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Yago González

Yago González

Redactor de Economía.

Lo nuevo de «Oviejo»

Concierto en Kuivi Almacenes, en Oviedo.

Concierto en Kuivi Almacenes, en Oviedo.

¿Es Oviedo ciudad de abolengo? Si entendemos esta palabra según su quinta acepción en el diccionario de la RAE («propio de los antepasados, antiguo, tradicional»), muchos opinarán que sí, que sus habitantes han tenido siempre a galardón unos gustos clásicos. Ese imaginario de corte vetusto (ópera, teatro, zarzuela, señoras con abrigos de visón, joyas como las de un expresidente socialista…) ha contribuido al mote peyorativo de «Oviejo». Y, como todo prejuicio o caricatura, contiene parte de verdad.

No obstante, una ciudad (incluso una pequeña como «Oviejo») siempre es más variada que lo que sugieren sus críticos (esos «críticos» suelen ser el ecosistema de la oposición municipal del momento). Y también en «Oviejo» están surgiendo locales y proyectos de vocación más juvenil y renovadora.

Véase La Casa Rosa, el chalet modernista de Prao Picón, junto al Seminario, que destaca como una de las iniciativas de ocio más singulares que se han puesto en marcha en la ciudad en los últimos tiempos. A caballo entre el local de copas y el museo, el cliente de La Casa Rosa puede tomarse algo en sus distintas habitaciones/salas y admirar los cuadros de las exposiciones que allí se acogen. El chalet dispone de terrazas en las que atizarse un gintonic mientras se disfruta de unas magníficas vistas de «Oviejo». Allí, las conversaciones sobre música, geopolítica, tecnología o incluso fútbol adquieren un par de grados más de sofisticación y elegancia. Es un buen lugar para una primera cita.

Si La Casa Rosa es la nueva referencia en la zona este, hay que caminar exactamente dos kilómetros para acercarse al baluarte del moderneo de la oeste: el Kuivi, en la calle Almacenes Industriales, en Ciudad Naranco. Después de 30 años de abandono, el recinto se transformó en 2024 en un espacio de música alternativa que alberga conciertos de artistas emergentes. El local, que mantiene la estructura de nave industrial y las paredes de ladrillo visto, tiene el aroma de esas discotecas berlinesas donde el joven ‘indie’ tiene que haber estado al menos una vez en la vida para ser alguien. «Tiene un rollo muy berlinés», hay que decir siempre que se habla del Kuivi.

¿Que si el Kuivi es un espacio politizado? ¡Les agradezco la pregunta! Toda iniciativa cultureta suele ser objeto de colonización ideológica por parte de la izquierda (más o menos extrema). Esto no sorprende a nadie y tiene su explicación: los proyectos artísticos colectivos o comunitarios suelen emparentarse con ideas contestatarias que tradicionalmente han encontrado cobijo en la izquierda. Ha sido así en Nueva York, en San Francisco, en Londres y en Madrid, y «Oviejo» no iba a ser una excepción.

Pienso que la cultura, el Arte con mayúscula, sirve precisamente para unir a los que tienen ideas diferentes. En el concierto de la banda idolatrada se abrazan el del Madrid y el del Barça, el del Oviedo y el del Sporting, el de «nos fríen a impuestos» y el de «viva la sanidad pública». La expresión artística es uno de los más eficaces pegamentos humanos y, sinceramente, si para disfrutar de ella hay que orinar frente a pegatinas de la «oficialidá» o «Palestina libre», no me importa pagar el tributo. Todo sea por contribuir un poco al «lifting» de «Oviejo».

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