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Babin y los otros intocables: los números que avalan su continuidad en el Avilés Industrial

El defensa central es el octavo jugador a lo largo de la historia del Real Avilés Industrial que disputa todos los partidos de un campeonato liguero

Babin, ante el director deportivo, del Avilés, en La Toba.

Babin, ante el director deportivo, del Avilés, en La Toba. / Luisma Murias / LNE

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Jorge Valverde

Jorge Valverde

Avilés

Hace casi 40 años –tercera semana de octubre de 1986–, mientras Brian De Palma rodaba con su equipazo –Sean Connery, Kevin Costner, Andy García…– una de las escenas más reconocibles de "Los Intocables de Eliot Ness", la del tiroteo del Hardy, puente sobre el Missouri, en el corazón del estado de Montana, Jean-Sylvain Babin nacía en el materno de Corbeil-Essonnes, a 40 kilómetros al sur de la Torre Eiffel. A diferencia de aquellas estrellas del celuloide, el central no ejerce con subfusiles y recortadas contra las fuerzas del hampa, pero también se ha ganado lo de intocable a su manera, la de no faltar a ninguna cita en liga.

Lo que acaba de conseguir el zaguero francés es registro que solo establecieron ocho (tres son guardametas) de los más de seiscientos jugadores que vistieron la blanquiazul en partidos de liga. El primero fue Juan Carlos Pérez, el arquero (Fafilán, Corvera, 1955) que decidió retirarse inmediatamente después de culminar de forma omnipresente la 3ª División 1985-1986, a las órdenes de José Ramón Fuertes, uno de aquellos entrenadores que respondían al perfil de "sargento de hierro" o "míster látigo".

Otros dos guardametas emularon al corverano. Por un lado, Esteban Andrés, incuestionable para José Luis Quirós en la recordada Liga 1995-1996, tras la que se rozó el ascenso a Segunda; y por otro, José Ángel Cerro, titularísimo para los tres entrenadores –Neme Martín, Carlos García Cuervo, Florentino Angulo– de la 1992-1993, primera de la Sociedad Anónima Deportiva. En su caso, el portero salmantino se perdía un puñado de minutos por sendas expulsiones, lo que quiere decir que en aquellos tiempos ni siquiera la recepción de tarjeta roja era, por defecto, motivo de sanción.

En la 1987-1988, cuando el equipo recuperaba plaza en 2ª División B, Juan Calvo y Toño Velázquez, interior derecho y extremo izquierdo, respectivamente, eran alineados por Raúl González de forma ininterrumpida. Velázquez coronaba aquella liga como el primer blanquiazul capaz de superar la barrera de los veinte goles, algo que solo han logrado otros cinco jugadores en la historia industrialista.

Precedente llamativo es el del vigués Luismi Rincón, interior de llegada que, si bien era el séptimo en el ranking de utilizados por Pablo Lago en la Liga 2016-2017, disponía de minutos en todas las jornadas de aquel ejercicio previo a la bochornosa hecatombe institucional de la duplicidad de directivas, cuerpos técnicos y plantillas.

Aparte de todos estos ejemplos de intocables se halla el de Iñaqui Marigil, que puede definirse como "de otra liga", insuperable en los tiempos que corren de nuevo orden futbolero, de árbitros más proclives a tirar de tarjeta, de más exigencia física, de sustituciones a tutiplén… El polivalente en retaguardia no atesoró todos los minutos en liga ni una ni dos veces, sino tres y con entrenadores diversos. Raúl González (1988-1989), Vicente González-Villamil (1990-1991) y el ya citado trío Neme - García Cuervo - Angulo (1992-1993) nunca se vieron en la necesidad de plantear mínima alternativa a la presencia de Marigil.

A nivel de fútbol avilesino, para encontrar caso análogo en un jugador de campo hay que remontarse al Ensidesa setentero. Entre las ligas 1972-1973 y 1975-1976, ambas inclusive, el vallecano Goyo Esteban establecía el descomunal récord de permanecer en el terreno de juego durante el 100% del tiempo, 152 partidos o, dicho de otra manera, 13.680 minutos netos. A lo largo de sus siete campañas como jugador del Ensidesa, Esteban fue capaz de estar presente en el 96% del total de partidos disputados por el cuadro granate.

Ahora, mientras Juan Silvano –pronto llevará en España tanto como en su país– amenaza con seguir en activo, entra en el selecto grupo de los indiscutibles. De hecho, sus números avalan su renovación en el Avilés, que está sobre la mesa. Además, lo hace con 39 años, 7 meses y 9 días, edad que tenía en la bocanada de oxígeno de Pontevedra y mismo tiempo transcurrido desde el tiroteo de los otros intocables.

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