08 de enero de 2019
08.01.2019

El Oviedo supo sufrir al final y encontró premio en un córner

08.01.2019 | 00:58

Yeboah le dio continuidad al ataque rojillo con un latizago que buscaba la escuadra. Champagne apareció para despejar lo justo con las yemas. No es que el Numancia asediara la meta azul, pero sí que disfrutaba de ocasiones por oleadas. Al Oviedo le quedó el recurso a la contra, bien empleado en esta ocasión. El ala derecha fue la vía de aceleración de los azules. Pero la opción más clara, a los 22 minutos, volvió a ser del Numancia. Guillermo cabeceó en el área un centro preciso de Alain y Champagne evitó con el pie, gesto de portero de balonmano, la celebración local.

La propuesta del Numancia se fue apagando a medida que Folch y Tejera empezaron a salir de la cueva. Los dos pivotes, centro de gravedad del equipo, encontraron más espacios con el paso de los minutos. A un escenario propicio para el Oviedo contribuyó el público soriano, excesivamente crítico con el juego de los suyos. A cada pase atrás le siguió un murmullo; a cada mala entrega, una airada protesta. El choque alcanzó el descanso con calma, con dos roles definidos y la sensación de que solo la inspiración individual rompía el tibio dominio local. Pero lo que sucedió tras el intermedio fue otra cosa. Un choque trepidante, de alternativas y pólvora. Sobre todo, pólvora.

Se vio cuando, minuto 49, Yeboah irrumpió en el área con estruendo. Retó a un blando Javi Hernández y le superó. No apareció cobertura alguna y Champagne tampoco estuvo acertado en la lectura. El ex del Oviedo chutó con la puntera y el balón entró por el hueco que el meta había cedido. Los de Anquela reaccionaron con entereza sacando un córner en una contra de Bárcenas. Centró Tejera y Carlos Hernández cabeceó, escena repetida el curso pasado, a la red. El 1-2, síntoma de equipo que no se resquebraja. Pero tampoco lo hizo el Numancia que encontró, minuto 53, a Diamanka entre líneas. El pivote se zafó de Folch con un túnel, avanzó y chutó abajo, pegado al poste, directo a la red. Tres goles en seis minutos para el 2-2. Partido que iba camino de desarrollarse a cañonazos.

En apenas un suspiro, un terremoto de goles había sacudido el partido. Complicada labor la de sacar conclusiones cuando un choque se rompe de esa manera, pero quedaba la sensación de viejos errores que vuelven. De que el Numancia no había necesitado tanto para encontrar el doble premio. Ni a Yeboah ni a Diamanka se les acosó en sus intentos al gol. Viejos vicios que no desaparecen.

Anquela intentó cambiar algunas cosas con los relevos desde el banquillo, ya con Joselu buscando huecos a los que correr. El Numancia intensificó su dominio, instalándose en terreno de juego del Oviedo. Mateu estuvo cerca de adelantar a los suyos en un centro envenenado y el Oviedo no supo leer un par de contras cuando encontró espacios que invadir. Un zurdazo de Joselu al centro fue el argumento de más peso, pobre en todo caso, en el tramo de dominio del Numancia. Porque el final sí se pareció a un asedio local, con el Oviedo replegado, casi entregado. Pero no rendido.

El minuto 90 concedió una oportunidad para creer. Y los azules se agarraron a ella con la fuerza del mayor creyente. Centró Omar Ramos, peinó Carlos Hernández y cabeceó a gol Christian Fernández. Tampoco hay que evitarle los méritos a Anquela en el desenlace: las jugadas a balón parado siempre suelen estar en su repertorio.

El gesto en la celebración del gol de Christian resume el sentir. Donde no había llegado el fútbol sí lo había hecho el coraje. El tanto da aire al Oviedo e invita a crecer desde una cómoda décima posición, lejos de la zona de problemas, donde los asuntos siempre se debaten con mayor tranquilidad.

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