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Fantasmas

La abuela gallega de Gabo contaba historietas de fantasmas que tanto le influyeron. Tía Lelé me puso a leer la edición príncipe de «Cien años....» en Barcelona, Lelé y Gabo tenían amistades comunes: los Fontana Hervada, cuñados de ella, Néstor Luján, Álvaro Cunqueiro... Mucho juego dieron los fantasmas en la Literatura contemporánea, y, que yo sepa, también en la grecolatina donde encuentras de continuo dioses belicosos, también, ya unificado todo el paganismo, reaparecen en el remedo renacentista/barroco y, aún, con peldaño dibujado hacia el Parnaso del Comic, retorcida palabreja moderna, y de los tebeos de Pulgarcito, Carpanta, Rompetechos, Rodolfito Mantecoso... Estos seres inanimados, dotados de insinuada invisibilidad, sábana blanca o grisácea, encontraron sitio, saneado por cuadruplicado, en el honorable diccionario de la RAE.

¿El «Fantasma de Canterbury» era dublinés de lengua materna como Oscar Wilde, su popular gran difusor, o inglesa tal el titular del Castillo de Caterville o quizá estadunidense de la familia que, en el relato, expresa escepticismo a la antiquísima superstición tradicional?

En el Palacio de Santa Cruz o Casona de los Navia-Osorio, en Las Caldas, las Termas Altas, oxímoron grato a Clarín, se creía habitaba un fantasma que José María niño temía toparse mientras su padre, Javier Navia, le tranquilizaba diciéndole que si aparecía bastaba defenderse preguntándole su nombre completo que demostraría eran, por familia, inmunes. La novelista, Luisa Navia Osorio, cuyo «Los agujeros del gusano» es de momento el último epígono de la nómina «La bien novelada», hermana de José María, no tiene todavía ese fantasma en su explícito mundo ficcional pero, a buen seguro, es reto que acabará entrando tras las recientes exitosas incursiones en la novela llamada negra.

Phantom, o como quiera que se grafíe, es el pretendidamente invisible e insonoro avión de combate americano que en su último modelo intenta esas propiedades sigilosas de fantasmas.

Si la grandísima novela de García Márquez está, y con ella la Literatura universal, impregnada de Fantasmas, también el último hito editorial, «Historia de Fantasmas», de Siri Husvedt, la viuda de Paul Auster. Hustvedt sostiene que el amor no es, ni puede ser, ciego.

Con Siri los fantasmas no son de verdad sino que existen por un desaparecido Paul, que revive su amada junto a tantos objetos, espacios y olores que fueron suyos. Por mi parte, también había dejado lugares comunes para que Eloína me recordara pero quiso la vida, o el azar, que contra todo pronóstico ella premuriese yéndose con todas las señales que yo minuciosamente le iba dejando. En una ocasión le tocó compartir habitación hospitalaria con quien alegaba había muerto antes y regresado por lo que, en voz muy bajita, me pidió le preguntara cómo era la otra Vida, «nunca se sabe lo que puedes aprender de personas sencillas y anónimas que te descubren mundos inexplorados por ti». El humor no faltó en los varios lacerantes ingresos. Los fantasmas de su amor, en cualquier caso, quedaron para mí solito.

Leer a Hustvedt es casi como rehacer mi propia experiencia de viudo recién.

Por casualidad he pisado parajes en que, aparte Las Caldas, fueron de fantasmas: la Embajada de España ante la Santa Sede de la romana Piazza di Spagna, donde albergaba la leyenda desde hace siglos del emparedado fantasma el adúltero Fray Piccolo, que la periodista Paloma Gómez Borrero asegura haber visto; la Casa de América, Palacio de Linares, en que almorcé invitado por Alfredo P. Rubalcaba, junto a Sarkozy, entonces ministro, concurriendo su fama francesa de fantasma en señorial Casa de Fantasma; un Hotel de Coral Gables, al sur de Florida, en que el recepcionista con total convencimiento me explicoteó que no me preocupara por los decires demasiado frecuentes pues la Propiedad había espantado con total éxito al fantasma ya en los años treinta y, por último, el parisino Palais Garnier, construido sobre lago desecado y otras ruinas aledañas generando la leyenda del Fantasma de la Ópera, enriquecida luego en varios registros dramáticos.

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