Avilés respira: el equipo blanquiazul seguirá en Primera Federación
La afición avilesina estalla de alegría al ver a su equipo un año más en Primera Federación: “Berto Cayarga, Santamaría y Kevin Bautista, no hay más”

Aficionados del Avilés celebrando la salvación / Mario Canteli / LNE
En Avilés se jugaba a muchos kilómetros, pero se sufría como si el campo estuviera a la vuelta de la esquina. El Real Avilés tenía en Pontevedra una de esas tardes que no se olvidan. La permanencia en Primera Federación estaba en juego y la ciudad lo sabía. El sueño había durado apenas un año y nadie quería despertarse tan pronto. “No da tiempo ni a disfrutarlo”, resumía Mila López, con esa mezcla de resignación y esperanza que solo se entiende cuando un equipo se mete dentro de la vida de la gente.
Los corazones blanquiazules latían en Pontevedra, sí, pero también en los bares de siempre, en las terrazas, en las pantallas pequeñas y en las conversaciones cruzadas de una tarde con temperatura de playa y alma de final. En el Kfe de Jose, Pablo Antón trataba de sostener el optimismo mientras empezaba a rodar el balón. “Esperamos ganar, aunque va a ser un partido complicado”, decía. Y lo fue. Mucho.
El partido empezó con una alegría temprana para el Avilés, aunque no todos lo celebraron con tranquilidad. “Cuando marca el primero, mal: o acaba goleando o se queda en nada”, advertía Sergio Bermúdez, más por experiencia acumulada que por falta de fe. A su lado, Marco Menéndez compartía jornada futbolera mirando el encuentro en el móvil, porque la televisión del bar emitía todos los partidos de Primera Federación a la vez y tocaba ir cazando, entre pantalla y pantalla, cualquier imagen del equipo avilesino.
Entre una conexión y otra, había tiempo para el análisis de una temporada demasiado larga, demasiado rara y demasiado sufrida. Lo repetían varios aficionados: algo se había roto por el camino. Para David Lorenzo y Adrián de Miguel, que seguían el partido junto a Javier Izquierdo, la clave estaba clara: “El fallo fue echar a Rozada y luego a Dani Vidal”. Los tres veían el encuentro a la sombra, porque “hoy está para playa”, admitían, aunque no tanto como para perderse al Avilés. No habían viajado a Pontevedra por una razón tan sencilla como comprensible: “Ha sido una semana dura en la universidad para los tres”.
También estaba Enzo Eduarte, con cuatro años, trompeta y camiseta del equipo como uniforme del día. Veía el partido a ratos, entendiendo a medias qué estaba ocurriendo, pero sabiendo lo importante: que los suyos estaban jugando algo importante. Hay aficiones que se heredan así, sin explicarlas demasiado.
En las conversaciones aparecía también Isi Ros, que no fue precisamente uno de los nombres más aclamados de la tarde. A medida que avanzaba el partido y tras su expulsión crecían los reproches.
El empate que hizo temblar a Avilés
Donde la tarde se convirtió directamente en una montaña rusa fue en el Syrah, punto de reunión habitual de buena parte de la hinchada blanquiazul. Allí, los últimos minutos fueron un ejercicio de resistencia emocional. El Avilés tenía la permanencia en la mano, pero el fútbol, que nunca deja las cosas tranquilas, todavía guardaba una última sacudida. Ya en el añadido, el Pontevedra marcó el 2-2 y el susto recorrió Avilés de barra en barra. “¡Calma, vale el empate!”, pero eso no se reflejaba en las voces de quien lo gritaba y ese gol hizo temblar hasta a los más serenos.
El pitido cerró el sufrimiento y el Syrah respiró, pero con el susto en el cuerpo. Iván Carretero apuntaba directamente al banquillo como uno de los grandes problemas del curso. “Lo que ha fallado es el entrenador. No se puede cambiar tres veces en un año. En cuanto al equipo, considero que sí hay plantilla”, defendía. En una línea parecida, aunque mirando ya al futuro, Álex Rodríguez elevaba la exigencia: “Nos hemos salvado, pero para el año que viene no nos valdrá otra cosa que no sea optar al play-off. Creo que hay que cambiar la defensa; este año tuvimos muchos fallos defensivos”.
Jorge Tobal, dueño del local, lo celebraba con el cansancio de quien ha vivido noventa minutos y pico como si hubiera corrido todos los kilómetros. “Por fin podemos celebrar. Ha sido bastante sufrido. Se nos puso de cara al principio, pero el punto nos vale a los dos equipos. El descuento fue muy duro, aunque ya habíamos tenido finales casi tan largas como esta. Pero lo de hoy…”, decía, dejando la frase en el aire. También miraba al mañana: “Entiendo que ahora la estructura se tambalea un poco. Veremos si hay continuidad con este míster o no”.
Los nombres propios de la salvación
La euforia, en cambio, tenía nombre propio para Raúl Fernández, que no dudaba en señalar a los salvadores del Avilés: “Berto Cayarga, Santamaría y Kevin Bautista, no hay más”. Luego, ya lanzado por la felicidad del momento, añadió la petición que mejor resumía el alivio colectivo: “Una estatua para ellos el año que viene”.
La tarde terminó así, con un empate, una permanencia y muchas cosas por arreglar. Pero también con una certeza: Avilés seguirá teniendo fútbol de Primera Federación. Y en una ciudad que sufrió desde lejos como si estuviera pegada al césped, eso bastó para volver a casa con una sonrisa. A veces salvarse no es celebrar un gran título, sino conservar un sueño un año más.
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