Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Falleció Orlando, aunque no estoy muy seguro

Me escriben / llaman varios amigos para comunicar el triste fallecimiento de Orlando Sanz pero la inseguridad deviene no tanto de su creíble edad, candidata a la parca, y de que hubiese desaparecido de mi relación cotidiana sino que por muchos esfuerzos para encontrar su esquela me enfrentaba a un exigente «no molestar» impuesto a los suyos para no incomodar con asistencia a ritos de despedida. Comprensible conociéndole un poco. Hubo momentos antaño que, depositado este rotativo mañaneramente a la puerta de casa, me afanaba, sin duda síntoma freudiano egocentrista, en buscar «El León riente», bajo trama gráfica de la leona situada al acceso lateral público consistorial. Inmediata y simultánea, hasta que el dibujante se largó a Pekín, y ya junto a Orlando’s column, genitivo sajón, firma a su altura de Pedro Pablo Alonso, que me entraba también por los ojos junto a la viñeta de Pablo García, convertido en personaje grueso, lo que yo supe a partir de verme caricaturizado, papada sonriente, cuatro pelos en centro de la testa y abrazo fácil. ¡Que hablen, o pinten, aunque sea mal!... También expreso intimidad realzada al protagonizar una tira, género que empezaba en provincias reflejo de autores nacionales de prensa (Mingote, Perich, El Roto, Peridis, Eneko…) y aún internacionales (Match, L´Énregé, Hergé, Sempé, Il Corrieri…).

Orlando muere, y antes otro fabuloso oviedista enregé de su tertulia, Emilio Campos (E.C.), que el director un tiempo de LNE y «Asturias Diario», Melchor Fernández, grande entre los mejores periodistas, aprovecha sus iniciales para sofocar desacuerdos familiares a la escritura, creando la que sería prestigiosa firma Ernesto Conde que mapeó Oviedo / Vetusta de La Regenta, callejero anexado luego en la mejor edición hasta hoy de la Segunda novela de la lengua castellana, Alarcos dixit, debida al profesor Martínez Cachero para Editorial Nobel. Volviendo a Orlando, analista local de primerísima calidad, debo reconocer en hora postrera que fue el primero a entender mis objetivos de sanear finanzas y lograr el fin de las lacerantes restricciones de agua corriente en la grifería casera tal soñaba la Sociedad Popular Ovetense(*). Su íntima amistad con el extraordinario ingeniero poleso Ulpiano Arregui, ¡todavía sin calle a su nombre!, contribuyó a que terminásemos con la falta de suministro nocturno durante parte del año. Era preocupada obsesión que yo había heredado, fui rumiando en mi lustro deustotarra y que al situarme los hados, por llamar de alguna manera, en mi afortunado camino a Avelino Martínez, Esteban Carreño, Pañeda, Luis Arce, Juan F. Ania, Lolín, Simón, Aparicio, Juan Álvarez, Cuca Marcos, Alfredo Suárez, Goyo, Maqueda, J.A. Alonso, Avelino Viejo, Corral, Luis Carlos Areces, Quesada, J.A. García Arias, Jesús Guerra, Amandi, Avelino Viejo, Puri Tomás, Georgina/La VOZ de Asturias, Casaprima, Campomanes, Granda, Mori, Ponteo…se produjo ¡¡el milagro!! Valdría asumir el aforismo de Churchill, «nunca tantos debieron tanto a tan pocos». De sobra me sé que todos evitan acordarse, como los dolores de parto. Hubo carencias y debo fidelidad a un Orlando escritor legendario a cuya crítica información mucho debemos, más cuando jamás comulgó políticamente conmigo, salvo común desprecio a violentos, corruptos y enemigos de Oviedo.

Paco Carantoña, que lo tuvo de joven colaborador, decía, parodiando al clásico, Orlando furioso. Su ideal edilicio estaba más bien a la vera de Manolo Buylla, entre cuyo mandato y el primer mío hubocuatro ocupantes de la alcaldía (Serrano, Higinio Rodríguez –que se suele omitir–, Eloína Suárez, Riera…), que hicieron, espoleados por Orlando, grandes esfuerzos en materia acuífera, pero la filosofal, conversión del bronce en oro, del agua irrestricta llegó con la denostada socialdemocracia, de mis amores y tantos odios ajenos.

Orlando, Emilio, Ulpiano, Carreño, Cabal(ín), Fidalgo, Caballero y otros se reunían periódicamente de jubiletas en uno o dos grupos periódicamente. Me invitaron a unirme y bien lamento no haberlo hecho ahora que faltan varios de esos héroes discretos en eficaz ovetensismo. Dejando aparte errores leves es solvente la aportación del escritor Xuan Cándano en su libro «No hay país».

El poeta del 27 Gerardo Diego, al que tuve el honor de conocer, sostenía que un solo humano escaparía a la Muerte. ¿Y si ese hombre esquivando la DAMA del ALBA fuese Orlando Sanz, cuyos rastros se nos habrían esfumado en pura lógica?

(*) Empresa creada en 1899 por 751 vecinos para gestionar la falta de agua potable en las viviendas evitando desplazamientos a las fuentes para el mero abastecimiento familiar. Se aportaron 4 millones de pesetas para la constitución de la empresa. (Datos del Anuario de la Sociedad Protectora de la Balesquida)

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents