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Así prepara Sotres la visita de los Reyes para enseñar lo mejor que tiene: montaña, queso y tradición

Los vecinos apuran los preparativos para la entrega del premio "Pueblo ejemplar"

VÍDEO: Así vive Sotres el galardón de Pueblo Ejemplar de Asturias 2024

Jimena Aller

Mariola Riera

Mariola Riera

Sotres (Cabrales)

Anda que no le hubiera prestado a Tomás Fernández, veterano guarda del refugio, lograr la foto del rey Felipe y la princesa Leonor en la vega del Urriellu, con el emblemático Naranjo de Bulnes a sus espaldas. Haría historia. Pero va a ser que no, pese a que hace tiempo que Fernández se lo propuso a la Princesa y que ella estaba más que animada a ir hasta allí. Don Felipe, sin embargo, no acabó de verlo claro. Por muchos motivos, entre otros, el despliegue que habría que tener en cuenta para llevar al jefe del estado y a su heredera hasta el corazón de los Picos de Europa; por la meteorología, muy cambiante en la montaña; por lo que implica mover dos helicópteros (padre e hija no pueden viajar juntos); por los equipos de seguridad…

Así las cosas, Leonor y Tomás Fernández tendrán que conformarse, que no es poco, con una foto a unos cuantos metros menos de altitud, en Sotres, enclave que este año es "Pueblo ejemplar" y al que toda la familia real –la reina Letizia y la infanta Sofía incluidas– viajarán el sábado para entregar el galardón. Pocos hay que conozcan tan bien los Picos, el pueblo, su historia y sus gentes como el guarda del Urriellu, sotrino de pura cepa, que acompañará a los Reyes y su hijas hasta el mirador de Sotres para contarles lo que desde allí se ve, una "joya" para los sentidos: Maín, las cabañas de Pandébano, Moñas (el Naranjo está detrás), invernales del Texu, vegas de Sotres, Boru... Personal del parque nacional y otros guías también participarán en la cita para ilustrar a los Borbón Ortiz sobre su labor.

Pero Sotres no es solo montaña, apunta Tomás Fernández, que da unas pinceladas a LA NUEVA ESPAÑA mientras pasea por el pueblo. El día anterior bajó de la vega del Urriellu para prepararse para los actos del sábado. Quedan un puñado de días y la actividad bulle en esta pequeña aldea, "que tuvo el reconocimiento de villa hace más de 1000 años y todo el mundo sabe que eso es algo más que pueblo, lo que da idea de su importancia", reseña Fernández.

Diego Olmos y Joel Álvarez ponen a punto el viejo lavadero, de mediados del siglo XX, que es "del poco patrimonio cultural que queda, junto al antiguo cementerio, que es de 1877, y la iglesia, de 1876". El lavadero está precisamente en una finca que perteneció al abuelo del guarda, Félix Zacarías López, al igual que la iglesia está en terreno de un tatarabuelo, antepasado que le enlaza familiarmente con otra ilustre de Sotres, Ana Moradiellos, "La Gallega", al frente del bar tienda y restaurante del mismo nombre. Es el más antiguo del pueblo, fue fundado por sus padres y ella lo conserva intacto. Lo regenta desde hace 35 años: "El mérito es de ellos, cuando llegaron de Caracas y abrieron un negocio aquí, sin luz, sin agua, sin carreteras decentes… Eso fue un salto al vacío", reflexiona.

Más reciente, de 1981, es el local hostelero Las Vegas de Sotres, de Cristina Fernández, que está decorado con antiguas fotos del pueblo. Llama la atención sobre todo una, de los años 60, en la que unas mujeres lavan ropa en el río. "Cambió mucho todo, tanto las calles como quienes vienen. Antes era solo gente especializada en la montaña, pocos; ahora llega todo el mundo", señala la hostelera, que cree que el premio será bueno para arreglar el pueblo, pintar casas, hacer limpieza, mejorar la carretera… "Porque publicidad no nos hace falta ya más, la verdad", apunta con humor mientras hecha un ojo a su sobrino que juega por la calle con un coche.

Es la savia nueva de Sotres, como Bruno Álvarez, el más joven del lugar y que justo el próximo sábado cumplirá un año y un mes, cuenta orgullosa su tía abuela, la mexicana Marcela Santoscoy, casada en el pueblo. Reside seis meses en su país y los otros en Sotres. "Y me tocó estar para lo del ‘Pueblo Ejemplar’, pues nos vamos el 5 de noviembre", apostilla contenta.

No podía irse la familia real de Cabrales sin que les hablasen de su famoso queso –hasta visitarán una cueva–. De ello se encargará Jéssica López, elaboradora y presidenta del consejo regulador de la denominación de origen. Anda nerviosa y saca el tiempo que no tiene para atender a las preguntas a las puertas de la Quesería Maín, donde hacen "de la misma manera que antes" el afamado cabrales: "Antiguamente se trabajaba en las casas y ahora en fábricas, pero seguimos fieles a nuestros abuelos". Su marido Javier Díaz Bada está cerca, pendiente de un castrón recién llegado que no está precisamente tranquilo. El sábado más vale que no se deje ver por allí para evitar sustos, convienen. Todo Sotres está activo. El que más y el que menos pone su granito de arena para que el pueblo –a más de mil metros de altitud, con medio centenar de vecinos fijos y más de cien en verano, sin contar los miles de visitantes que por allí pasan prácticamente durante todo el año– luzca perfecto.

Los operarios bachean la carretera, instalan la carpa y pasan la desbrozadora. A limpiar la fachada y las hierbas del suelo se dedica Jesús Anselmo López: sotrino de nacimiento, vive en Oviedo aunque desde el verano está en el pueblo y el sábado disfrutará "por supuesto" de la fiesta. Pero ojo, el sábado no acaba nada. "El premio es el inicio, no el fin. Debe servir para mirar al futuro y mejorar más", sentencia Tomás Fernández. Palabra de montañero y de sotrino de pura cepa.

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