09 de octubre de 2019
09.10.2019

69 fichajes, un ascenso y una meta sin alcanzar

Con siete técnicos fichados, a Del Olmo le ha faltado continuidad

09.10.2019 | 00:57

Joaquín del Olmo fue el encargado de fichar a Olmes, Alanís u Owusu. También el que fichó a Linares, Berjón u Ortuño. Bajo el mandato del mexicano se acabó el ciclo de Esteban en el Oviedo antes de lo que deseaba el meta. También fue el que facilitó a Michu el regreso al club de su vida. Del Olmo ascendió al equipo a Segunda. Ahora se va dejándolo último, en posición de descenso a Segunda B. La gestión deportiva del emisario de Carso durante algo más del último lustro se salda con nubes y claros, con la sensación de que no ha encontrado una línea de trabajo tras el ansiado ascenso y que al final ha sido víctima de la magnitud de una empresa, gestionar un club tan especial como el Oviedo, que ha terminado por devorarlo.

Con el apartado económico asegurado bajo el manto de Carso (aunque con algunas nubes en la gestión diaria como muestran los déficits presentados en las cuentas en los últimos años), al asesor le ha correspondido este periodo ser la cara más reconocible del proyecto deportivo. En sus 5 años y 9 meses en el Oviedo deja como mejor legado el regreso al fútbol profesional, aunque con la inquietud de una temporada pésima en su inicio, y un sinfín de nombres firmados con la promesa de una mejora que no ha llegado en la exigente Segunda División.

El Oviedo ha incorporado durante su mandato a 69 futbolistas. Ha variado de estrategia cada temporada: de fichajes ambiciosos en el año del ascenso a refuerzos puntuales este curso; de mercado internacional en el primer año de Anquela a la apuesta nacional posterior; de jugadores contrastados en sus primeros años a dar paso a los jóvenes ahora. Se ha echado en falta una línea de continuidad. También se percibe en los banquillos, con 7 entrenadores: Carlos Granero, Roberto Robles, Sergio Egea -en dos ocasiones-, David Generelo, Fernando Hierro, Juan Antonio Anquela y Javi Rozada.

El salto al fútbol profesional en una temporada redonda, con la ayuda de Carmelo del Pozo en los despachos, le dio ese poso de tranquilidad para afrontar nuevos retos. Fue entonces, con el paso al primer plano, cuando el mexicano pronunció sentencias que la afición le ha echado en cara: Ese "no saben de los que es capaz mi jefe" que hizo albergar esperanzas a los azules de un futuro inmediato en Primera codeándose con los grandes.

El estancamiento en Segunda, con el play-off a tiro de piedra en demasiadas ocasiones, y esa sensación de que el proyecto se ha ido desinflando con el paso de las temporadas hasta la alarmante situación actual es su cuenta pendiente. No ha logrado la meta con la que soñaba el oviedismo: devolver al equipo a Primera División.

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