El Banco Mundial de Semillas de Svalbard, santuario mundial de la biodiversidad, premio "Princesa" de Cooperación Internacional
"Junto con más de 130 donantes de todo el mundo hemos garantizado la conservación de hasta 1,3 millones de muestras de semillas de nuestros cultivos alimentarios más importantes para el futuro", afirma Nils Kristen Sandtrøen, ministro de Agricultura de Noruega, al agradecer el reconocimiento

Entrada del Banco Mundial de Semillas de Svalbard. / NordGen
El ex secretario general de la ONU Ban Ki-moon la describió una vez como "un símbolo inspirador de paz y seguridad alimentaria para toda la humanidad". A medio camino entre un refugio de villanos de una película de James Bond y de un proyecto de dimensiones bíblicas por su afán de convertirse en el refugio final de la biodiversidad vegetal ante cualquier desastre, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, conocida popularmente como banco mundial, acaba de ser reconocida con el Premio "Princesa de Asturias" de Cooperación Internacional 2026. En una isla en medio del océano Ártico, se trata del mayor y más seguro depósito de diversidad agrícola del planeta, conocido como la "cámara del fin del mundo" o el "Arca de Noé" de las semillas.
Nils Kristen Sandtrøen, ministro de Agricultura y Alimentación de Noruega, ha agradecido el premio en nombre de su gobierno y de sus socios en esta inciativa, Crop Trust y NordGen. "Juntos somos responsables de las operaciones de la bóveda de semillas y hemos financiado la Bóveda Global de Semillas de Svalbard desde su creación, hace casi 20 años". "Junto con más de 130 donantes de todo el mundo", ha añadido, "hemos garantizado la conservación de hasta 1,3 millones de muestras de semillas de nuestros cultivos alimentarios más importantes para el futuro". En definitiva, Sandtrøen recibe esta distinción como "un importante reconocimiento a la cooperación internacional e intergubernamental que lo ha hecho posible».
El jurado del Premio "Princesa de Asturias" de Cooperación Internacional 2026, reunido en Oviedo bajo la presidencia de Gustavo Suárez-Pertierra, concedió el galardón por unanimidad y destacó en su acta que la bóveda representa "un modelo de multilateralismo eficaz" que reúne la colaboración de numerosos países, instituciones científicas y organizaciones internacionales en torno a un objetivo común: garantizar la base genética de los sistemas alimentarios y el conocimiento acumulado durante milenios por las distintas culturas agrarias del planeta. El jurado valoró expresamente "la cooperación silenciosa de esta infraestructura crítica y estratégica como legado para las generaciones futuras".
Excavada a 130 metros de profundidad en la roca en el archipiélago noruego de Svalbard, a mil kilómetros del Polo Norte, su misión es actuar como copia de seguridad definitiva del patrimonio genético alimentario de la humanidad frente a cualquier catástrofe.
La institución nació de la mano de Cary Fowler, agrónomo estadounidense que propuso el proyecto al Gobierno de Noruega y dirigió el comité internacional que lo puso en marcha. Fowler organizó los primeros depósitos de bancos genéticos de todo el mundo y aseguró la financiación. La gestión de la Bóveda recae en la actualidad en un acuerdo entre el Ministerio de Agricultura noruego, el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen) y la organización internacional Crop Trust, encargada de gestionar los recursos.
Inaugurada en febrero de 2008 con 320.000 muestras, el banco mundial de semillas ha mostrado ya su utilidad cuando en 2015 la guerra en Siria destruyó el banco de semillas del Centro Internacional de Investigación Agrícola para las Zonas Áridas (ICARDA) en Alepo, que albergaba 148.000 variedades adaptadas a climas secos. El 80% de sus duplicados estaban a salvo en Svalbard, y se pudo reconstituir la colección en nuevas sedes en el Líbano y Marruecos.
La bóveda tampoco ha sido inmune a la mayor amenaza que combate. En 2017, el deshielo del permafrost ártico inundó el túnel de acceso, obligando a una renovación de emergencia de 13 millones de dólares.
En sus diecisiete años de historia, la bóveda ha vivido momentos muy simbólicos: agricultores quechuas de los Andes que en 2017 despidieron sus semillas sagradas de patata con canciones y rezos; la Nación Cherokee, que en 2020 depositó nueve variedades de cultivos anteriores a la colonización europea; el enviado del Papa Francisco, que llegó en 2022 con un libro hecho a mano. Como escribió la investigadora de la Universidad de Boston Adriana Craciun, "hay mucho interés en la bóveda que en el fondo no tiene nada que ver con las semillas, sino con la salvación".
En el caso de España ya se han depositado 1.080 variedades, incluyendo 300 cereales de invierno, 510 leguminosas, 200 hortícolas y 108 variedades de maíces. El objetivo es que, en una década, el 40% de las colecciones activas conservadas en los 15 bancos de semillas distribuidos por el territorio nacional tengan copia en Svalbard.
Juan Carlos del Olmo, secretario General de WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza)-España y miembro del jurado del premio de Cooperación Internacional, explicó, tras la lectura del fallo, que la Bóveda Global de Semillas de Svalbard “es una especie de Arca de Noé de las variedades cultivables de semillas que se han desarrollado a lo largo de cientos de miles de años gracias al trabajo de los agricultores de todo el mundo” y su finalidad es “garantizar para el futuro, ante posibles conflictos, el impacto del cambio climático, etc., la seguridad alimentaria”. Detalló que es “una infraestructura de alta seguridad, una especie de cámara acorazada enterrada en el Ártico, a -18 grados, en un lugar en el que se entiende que el cambio climático va a tener un impacto menor, aunque allí mismo ya está fundiéndose el permafrost”. En cualquier caso, añadió, “es el lugar más seguro donde la humanidad ha imaginado que pueden guardarse”.
España, indicó Juan Carlos del Olmo, depositó recientemente en el banco de semillas 50 variedades de olivo, “cultivadas por agricultores durante cientos y miles de años aquí en la península ibérica” y Asturias ha guardado allí variedades de fabes y maíz “que se han cultivado en valles que han estado aislados durante muchos años”.
La Bóveda ha tenido un papel decisivo en la recuperación de los cultivos en Alepo, en Siria, donde, según contó el secretario de WWF, habían sido destruidas prácticamente todas las reservas de semillas durante la guerra. “Gracias a que se habían depositado en este Arca de Noé de las semillas en el Ártico han podido volver a plantarse variedades de cultivos únicas, adaptadas a climas áridos y desérticos y que solamente pueden ser cultivadas allí”.
La distinción, hizo notar Del Olmo, es también “una llamada de atención, en tiempos en los que se cuestiona el multilateralismo, a que trabajemos juntos, poniendo lo mejor que tenemos cada uno”.
El presidente del jurado y presidente de Unicef-España, el asturiano Gustavo Suárez Pertierra, citó a un antiguo secretario general de Naciones Unidas que en una visita a la isla de Svalbard “dijo que esto es una póliza de seguro para el futuro de la humanidad”. “Aquí hemos encontrado un ejemplo clarísimo de cooperación internacional, porque cooperan no solo los países, también instituciones privadas y públicas, organizaciones internacionales, en una causa que tiene un sentido de proyección hacia el desarrollo de los pueblos y hacia el futuro de la humanidad”, agregó el jurista.
Isla Ramos, la directora de Save The Children, destacó que se premia “un legado muy importante para las siguientes generaciones” y, pese a que el gran almacén guarda semillas para preservarlas de los desastres que se prevén, ella opina que es una iniciativa “optimista”. “Los desastres ocurren y el optimismo radica en estar preparado para aprovechar oportunidades; lo otro es dejarnos llevar. Lo positivo y lo optimista es estar preparado para todo lo que ocurra”, manifestó.
Astronauta y ex ministro de Ciencia, Pedro Duque, incidió en la voluntad del jurado de “fomentar y premiar la cooperación multilateral, que está siendo cuestionada” con un premio a “una estructura de cooperación que permite, en caso de cualquier desastre, por grande que fuera, mantener la capacidad de cultivar alimentos” y evitar una hambruna. “Estamos dando a las próximas generaciones una esperanza a futuro del mantenimiento de la seguridad alimentaria”, agregó y no descarta que las semillas que se guardan en la Bóveda de Svalbard viajen a otros planetas: “Tendrá que ser empezando por Marte, porque en la Luna no hay manera. En Marte se podría, probablemente”.
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