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Ética y política

Las nuevas propuestas ante las primarias en el PSOE de Oviedo

Todavía conservo en mi poder un magnífico ejemplar de «El Príncipe», la obra escrita en 1513 por el florentino Nicolás Maquiavelo. En mi caso, se trata de la edición comentada por Napoleón Bonaparte, que adquirí como libro de obligada lectura en mis lejanos estudios de Derecho. Lo cierto es que la leyenda negra que acompaña, casi desde su publicación, a esta obra (leyenda propagada, sobre todo, por aquellos que nunca la leyeron), radica en la supuesta falta de moralidad que se propugna en sus páginas para todo aquel que quiera participar en la vida pública. Así, para todos esos detractores, el estereotipo del político «maquiavélico» corresponde al de un gobernante sin escrúpulos, taimado y que no duda en utilizar todas las artimañas a su alcance, incluidos el engaño y la traición, para llegar y mantenerse en el poder. Nada más lejos de la realidad. Lo que el genial florentino defiende en toda su obra (incluidos sus imprescindibles «Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio») es la existencia de una ética política, propia y específica del ámbito político. «El Príncipe» se convierte así en un auténtico compendio de consejos para un buen gobierno, algo así como un verdadero tratado de ética política.

Estoy seguro de que los compañeros y compañeras candidatos que han participado en el proceso de primarias de la Agrupación Municipal Socialista de Oviedo habrán leído más de una vez esta obra; y, sin embargo, en su actuación política, algunos de ellos se han conducido de una forma tan alejada a lo que propugnaba el propio Maquiavelo, que seguramente este se habrá revuelto, en más de una ocasión, en su tumba de la Basílica di Santa Croce de Florencia. Y a estas alturas del partido, alguno de estos autoproclamados adalides de la nueva política ya debería saber que, como señalaba Maquiavelo, «pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos». Y es que quienes llevamos ya algunos años participando de la cosa pública advertimos que, cada cierto tiempo y de manera recurrente, aparece un postulante dispuesto a anunciar el comienzo de una nueva era. Un candidato que promete romper con todo lo anterior, liquidar las viejas formas de hacer política y presentarse como el primer político libre de los vicios que denuncia. Es un fenómeno tan antiguo como la propia democracia, aunque hoy tenga un nombre preciso: adanismo.

El problema es que esa retórica suele convivir con una profunda impostura. Quienes proclaman que vienen a derribar el sistema no pocas veces son producto del propio sistema. Han hecho carrera en el partido, han ocupado cargos públicos o se apoyan en las mismas estructuras que dicen combatir. Cambian el discurso, pero no necesariamente las prácticas.

Y lo cierto es que las redes sociales han amplificado este fenómeno. La lógica de la comunicación digital premia los mensajes simples y las promesas rotundas. Reconocer matices, admitir que los que estaban antes pudieron acertar en alguna ocasión o aceptar que existen problemas sin soluciones inmediatas resulta mucho menos rentable que proclamar el nacimiento de una «nueva era».

Contaba mi admirado Vázquez Montalbán que, cuando Carrillo decretó en el IX Congreso del PCE, allá por abril de 1978, la desaparición del, hasta entonces inamovible, dogma marxista de la Dictadura del Proletariado, muchos viejos camaradas le cogían por la manga de la chaqueta y le decían: «Bueno, eso está bien de cara a la galería, pero la dictadura del proletariado llegará, ¿verdad, Santiago?». Y así, la actitud de aquellos viejos militantes comunistas me recuerda mucho a la actuación de todos los compañeros que acudieron estos días a votar por aquellos candidatos y candidatas que prometen «un nuevo amanecer», para a continuación comprobar, con estupor, cómo sus candidatos incurren en las mismas prácticas que prometían abolir y proceden a vender la piel del oso de los puestos y prebendas antes de cazarlo. Y así, todos estos sufridos militantes, tras depositar su voto, se acercarán a su inmaculado candidato y, tirándole de la manga de su camisa, le susurrarán suplicantes: «Bueno, todo esto que dicen los medios no es más que una "caza de brujas" de tus rivales en connivencia con unos periodistas hostiles; porque ahora sí comienza la verdadera regeneración, ¿verdad, compañero?»

Jorge García Monsalve es militante de la AMSO y concejal socialista en el Ayuntamiento de Oviedo

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