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Timothy Garton Ash, historiador, premio "Princesa de Asturias" de Ciencias Sociales: "Lo difícil es cómo blindar la democracia para que sobreviva"

"La amenaza política desde EE UU, la económica desde China y la militar desde Rusia sitúa a Europa ante un reto enorme"

Timothy Garton Ash, en una fotografía de archivo. | EFE

Timothy Garton Ash, en una fotografía de archivo. | EFE / FRIEDEMANN VOGEL

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Oviedo

El historiador y analista político Timothy Garton Ash (Londres, 70 años) fue designado esta semana premio "Princesa de Asturias" de Ciencias Sociales 2026 por su atenta mirada sobre la transformación de Europa en los últimos 50 años. Fino analista histórico y político, atiende a LA NUEVA ESPAÑA por teléfono a los pocos días de haber recibido la noticia de su galardón.

¿Qué significa hoy ser europeo, cuáles son los valores que nos define y qué se debería considerar inaceptable en un país europeo?

Mi definición de lo que significa ser Europeo pasa, en primer lugar, por darnos cuenta que hay algo común si estamos hablando de Oviedo o de Roma o de cualquier otra de nuestras ciudades. Es algo que tiene que ver con nuestra historia, nuestra cultura y nuestros valores. pero el problema es que esos valores siempre han estado en disputa, han sido cuestionados en todos los campos y han generado una gran diversidad de conflictos a lo largo de los años. El contexto en el que se puede definir hoy Europa, pues, es una cuestión de elección en la que tiene más que ver con cómo se alinea Euopa, si los valores liberales o los antiliberales.

¿Dónde se encuentra entonces la mayor debilidad de nuestro europeísmo?

Creo que todo lo que representa la Unión Europea, también en el caso de España, nuestros valores principales como la libertad, la democracia, los derechos humanos, son atacados desde dentro de la propia Europa por los estados antiliberales. Pero el ataque sucede también desde fuera, sea desde el ámbito político, como llega desde Estados Unidos, o económicamente, desde China, o con la amenaza militar, desde Rusia. La combinación de todos estos frentes nos sitúa ante un reto enorme, ante un triple golpe histórico.

En el caso de Estados Unidos. ¿Cree que el camino hacia el autoritarismo forma parte del espectáculo Trump o hay motivos de preocupación?

Lo que creo es que la gran afirmación referida a Estados Unidos, ha sido siempre que es el defensor eterno de la libertad y la democracia en el mundo. Pero esa afirmación ya no se sostiene. Y esto ocurre en un momento en que el número de democracias liberales en el mundo no para de reducirse. En ese contexto, los países que en los próximos años van a tener que cargar con el peso de esos valores van a ser los europeos. No por elección, sino por necesidad.

¿Qué pasa con China? Ha dicho esta semana que era uno de sus grandes temores, pero, ¿no teme más a Rusia?

Son amenazas de naturaleza distinta. Rusia es una amenaza militar, una amenaza existencial para la seguridad del continente. Pero el gran desafío de fondo, el que me parece más urgente a largo plazo, es China, porque supone el desafío económico. China está produciendo casi todo lo que Europa quiere vender, y lo hace más barato. Los europeos necesitamos despertar ante eso. Es un desafío de una naturaleza diferente al de Rusia, pero no por eso menos grave.

¿El creciente clima de los mensajes de odio, la violencia y el auge de las extremas derechas es el resultado de cierta apatía? ¿Cómo se puede solucionar?

Yo diría que es una expresión de descontento interno, no de apatía. Los ciudadanos no están desenganchados: están furiosos. El problema que señalaba Tony Blair, y con razón, es que el populismo es inestable e ingobernable. Pero eso no explica por qué la gente vota así. La gente vota así porque se preocupa por la inmigración, porque siente que ya no reconoce su propio país, porque lleva décadas sintiéndose ignorada. Y la respuesta no puede ser pelearse con el extremismo en sus propios términos, ni intentar imitarle. Porque en la mayoría de los casos ese voto no es un apoyo real al extremismo: es un grito de protesta. Lo más difícil es blindar la democracia para que pueda sobrevivir.

¿Y qué está por venir? ¿Se atreve a hacer una predicción para las próximas décadas?

Sí, me atrevo. Lo que puedo decir es que en este momento las fuerzas de integración y las de desintegración en Europa están más equilibradas de lo que han estado desde 1945. Y honestamente no sé hacia dónde va. Esa es la gravedad real de la situación. No creo que ese equilibrio inestable vaya a resolverse en los próximos años en ninguna dirección de forma definitiva. Lo que sí creo es que después de la próxima Europa —la que está por construirse— seremos todos los que decidamos qué se hace con ella. Depende de nosotros.

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