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Roberto Pérez Pastor

La alcaldesa

Vetusta entera salió a la calle para veria caminar descalza. La Regenta avanzaba como penitente en la procesión, arrastrando los pies sobre el empedrado mientras el pueblo se apretaba a los lados: unos rezaban, otros murmuraban, casi todos miraban. La ciudad no la expulsaba, la ponia en el centro, visible en unos términos que ella no elegia. La miraba para poseeria. La consagraba para administrarla.

Es lo que Simone de Beauvoir formuló décadas después: la mujer no comparece como sujeto autónomo, sino como lo Otro, definida siempre en relación con quien ocupa la posición de lo universal. Ana no era simplemente Ana. Era la esposa del Regente, la penitente del Magistral, el deseo de Mesía, el escándalo de Vetusta. Ocupaba el centro físicamente, pero eran otros quienes decidían qué significaba su presencia.

Oviedo terminó por convivir con La Regenta hasta convertirla en estatua. Una mujer de bronce no disputa presupuestos ni altera el reparto del poder; puede ocupar una plaza porque ya no reclama nada. Una ciudad puede rendir homenaje a una mujer de bronce sin haber resuelto su relación con las mujeres reales.

Una organización también.

Su método es más discreto que una estatua: no niega la palabra, narra a la mujer siempre a través de otros: la del equipo de Javier, la que integró la candidatura de Wences, la que trabajó en la cámara, la que fue concejala en Nava y directora del Instituto Asturiano de la Mujer. Cada dato es cierto. El problema empieza cuando la enumeración deja de servir para comprender una biografía y se convierte en un inventario de dependencias. A Almudena no se le niega formalmente la palabra: se decide de antemano quién habla por ella cuando ella habla. Cuando acompaña, su experiencia suma, cuando decide encabezar y liderar, esa misma experiencia se reinterpreta como dependencia.

Pero Almudena no es la suma de los nombres con los que coincidió, ni de las instituciones en las que trabajó, ni de los cargos que ocupó. Tampoco es la emisaria de un relato ajeno. Es una mujer que ha decidido asumir la dirección de un proyecto colectivo, y el intento de resituarla comienza exactamente cuando otros se atribuyen el derecho a explicar que significa esa decisión o quién estaria detrás de ella.

Ciento cuarenta años después, una organización se dispone a decidir si coloca a otra mujer en el centro para observarla, o si le reconoce por fin el derecho a trazar el camino y el futuro de nuestra ciudad.

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