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Teresa Sanjurjo: "La Princesa hizo un gran discurso, se ve en ella una mujer que va avanzando, madurando y asumiendo responsabilidades"

"Ofrecer modelos ejemplares a la sociedad: ese es nuestro ADN y la forma de hacerlo tiene que ir al compás de la sociedad y de las generaciones, y en eso nuestra Presidenta de Honor es el máximo exponente", afirma la directora de la Fundación "Princesa de Asturias"

Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Princesa de Asturias. IRMA COLLIN

Una nueva edición de los premios “Princesa de Asturias” completada. Teresa Sanjurjo (Madrid, 1972), directora de la Fundación Princesa de Asturias, se reponía hoy del esfuerzo, que es exigente, entre amigos y comiendo un plato de pote. Mañana empezará a trabajar en la próxima convocatoria.

¿Con qué cuerpo acaba tras la semana de Premios? ¿Su balance?

Estamos muy contentos todos, empezando por la presidenta de la Fundación, el patronato, todo el equipo… El trabajo del año, las ganas de que saliera bien, el sentido de propósito ha dado su fruto. Los premiados se han ido muy contentos. Eduardo Mendoza me ha escrito esta mañana desde su casa y los que conocían el premio solo por referencias han visto sobrepasadas sus expectativas. La Princesa hizo un gran discurso. Se ve en ella una mujer que va avanzando, madurando y asumiendo responsabilidades. En su discurso dio un repaso a los Premios, en el tono de una mujer de su generación. Y la respuesta de la ciudadanía, su curiosidad, su interés por aprender... Quiero darles también las gracias. Y a los medios de comunicación altavoz imprescindible para que los ejemplos de los premiados lleguen a la sociedad.

La Princesa habla a esa generación de la que depende la continuidad de los Premios.

Una de las fortalezas de la Fundación es que siempre hemos sabido quiénes somos y para qué estamos aquí: para ofrecer esos modelos ejemplares a la sociedad, reconocerlos y aplaudirlos. Ese es el ADN de la Fundación. La forma de hacerlo, de transmitir, tiene que ir al compás de la sociedad y de las generaciones. Eso se ha podido ir percibiendo en la programación cultural y nuestra Presidenta de Honor es el máximo exponente de eso. Sabes quién eres, pero va pasando el tiempo, las herramientas y los canales van cambiando, y tenemos que cambiar con ellos. Hablábamos el otro día de que en el 81 se organizaron los premios con un teléfono y un fax. Tenemos que ir al compás de los tiempos, sin perder la identidad.

En esta edición ha habido premios cuestionados, dos en particular -el del Museo Nacional de Antropología de México y el del sociólogo Douglas Massey-.

En la Fundación somos muy respetuosos con las críticas y con la pluralidad de opiniones y visiones. En un estado democrático y parlamentario cada uno puede tener su opinión y expresarla, y a mí me gusta que sea así. Los Premios son un proceso -para la próxima convoactoria empieza este lunes- en el que se envían invitaciones a cerca de cinco mil personas para que presenten candidaturas, recibimos unas 700, sobre las que reflexionan 160 personalidades, excelentes profesionales, con carreras brillantísimas, que debaten y que tras debatir fallan quien es el premio del año. El respeto a la independencia de los jurados es total. Respeto a quienes no les guste el fallo, pero distinto es cuestionar al rigor del proceso. No es un tema improvisado. La independencia de los jurados es indiscutible.

¿No hay intencionalidad en los premios cuando coinciden varios premios en un país, como ha ocurrido este año con México?

Los Premios nacieron con vocación iberoamérica y después de un debate interno, bien meditado y profundo, se decidió que tenían que tener carácter internacional. Recibimos las candidaturas que recibimos. Las candidaturas no se hacen públicas, los jurados son independientes y no conocen las candidaturas que reciben los otros jurados. Este año ha habido una presencia importante de México, pero el año pasado se premió a dos españoles, y Estados Unidos es un país muy activo en la presentación de candidaturas. Puedes hacer todas las interpretaciones que quieras a posteriori, pero el rigor con el que trabajamos es una garantía. Los premiados mexicanos de este año han sido excepcionales. No puede haber intencionalidad, en cuanto se lee el reglamento se da uno cuenta. Un premio como el de la Concordia viene definido explícitamente como un reconocimiento a la conservación y defensa del patrimonio de la humanidad, que es, de forma indudable, lo que ha hecho el Museo Nacional de Antropología de México.

La Semana de los Premios, tras la edición extraordinaria de 2024, ha vuelto a ser eso, una semana.

Este año han sido diez días, lo del año pasado fue excepcional, por el décimo aniversario de la Presidencia de Honor. Nos encanta la acogida de las actividades, llevo días dando las gracias por ello y no dejo de darlas. Ayer, al volver de Valdesoto me fui a la Fábrica de La Vega, Graciela Iturbide estaba enseñándole su exposición a Massey, y había mucha gente aun disfrutando del espacio y de las exposiciones.

¿Van pensando en despedirse de La Vega?

Antes no hacíamos nada en la Fábrica y había Premios. Lo que la Fundación tiene es la capacidad de proponer actividad cultural, en el eje de los premiados, de cada año. Si no podemos hacerlo allí, ya haremos otra cada cosa. Tengo que agradecerle al Ministerio de Defensa su generosidad durante todos estos años. Yo ahora en lo que estoy pensando es en que mañana lanzamos la convocatoria de la próxima edición de los premios, en que empezaremos con un proceso de evaluación interna…

¿Un momento o un gesto que no olvidará de esta edición?

A mí me impactan las historias personales. Me ha emocionado mucho la labor de las bibliotecas públicas y de las aulas hospitalarias, ese niño que su primer libro leído, en las aulas hospitalarias, fue “Sin noticias de Gurb”. Los Premios abren ventanas y siembran semillas y no sabes qué paisaje van a dejar entrar y qué planta podrá crecer.

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