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Yago González

Yago González

Redactor de Economía.

Menos Orbayu y más David Zinn

Una defensa del arte urbano con imaginación y criterio

El zorro del grafitero Orbayu.

El zorro del grafitero Orbayu.

Es posible que se haya topado con él en Oviedo u otros lugares de Asturias e incluso Galicia. En un muro, en un puente, en una señal de tráfico… Se trata de un zorro de dientes puntiagudos y una mirada malévola enmarcada en un antifaz azul, con un gran parecido al zorro Swiper, antihéroe de la serie infantil Dora la Exploradora. A su lado, una firma: Orbayu. A veces solo aparece el nombre, sin el pintoresco animal. Es uno de los grafitis más difundidos de Asturias. Ha acabado calando, como su nombre indica.

La obra de Orbayu tiene escaso valor artístico y, aunque al menos ha creado un icono reconocible, está lejos de ser el Banksy astur. Le falta creatividad, sutilidad, riesgo… Su virtud es la repetición: dejar su impronta en cuantos más sitios, mejor, pero sin evolución de estilo, variedad formal ni diálogo con el entorno. El autor del ceñudo raposu no ofrece ninguna idea al espectador, tan solo reclama la atención sobre sí mismo. Más que Orbayu, es un chaparrón.

Nada tengo contra el arte callejero de calidad. Todo lo contrario: es un método excelente para embellecer el entorno urbano y dar una segunda y colorida vida a infraestructuras feas, anodinas o deterioradas. En Oviedo hay varios edificios decorados con murales: en Fuertes Acevedo, Amparo Pedregal, Martínez Vigil, Tenderina Alta, el IES Doctor Fleming, Colegio Novo Mier… La ciudad suma unas 40 obras de este tipo desde que en 2017 echara a andar el festival Parees, dedicado a promocionar el arte urbano. Algunos murales gustarán más que otros, pero están hechos con gusto y un mínimo criterio estético.

Internet permite asomarse a iniciativas pictóricas de todo el planeta que bien podrían inspirar a algún Orbayu ovetense. Por ejemplo, la obra de David Zinn en la localidad de Ann Arbor, en Michigan (Estados Unidos). Armado con un maletín lleno de tizas de todos los colores, Zinn aprovecha cualquier elemento urbano (una grieta, la juntura de dos baldosas, un ladrillo, una tapa de alcantarilla, un brote de hierba, una escalera…) para pintar unas simpáticas criaturillas. El artista se sirve hábilmente de los ángulos y los efectos ópticos para lograr una tridimensionalidad con la que los personajes quedan perfectamente integrados en el paisaje. Son obras pequeñas, amables, discretas, imaginativas y efímeras (la pintura de tiza se puede borrar). Zinn sabe sacar jugo a su entorno y al mismo tiempo no dejarle una huella irreversible. Salvo que sea un gruñón, un paseante que en Oviedo se topase con algo así se detendría unos segundos a observarlo y esbozaría una sonrisa. No es poco.

Así que, Orbayu, si estás leyendo esto (quizá en una pausa entre zorro y zorro), échale un ojo a los dibujos de David Zinn. Quizá te inspiren y podamos en algún momento poner tu obra como ejemplo.

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