21 de enero de 2019
21.01.2019
Extremadura 02Real Oviedo

El Oviedo luce músculo

Los azules, en uno de sus partidos más serios del curso, demuestran con el 0-2 en Almendralejo que en este 2019 van en serio

21.01.2019 | 00:52
El Oviedo luce músculo
El Oviedo luce músculo

Anquela ajustó un par de detalles para la visita a Almendralejo. Por dentro, le puso armadura al equipo. Ya había advertido en la previa que el duelo ante el Extremadura llamaba al músculo. Por fuera, buscó la chispa, la profundidad. Carlos Martínez, que respondió a las alabanzas del técnico con su mejor actuación del curso, se hizo una parcela en la derecha y Bárcenas, que partía de la izquierda, se movió por donde quiso. Dos estilos para dañar al rival. El resultado de los ajustes sirvió para montar un Oviedo robusto y eléctrico. Un equipo de dos velocidades: pausado en defensa, inquieto en ataque. El 0-2 de Almendralejo confirma que 2019 ha despertado con la mejor versión azul. Lo que persigue Anquela se parece bastante a lo que ayer se vio en el Francisco de la Hera.

Desde el primer momento se intuía que al Oviedo no le incomodaba el escenario. Con Johannesson como improvisado extremo, Bárcenas se prestó desde el principio a monopolizar el ataque azul. La banda izquierda pesó más en el campo rival. A los dos minutos se vio el primer ejemplo. Bárcenas puso la pausa; Mossa, la aceleración. A su centro no llegó Johannesson por poco. A los 7, el Oviedo le dio continuidad. El barullo en el área local cayó a pies de Mossa, más potencia que precisión, que erró el disparo. Zarfino puso la réplica a los 12 minutos en un cabezazo en un córner, avisando de que los locales tenían esperanzas en las jugadas a balón parado.

Para entonces, superado el cuarto de hora, había quedado claro que no era un partido para paladares exquisitos. El Oviedo había salido a Francisco de la Hera dispuesto a la batalla frontal. Jugar al Extremadura con sus armas tiene sus riesgos, pero los de Anquela parecían marcar el ritmo. Sin la pelota, orden. Con ella, buscar las alas y que la pelota fuera al área.

El Oviedo dio su golpe en una jugada que resume perfectamente en lo que se había convertido el duelo: una guerra de guerrillas. El rechace de un córner acabó llegando a los pies de Johannesson, que libraba. Parecía más una invitación a las complicaciones que otra cosa. Por eso Diegui dejó la sutileza al margen y trató de acercarla al área. Sin más pretensión que alejar los problemas. Tras la enésima disputa, la pelota cayó en dominios de Bárcenas que centró con la fuerza exacta al segundo palo. Carlos Hernández, que había montado allí su campamento base, cabeceó a puerta y Joselu, instinto el suyo, empujó a la red. El ariete lo celebró con un suspiro de alivio. Los delanteros, adictos al gol. El gol premiaba la actitud del Oviedo antes que su fútbol.

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