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Pena máxima, alegría suprema: todos los penaltis convertidos por jugadores del Avilés que han llevado a victoria

El penalti transformado por Kevin Bautista ante el Osasuna B es el número 26 que decide un triunfo para el cuadro blanquiazul

Kevin Bautista celebra, con Uzkudun, el gol de penalti ante Osasuna B

Kevin Bautista celebra, con Uzkudun, el gol de penalti ante Osasuna B / Área 11

Jorge Valverde

Para el común de los ejecutores, situarse a once metros, en perpendicular al centro de la portería rival, con libertad de golpeo y por muy desamparado que se sienta el guardameta —ahí no entra Lev Ivanóvich Yashin, la “Araña Negra” moscovita, a quien la leyenda atribuye más de un centenar y medio de penaltis neutralizados— no deja de ser un ejercicio de atrevimiento, incluso de masoquismo, acrecentado en función de la trascendencia.

El penalti de la pasada jornada, en el campo número 1 de Tajonar, era de alta magnitud, pero Kevin Bautista, tanto por entonación como por palabras posteriores —“Cogí el balón y sabía que iba a marcar”—, parece vacunado contra la presión. El interior hispalense ya es uno de los cuatro únicos jugadores de la historia del Real Avilés Industrial con cuatro o más lanzamientos de penalti sin fallo y, curiosamente, iguala a otro del plantel actual: Javi Cueto.

Lo sustancial del convertido por Bautista en feudo osasunista —igual que el de Cueto en Guadalajara— es que fue decisivo para el triunfo, circunstancia que no se ha repetido tantas veces como pudiera parecer. Del casi cuarto de millar de penaltis anotados en 43 años de trayecto industrialista, solo el 10% (26) cerraron el marcador para ser concluyentes en la victoria.

José Antonio Arias, el primero

El gran grueso de la lista (20 de los 26 penaltis) decantó el resultado de 1-0 y así ocurrió en el primero de los casos, cuando el equipo cursaba su primer curso de nivel 4, hace 40 años. El 16 de febrero de 1986, Nacho Peral, extremo juvenil que debutaba, era objeto del penalti que transformaba José Antonio Arias, tevergano de aporte cualitativo en el medio campo, para el 1-0 contra el Cultural Guarnizo.

El segundo penalti decisivo llegaría mes y medio después. Por entonces, los partidos ante rivales cántabros eran especialmente broncos y el Real Avilés Industrial, cuando ejercía de visitante, solía solicitar árbitro de otras comunidades. Así ocurría en Reinosa, donde el navarro Osorio Martín, después de decretar la pena máxima que Ángel De Miguel convertía en el 0-1 definitivo, terminaba en Urgencias con un orificio por pedrada en la cabeza.

Por trascendencia —no ya solo en el partido, sino en el devenir de la competición— aparecen penaltis como los dos que convirtió Toño Velázquez en la temporada del ascenso a Segunda División, concretamente en Villagarcía de Arosa y Orense; o el del pernambucano Fernando dos Santos, ante el Getafe, importantísimo para no perder comba con la permanencia de 1998.

Dos casos recientes

Por la máxima agonía que impone el cronómetro constan dos cercanos en la memoria: el de Jorge Morcillo (minuto 94), el día del debut de Emilio Cañedo en el banquillo, que tumbaba al Salamanca UDS y determinaba inflexión hacia la estabilidad en el primer año de Segunda RFEF; y el que Javi Cueto transformaba el pasado octubre en Guadalajara para el espectacular 3-4 llegado en el minuto 99.

El Real Avilés Industrial fue a Navarra para, por medio de un intrépido del penalti —Kevin Bautista, en este caso—, consolidar el 0-1: un resultado a domicilio que, pese a lo poco de extravagante que tiene, llevaba casi cuatro años sin festejar.

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