios proyectos que, dentro de la explanada existente y sin salirse de ella para no generar estériles debates falsamente ambientales, pudieran crear un tercer carril completo entre Oviedo, Avilés y Gijón, acompañado de una recomendación —las otras vías no son de competencia estatal— para que, a través de las rutas urbanas, se unieran las diversas estaciones de autobuses.

Después de un cierto trabajo para resolver dificultades, superar conflictos y vencer problemas técnicos variados, se consiguió armar una propuesta que fue aceptada por la señora ministra, que autorizó la redacción de los proyectos para su construcción posterior; ello fue refrendado por su sucesor.

A continuación todo se anuló. Primero, a raíz de la crisis hubo una drástica restricción presupuestaria. Más tarde se introdujo la teoría de la nueva movilidad, que descalificaba y desechaba las teorías clásicas de la ingeniería de tráfico, que consideraban tanto el reparto modal como la composición de tráfico dentro de cada uno de ellos como el resultado de un sistema de funciones derivado, en último término, de la libertad humana de movimiento.

De acuerdo con ella, las conclusiones antes obtenidas eran erróneas, pues según los nuevos paradigmas y en función tanto de los incentivos establecidos como de las trabas a introducir contra el vehículo privado, el comportamiento humano se iba a ajustar a los criterios considerados como políticamente correctos y, por tanto, el tráfico por la Y iba a disminuir en favor de otros modos colectivos de transporte, entre ellos el ferroviario, que iba también a captar mercancías.

En función de esa decisión se desechó la posibilidad de la ampliación, que solo se mantuvo para el tramo Matalablima-Lugones, ya terminado. El Gobierno del Principado asumió y aplaudió la decisión de no ampliar la capacidad de la Y.

Esta nueva exigencia a Madrid del señor consejero, unida a que cada vez hay más atascos debidos a causas variopintas, nos dice que la capacidad de la Y está, tal como se preveía hace 22 años, en el límite. Ante ello cabe volver cierta la teoría de la nueva movilidad, pues todas las teorías —tanto la vigente como las anteriores— no se descalifican más que por no ajustarse sus previsiones a los hechos; en consecuencia, solo cabe forzar esos hechos al aplicar el criterio de prohibir lo que no sea obligatorio.

Ello implicaría limitar la circulación por la Y únicamente a lo que se autorice, y asimismo determinar cuándo y cómo se puede mover cualquier persona o mercancía. Es decir, imponer a los ciudadanos la manera de vivir en función de los criterios de unos benefactores más sabios, progresistas y conscientes.

Otra alternativa es no hacer nada y asumir las dificultades que se produzcan, tanto en la propia Y asturiana como en los medios alternativos de transporte. Ello es obviamente desagradable e impopular.

Existe una tercera opción que sostenemos: defender la libertad humana y facilitarla en un clima de respeto mutuo, aunque ello contradiga dogmas tan sublimes como el de la nueva movilidad pues, tal como dijo Galileo, la Tierra se mueve.

Por eso sugerimos volver a repensar si son adecuadas las hipótesis hechas para fijar los criterios de detalle sobre la base de la nueva movilidad. Y, en consecuencia, esta, por lo que sea —no vamos a entrar en que quizá porque las cercanías ferroviarias son un desastre dado que, por encima de otras deficiencias, su red no es la idónea para atender a las nuevas necesidades y por eso no funciona; o tampoco en por qué el ser humano es rebelde—.

En ese contexto, proponemos volver a retomar el ensanche completo de la Y para que siga siendo la Calle Mayor de Asturias.

En nuestra opinión es la solución más adecuada en una sociedad libre en la que todos estamos obligados a cumplir las leyes, pero no a ajustar nuestros comportamientos a lo que mande el gobierno de turno, dado que los seres vivos nos ajustamos a las leyes de la naturaleza, pero no a los modelos que establecen los gobernantes. n

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