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El último contrarrelojista: Escobar, el noveno técnico del Avilés con menos tiempo para salvar la temporada

El entrenador pacense tiene por delante en la lista a Isidro Caballero, Rozada, Pole, Paco Parreño, Angulo, Iván González, Cañedo y Barla

Por la izquierda, Miguel Linares y Lolo Escobar.

Por la izquierda, Miguel Linares y Lolo Escobar. / Mara Villamuza

Jorge Valverde

Avilés

Como único factor imparable e irrecuperable, el tiempo cronológico es uno de los mayores inconvenientes para los profesionales, especialmente para los últimos en llegar y, más todavía, si se trata del entrenador. Lo que al principio se metaforiza como carrera de fondo pasa a ser contrarreloj.

Se acaba de incorporar el quincuagésimo responsable de la dirección técnica del Real Avilés Industrial, dicho sea en cifras brutas, incluyendo bisagras y eventuales. Al dombeniteño Lolo Escobar, que ya en sus tiempos de técnico en las profundidades del fútbol madrileño reconocía no ser muy partidario de las encomiendas cortoplacistas, ahora le toca afrontar esta de Avilés. Son los gajes de un oficio que pasa por ser uno de los más inestables de cualquier sector. En lo que va de temporada, sin ir más lejos, el 60% de los entrenadores de las tres primeras categorías han sido pasto de despidos. Cantidad de expresiones guarda el argot, como la que alude a lo bien engrasadas que el míster siempre ha de tener las ruedas de la maleta.

Nueve partidos de margen

Lolo Escobar ya forma parte de un ranking poco recomendable, al entrar en el top diez de entrenadores del Real Avilés Industrial con menos tiempo para trabajar, corregir y solucionar: dispone de 62 días y 9 partidos, cifras que solo menguaron para 8 de los 21 técnicos que finalizaron temporada sin haberla iniciado.

Este apartado contiene dos casos extremos, que concluyeron de forma opuesta. En la última temporada del XX, el equipo se movía por zonas tranquilas, pero la desestabilización de la propiedad, unida a la temeraria operación de la venta anticipada de Joseba Irazusta y David Fernández, dos piezas claves del ataque, propiciaban el desplome. Tras la primera eliminatoria por la permanencia, Ángel Herrero era fulminado y a su sustituto, el peñamellero Isidro Caballero —en la historia por ser el último míster del desaparecido Real Avilés CF—, le concedían el mínimo de mínimos, un margen de 11 días para extrapolar sus enseñanzas de las aulas del Colegio Santo Tomás a las del vestuario blanquiazul. La posibilidad de conservar la categoría estuvo cerca, pero el Novelda la impidió.

El caso Rozada

El marrón más parecido al de Caballero está fresco en la memoria. Hace 22 meses, también a la desesperada, Javi Rozada disponía de un día más para afrontar la eliminatoria frente al Manchego, decisiva para la permanencia, y, esa vez, la flauta sí sonó.

El tercero que contó con menos margen fue Pole González. A diferencia de los anteriores, el moscón lo afrontaba sin ninguna presión, pues el equipo marchaba séptimo, a falta de tres partidos para concluir la 2005-2006, sin opción a nada. Quico Álvarez, emblema de la historia industrialista, era despedido después de no ceder a las presiones de la cúpula para alinear a determinados jugadores.

Las dos directivas de 2017

Lo irracional reapareció en la primavera de 2017. Institucionalmente, el club estaba sumido en un caos a tres bandas, entre propiedad, gestoría y dirección deportiva. El surrealismo alcanzaba niveles de cohabitación entre dos directivas, que hasta pugnaban en el control de las redes sociales del club. Aun así, en medio de la gresca, Pablo Lago acumulaba 41 partidos consecutivos sin perder en casa, tras casi dos temporadas, siempre peleando por el título en 3.ª División. A tres jornadas para el final, recién caído del liderato, Lago recibía el finiquito. Con 33 días por delante para intentar el ascenso, la sorprendente contratación del cordobés Paco Parreño, que regresaba 18 años después, no daba fruto.

En 43 años de existencia, de los 21 cambios definitivos de entrenador efectuados antes de final de temporada —no se estiman otras permutas de técnicos que ni iniciaron ni terminaron proyecto— casi la mitad, 11, cumplieron el objetivo, desde las permanencias complejas de 1984 (Lalo Gómez), 1998 (Raúl González), 2018 (Xiel Díaz) y la ya comentada de 2024 (Javi Rozada) a los ascensos de 1987 (Manuel Ángel Muñiz), 2002 (Xiel Díaz) y 2021 (Luis Rueda). De los fracasos, el más sonoro quizá fue el descenso de 1985, por cuanto José Ramón Fuertes disponía de más de dos tercios de temporada para evitarlo; el de 2015, si bien José Manuel Barla, durante dos meses escasos, era poco menos que un guiñol para el gestor, John Clarkson; y el estropicio de 2016, en plena autodestrucción del club, la estrambótica destitución de Pablo Lago y la no consecución del ascenso, a la que puso rostro Paco Parreño.

Ahora, el juego de palabras advierte que el tiempo, su escasez, es el principal contratiempo para Lolo Escobar, el último contrarrelojista. Hoy, su primera etapa.

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