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Desafortunados en las Afortunadas: la historia de los viajes del Real Avilés a las Islas Canarias (y su único partido ante el Tenerife)

Con la próxima visita al Heliodoro Rodríguez López los avilesinos suman veinte encuentros en tierras canarias

Una jugada del duelo entre el Avilés y el Tenerife de la primera vuelta

Una jugada del duelo entre el Avilés y el Tenerife de la primera vuelta / Mara Villamuza

Jorge Valverde

No, el «todo es relativo» no es declaración original de Albert Einstein. Lo pronunciado por el genio alemán fue bastante más complejo que una expresión atribuible a cualquiera, en cualquier sitio y por cualquier cosa, hasta para cuestionar la sensación de afortunadas que son las Islas Canarias. Desde el punto de vista de quien disfruta de su clima, claro que lo son; para el seguidor del Real Avilés Industrial, el cantar ya es otro.

Antes de la irrupción del club industrialista, un representante avilesino ya supo de las dificultades en Canarias. En ocho visitas, lo máximo que extraía el Ensidesa era un 0-0, del que el pasado domingo se cumplió justo el medio siglo. En la campaña de los siderúrgicos en 2ª División, 1975-1976, Lombardía, Vallina, Quirós, Esteban… aguantaban en el Heliodoro chicharrero.

La presencia del Real Avilés Industrial en el archipiélago canario, que este viernes alcanza su vigésima edición, arrancó cuando el equipo solo llevaba tres semanas en la categoría de plata. Corría el mes de septiembre de 1990 y el novato caía por 2-0 en el desaparecido Insular, el glorioso estadio de Ciudad Jardín que en Las Palmas siguen echando de menos. Ese resultado es el más común en las islas, pues se repitió hasta seis veces.

Presente en cinco de las siete grandes (La Gomera y El Hierro nunca tuvieron representación por encima del nivel 4), los avilesinos tomaron trece vuelos a la provincia de Las Palmas (seis a Gran Canaria, 2 a Lanzarote y 5 a Fuerteventura) y seis a la de Santa Cruz de Tenerife (tres a Tenerife y tres a La Palma). De todos ellos, solo una vez fueron capaces de regresar con la victoria. En el partido de la excepción, disputado el primer domingo de febrero de 1995, el equipo de Monchu Pérez era anunciado como bicoca para el Las Palmas, pero los amarillos, que cuatro días antes, en Copa del Rey, habían puesto en serios apuros al Atlético Madrid de Jorge D’Alessandro, se veían sorprendidos por una escuadra aplicadísima en defensa, rica en fortuna y acaparadora de los puntos, gracias a un penalti del que era objeto Miguel Marín y transformaba Joaquín Alonso.

Las historietas por Canarias se agolpan, empezando por los trayectos a las islas no capitalinas, que solían ser caóticos y, a veces, salpicados de cierto congojo, como el del invierno de 1995 a Fuerteventura. A primera hora sabatina, el equipo salía de Avilés por carretera, volaba desde Madrid, aguardaba escala en Tenerife, se redirigía en mosqueante aeronave de hélices hacia Puerto del Rosario y remataba con una hora más de guagua hasta Corralejo, en el extremo norte majorero. El míster, Monchu Pérez, tenía su punto de retranca, pero poca gracia suscitó a los chavales cuando, casi a medianoche, ordenaba sesión de carrera continua por las calles del enclave turístico, ante los aplausos y el choteo de la guirigada. Con poco tiempo para dormir –el partido era matinal– y sobre un terreno de grava volcánica, los blanquiazules caían por 4-0. Y quedaba la vuelta.

El balance de goles en Canarias es tan exiguo que se queda en uno cada 155 minutos. Ya es curioso que el máximo realizador avilesista allí sea un autóctono de las islas, Ángel Luis Camacho, autor de tres goles en cuatro partidos. El tinerfeño, de Buenavista del Norte, solo militó un año como blanquiazul y, aunque no pudo ser profeta en su tierra, atesora un interesante expediente, con tres ascensos consecutivos a 1ª División, en las filas de Alavés, Numancia y Osasuna.

Respecto al único precedente del Real Avilés Industrial en la capital chicharrera (octubre de 2012), el denominador común es el liderato del «Tete», aunque el equipo de Chiqui de Paz se personaba por entonces como segundo clasificado. El asalto no fue posible tras una derrota (1-0) que llevaba implícito el penalti fallado por Josín Naya. En aquel partido del Heliodoro se registraba el debut del marbellí Cristian Sánchez, que meses después salía anticipadamente de Avilés a causa de una enfermedad que le arrebataría la vida a los 21 años.

Para buscar la victoria en este vigésimo viaje a Canarias, los chavales de Dani Vidal no necesitan de ningún otro estímulo ajeno al propio del día a día, pero, por si acaso, ahí va la sugerencia del homenaje a Cristian y el recordatorio de las más de dos décadas de infortunio en las Afortunadas.

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