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Manuel Luis F. Rodríguez García

«Amabilidá» para la escultura de Alba

Una pieza monumental de un gran artista arrumbada durante años

El escultor Fernando Alba sostiene entre sus manos una réplica a pequeña escala de su obra, ante las placas originales desmontadas y amontonadas en la parcela municipal del Parque de Invierno.

El escultor Fernando Alba sostiene entre sus manos una réplica a pequeña escala de su obra, ante las placas originales desmontadas y amontonadas en la parcela municipal del Parque de Invierno. / MARA VILLAMUZA / LNE

El alcalde de Oviedo: «Haremos todo lo que tengamos que hacer para conseguir la capitalidad europea de la cultura». Dentro de ese todo es causa y cosa mayor la que nos ocupa y preocupa.

Por tanto, no se engañen ni engañen. Eviten repetir el chasco de la Agencia Estatal de Salud Pública. Sean rigurosos. Por más iniciativas que publiciten, algunas loables, y alharacas que blasonen, unas de cartón piedra y otras de pura ficción, no es imaginable que sea concedida la capitalidad europea de la cultura 2031, como todos deseamos, a una ciudad que mantiene arrumbada una monumental obra de arte de un Premio Nacional de Escultura: Fernando Alba.

El equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Oviedo tiene a su alcance solucionarlo aunque debe ser consciente de que cada vez le queda menos tiempo. No basta con promesas, hace falta la realidad de ver reinstalada nuestra escultura de Fernando Alba, y digo nuestra no solo porque las obras artísticas una vez emancipadas de quien las crea pertenecen al espectador que las contempla y escruta, sino porque se trata de una obra pública pagada con dinero público.

Fernando Alba Álvarez nació en La Folguerosa (Malleza, Salas), en 1944. Fue reconocido con el Premio Nacional de Escultura 1964, el Premio Ateneo de Madrid 1971 y el Premio del I Concurso Internacional de Escultura Autopistas del Mediterráneo, 1974.

Esta situación tiene su origen treinta y nueve años atrás, en 1987, con hitos relevantes en 1988 y 1995.

El Gobierno del Principado había decidido intervenir en Ventanielles. La Consejería de Ordenación del Territorio, Vivienda y Medio Ambiente se había marcado la prioridad de rehabilitar las viviendas sociales en alquiler allí ubicadas para ofrecerlas en venta a sus inquilinos, plan que fue debatido en la Junta General del Principado de Asturias. Y en ese proceso creyó adecuado dejar constancia de la realidad del antes y el despegue del después mediante una representación artística que lo simbolizara enriqueciendo culturalmente al barrio.

En julio de 1987 contrató a Fernando Alba Álvarez «el proyecto, ejecución e instalación de una obra escultórica para la plaza del Lago Enol», por el precio de diez millones de pesetas. El Ayuntamiento de Oviedo autorizó la instalación en agosto de 1988.

El lugar del emplazamiento no fue elegido al azar sino tras un minucioso análisis de las opciones disponibles y con el compromiso, incumplido por parte de las autoridades municipales, de adaptación del resto de la plaza con un entorno que acompañara a la escultura; sin embargo, dejaron la plaza inacabada.

La instalación de la escultura, que se había realizado con el rigor y cuidado con el que supervisa y trabaja Fernando Alba, exigió una cimentación adecuada a su peso de 34 toneladas y a sus grandes proporciones (4,45 x 14,80 x 5,12 metros), cimentación que se supone que permanece inalterada.

María Soledad Álvarez Martínez, catedrática de Historia del Arte, gran conocedora de la obra de Fernando Alba, lo define como un escultor de larga trayectoria que contribuyó a renovar el panorama de la escultura en Asturias desde los años 60 y lo sigue haciendo aún con propuestas siempre innovadoras dentro de una trayectoria compleja, en la que se complementan la observación, la reflexión y un profundo espíritu poético. «Algunas de sus esculturas públicas se conciben como elementos capaces de contribuir a la recuperación de medios urbanos degradados al otorgar un nuevo significado artístico al espacio en que se ubican».

Jovino Martínez Sierra, arquitecto especializado en urbanismo y doctor en Historia del Arte, en su tesis doctoral «Fernando Alba: espacio escultórico, espacio arquitectónico y espacio urbano», dirigida por la mencionada doctora María Soledad Álvarez Martínez, escribe: «La obra tenía una dialéctica formal de despliegue y descomposición de sí misma, para conceptualmente evocar los distintos lugares y recovecos del barrio»

Con la excusa de que la escultura tenía formas agresivas con las cuales se podían hacer daño los niños que se subían a ella para jugar y que al resbalar rompían los pantalones, según un escrito de alrededor de cien vecinos si se da por bueno lo testimoniado desde las consistoriales, el 10 de mayo de 1995 los medios de comunicación locales daban cuenta de que el Ayuntamiento de Oviedo había decidido retirar la monumental pieza de Fernando Alba de la plaza del Lago Enol, en Ventanielles.

Numerosos artículos en prensa denunciaron una decisión arbitraria e incomprensible. El 19 de mayo de 1995, setenta y nueve profesionales vinculados al mundo del arte y de la arquitectura suscribieron el escrito titulado «En defensa de la escultura de Fernando Alba», «una de las mejores esculturas con que cuenta Oviedo». En el manifiesto señalan que «cualquier ciudad moderna, culta y civilizada debería sentirse orgullosa de integrar en su medio una obra como ésta, … que valoramos como exponente fundamental de la plástica contemporánea en Asturias».

Fernando Alba calificó la retirada de la pieza de «brutal agresión, absurda, irracional, descabellada, y ausente de sentido». Un portavoz del Ayuntamiento manifestó que el escultor había sido invitado a designar un nuevo emplazamiento para la obra. Posteriormente se valoraron algunos, pero nunca se llegó a recolocar en ninguno de ellos.

La escultura fue arrumbada durante el fin de semana del 20 y 21 de mayo de 1995, siendo uno de sus destinos, además del matadero, un depósito de restos de puentes ferroviarios y otros enseres desechados y objeto de un peregrinaje a lo largo de los años posteriores al que resulta difícil seguirle la pista.

A propósito del insólito pretexto argüido, Fernando Alba, en una breve nota publicada en este periódico, escribe: «El problema de los niños no existe y de haber existido hubiera tenido solución con un poco de voluntad y diálogo… Yo no quiero que la escultura esté al alcance de los niños, como dice el Alcalde, sino al alcance de todas las personas, incluidos los niños, naturalmente. Es una escultura que necesita ser contemplada desde una cierta proximidad, para acceder al sentido de su ser, y no aislada (...). En situaciones normales –y nuestra ciudad es un ejemplo de ello–, los niños no se suben a las esculturas públicas ni a las farolas».

Arturo Gutiérrez de Terán, arquitecto y consejero de Ordenación del Territorio, Vivienda y Medio Ambiente que encargó la obra en 1987, escribió el 13 de julio de 2004 en LA NUEVA ESPAÑA: «Tal vez algún día los hijos de aquellos ciudadanos de Ventanielles tomen conciencia del disparate que ha significado tolerar la destrucción de la obra de un asturiano reconocido como excelente escultor y convengan en reivindicar la escultura para el barrio del que nunca debió salir».

Si por las razones que pudieran justificarse no fuera posible reinstalar la escultura en el lugar original, circunstancias que no se me alcanza que puedan suceder, ya se había acordado con el escultor en, al menos, dos momentos distintos con años de por medio –y ahí están quienes fueron autoridades municipales que no lo desmentirán– un lugar en Llamaquique, rediseñando uno de los pequeños jardines que siembran el espacio, atendiendo, ahora sí, a la adaptación del entorno para acompañar a la escultura, lo que fue ignorado en su primera instalación en 1988. Este acuerdo nunca fue ejecutado por el ayuntamiento. Mientras tanto, desde hace más de tres décadas, nuestra escultura de Fernando Alba permanece arrumbada en algún lugar, pasto del abandono y la falta de aprecio por parte del Gobierno municipal ovetense.

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