17 de enero de 2017
17.01.2017

Luces y sombras

El Oviedo, que rozó el descenso al inicio y se situó segundo en noviembre, cierra la primera vuelta en la zona templada

17.01.2017 | 01:35

Preguntado por el balance del Oviedo en la primera vuelta de la competición, Hierro hizo una pausa para repasar mentalmente todo lo vivido. No debe resultar sencillo resumir un periodo tan variable, con sus virtudes y defectos, en una simple reflexión de sala de prensa. El técnico optó por la visión más amable del asunto: "Hago un buen balance, para mí es positivo. Estamos en el sitio justo, en una buena situación para afrontar la segunda vuelta". El entrenador prefirió no entrar en detalles, en un análisis más profundo de una parte de la competición que deja sensaciones contradictorias. Las mismas que refleja la trayectoria: el equipo rozó el descenso al inicio de la competición, se situó segundo en noviembre tras la mejor racha del curso y finaliza el primer tramo en el décimo puesto, en la zona templada. La montaña rusa de resultados en la que se ha instalado el equipo también tiene reflejo en las sensaciones.

Un inicio con dudas. Fernando Hierro entró en el club brío, hablando de un Oviedo protagonista con la pelota, ofensivo. Pero la realidad inicial se encargó de darle la espalda. Al equipo le costó zambullirse en la competición. Perdió en Valladolid, lo arregló ganando al Almería y empató en Mallorca en un duelo que no dejó satisfecho a su entrenador. "El partido tiene una lectura fácil: Nos superaron", resumió. Las dudas crecieron: empate ante el Mirandés en el Tartiere y derrota dolorosa en Getafe. El Reus hurgó en la herida en la sexta jornada, ganando en la última jugada del choque (0-1). El Oviedo se quedaba el 18º, con cinco puntos después de seis partidos y las posiciones de descenso como seria amenaza.

El despegue del Carranza. Hasta entonces, Hierro había empleado un 4-2-3-1 que se atascaba con la pelota. Defendía con orden la mayor parte del tiempo pero le costaba crear. El entrenador no daba con la tecla. Pero apareció el escenario mágico, el Carranza, la plaza que supuso el regreso al fútbol profesional. Hierro introdujo variaciones en su libreta: un 4-1-4-1 que agrupaba a los futbolistas. Así ganó confianza. El Oviedo ganó con autoridad en Cádiz (0-2) y tras empatar con el Numancia (2-2) logró otra victoria de prestigia ante el favorito Rayo (2-0). La racha gozó de continuidad: 0-0 en Girona, victoria ante el Tenerife (2-0) y triunfo en Murcia contra el UCAM (0-1). Para entonces, la solidez defensiva ya se había convertido en la seña de identidad. El equipo defendía con solvencia, a veces se echaba muy atrás pero incluso así parecía cómodo. El juego presentaba algunos problemas, pero Juan Carlos vivía los partidos con tranquilidad.

El premio llegó en la jornada 13.ª Un animado Lugo se adelantó pero en la segunda parte, los de Hierro mostraron su mejor cara. Intensos, agresivos, con profundidad? El equipo arrinconó a los gallegos y logró empatar al final (1-1). El punto era de oro: el equipo se situaba segundo, en posición de ascenso. No estaba tan cerca de Primera desde 2001. Esa semana fue de celebración. Pero el futuro inmediato se encargaría de aguar la fiesta.

Desmayos a domicilio. El Oviedo se presentó en Huesca luciendo clasificación. Y se llevó un guantazo. 3-0 al descanso, 4-0 al final. Todas las virtudes defensivas mostradas en anteriores semanas desaparecieron. Hierro habló de accidente aislado y su teoría ganó peso a los 7 días, cuando el Oviedo derrotó (2-0) al todopoderoso Levante, líder intratable de la Liga. Esa victoria, la más prestigiosa de la competición, fue un oasis en el desierto. Los azules cayeron en la siguiente salida con estruendo, 5-1 en Alcorcón, y Hierro estalló. "Sin alma es imposible", se lamentó. Los azules ganaron al Nàstic (1-0), colista, y cayeron en Zaragoza con honor: 2-1. El cierre del año, ante el Córdoba, supuso un duro revés: derrota 1-2 y vacaciones navideñas fuera de play-off. El oviedismo se comió las uvas en el 12.º puesto.

El equipo se comportaba de una manera tímida, atemorizado en el campo. En todo momento, Hierro lo trató como una cuestión anímica antes que futbolística. El parón parecía oportuno para regresar con fuerzas pero el estreno de 2017 fue desastroso: 5-3 en Sevilla en un duelo que destapó las heridas del pasado. El entrenador acudió a la sala de prensa por voluntad propia tras la derrota. Pidió líderes e instó a mirar hacia adelante. Los mensajes calaron y un nuevo cambio de sistema también. Hierro estrenó 4-4-2 ante el Elche y el equipo volvió a la buena senda: victoria 2-1. El Oviedo cierra así la primera vuelta en la zona templada, es décimo, con un jugoso colchón de siete puntos sobre el descenso y a dos del play-off.

El Oviedo que viene. El futuro está lleno de incógnitas. El 4-4-2 parece una solución acertada si se trata de disimular los problemas del equipo en la construcción. Además, el sistema premia la voracidad de los delanteros, el arma más fiable de esta plantilla. Hierro inicia la segunda vuelta con la certeza de que su Oviedo se ha sentido más cómodo cuando no le ha tocado ser protagonista, cuando ha cedido la pelota al rival.

Pero el mercado de invierno amenaza con condicionar cualquier análisis. La llegada de Berjón ha demostrado que la plantilla es mejorable. Con al menos un par de refuerzos por llegar, Hierro estará en condiciones de estudiar qué sistema de juego se adapta mejor a su plantilla. El objetivo ya no lo oculta nadie: el Oviedo quiere jugar el play-off.

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