Demoras largas, epílogos alegres: la historia del Avilés con las peleas por la salvación hasta última hora
Vuelve un clásico en la historia del cuadro blanquiazul: la tardanza en conservar la categoría con gran mayoría de finales felices

Los jugadores del Avilés , con miembros del staff y familiares, celebran la permanencia contra el Manchego- / Mara Villamuza
Jorge Valverde
Para el aficionado, el fútbol —su equipo, mejor dicho— va incluido en el apartado de ocio, pero eso es más teoría que realidad. En general, lo que siente es un empate técnico entre la diversión y el sufrimiento. Si la semana previa a un partido del montón ya se le hace larga, qué se va a decir cuando se trata de uno decisivo: “ansia viva”, que diría José Mota en el sketch.
La espera, que todos en Avilés desean que finalice este domingo, más que de una semana, es de un trimestre, desde que a la mayoría le quedó claro el objetivo de conservar la categoría. Una situación como la actual, pendiente de asegurar la permanencia a falta de dos partidos, es tan de sobra conocida por aquí que ya son 16 las veces que el Real Avilés Industrial la experimenta, es decir, la tercera parte de las 43 temporadas que jalonan su historia.
El Avilés y el arte de sufrir por la permanencia
Justo en la mitad de los 16 casos, el desenlace no se produjo hasta el final del último partido. Así ocurrió en la temporada 1983-1984, la de arranque del club. En el desaparecido Manuel Rivera ferrolano, Miguel Espejo tocaba una falta en corto y Tino Rúa, con la zurda, daba el punto necesario (1-1) para mantener la plaza en la Segunda B de dos grupos, lo que ya no fue posible un año después, cuando el equipo, pese a disponer de la más poblada lista de fichajes procedentes del fútbol profesional, certificaba el descenso a falta de dos partidos.
Igual que en 1985, la pérdida de categoría se consumó dos veces más, en 2000 y 2015, tras sendas eliminatorias frente a rivales alicantinos y de municipios limítrofes: Novelda y Eldense. El dato declara que las demoras extremas acabaron bien por abrumadora mayoría, con los lógicos apuros e inquietudes que llevan implícitas, como las dos por vía promocional de 1998 y 2024, ante Zamora y Manchego Ciudad Real.
Salvaciones al límite y descensos dolorosos
La congoja también se sintió en los minutos finales de la liga regular. En 2003, después de que el Alcorcón del avilesino Raúl González, sin jugarse nada en el Suárez Puerta, llegara al descanso con ventaja, la remontada empezaba con una mano del exblanquiazul José Alberto Rodríguez, transformada por Iván Parra desde los once metros, y concluía con el derechazo de Pilo Tonelotto y sus “butifarras” al míster, Fabri González.
Entre los pasajes de mayor rubor que dejó la historia está el de 2009. Los blanquiazules se lo jugaban todo a una carta ante el modestísimo Nalón. A falta de media hora, acechaba el peligro de caer a Preferente, hasta que Héctor Quintanilla, con dos goles, salvaba de la hecatombe a lo poco que ya quedaba del industrialismo.
Del Suárez Puerta a Mareo: permanencias con suspense
Las confabulaciones también aparecen en este tipo de situaciones. En la penúltima jornada de la 2012-2013, a Sporting B y Real Avilés Industrial —le dirigía Juanjo González, ex del Sporting— les valía el empate para llegar al cierre sin preocupaciones. Como se barruntaba, en Mareo hubo pacto de no agresión y lo más que se llegaba a oír era el cántico desde la grada: “¡Que se besen!”.
El colmo de la tardanza en saber qué sería del equipo tuvo lugar entre el 13 de mayo y el 24 de junio de 2018, 42 interminables días en los que el Real Avilés Industrial estuvo virtualmente en Regional Preferente. Después de cerrar la liga con un engañoso 4-1 contra el Mosconia —el igualadino Anselm Pasquina celebraba su 21 cumpleaños con dos goles salvadores—, se evitaba el descenso directo, pero no la salvación total, a expensas de los arrastres. Tocaba depositar toda la esperanza en el ascenso de dos asturianos a Segunda B, un milagro que hicieron posible el Real Oviedo B de Javi Rozada y el Langreo de otro ex, Hernán Pérez, que superaba tres eliminatorias.
La espera, una vieja conocida del Real Avilés
La espera es el arte de la paciencia y, en el caso del Real Avilés Industrial, también del final feliz. A repetir, pues.
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